Los más ricos de México bajo escrutinio

En México se acepta, incluso se espera, que el éxito se traduzca en lujosos estilos de vida, mismos que refleja el trabajo fotográfico de Daniela Rossell
Los retratos de Daniela Rossell muestran un mundo exclusivo en donde las damas elegantes matan el tiempo vestidas con sus ropas de diseñador en sus mansiones kitsch
Los retratos de Daniela Rossell muestran un mundo exclusivo en donde las damas elegantes matan el tiempo vestidas con sus ropas de diseñador en sus mansiones kitsch (Foto: Extracto del libro Rich and Famous de Danela Rossell)

México es el hogar del descaro a gran escala. Los 16 multimillonarios del país tienen una riqueza combinada de 144 mil 500 millones de dólares, según la lista de los multimillonarios del mundo de la revista Forbes, lo que representa alrededor de 11.5% del producto interno bruto del país.

Algunos de los ricos del país, como Carlos Slim, el hombre más adinerado de México, son modestos. Si bien el magnate de telecomunicaciones construyó un museo para albergar su colección de arte, que incluye numerosas esculturas de Rodin, vive sin ostentaciones. Un banquero lo recuerda pidiendo pollo y papas fritas durante una larga reunión, en lugar de salir a un restaurante caro.

Pero para los ricos, hacer alarde de su riqueza es algo totalmente natural en un país al que le gusta lo ostentoso, como lo capturó a la perfección la fotógrafa mexicana Daniela Rossell en su libro los Ricos y Famosos. Sus retratos, que tomó entre 1994 y 2001, muestran un mundo exclusivo en donde las damas elegantes matan el tiempo vestidas con sus ropas de diseñador en sus mansiones kitsch, aparentemente ajenas a la forma como una opulencia tan exagerada se puede percibir en el mundo exterior. Un tuit sobre el libro señala agriamente: “Es un poco viejo ahora, pero dudo mucho que haya cambiado”.

En realidad, no lo ha hecho. Al parecer en México se acepta, incluso se espera, que el éxito se traduzca en lujosos estilos de vida. En esta economía emergente de ingresos medios, donde 52% de la población vive en la pobreza, la vida de los ricos se facilita con un ejército de personal, casas en la playa y campestres y viajes de compras al extranjero. “Es como Miami, pero sólo que más barato”, dice un consultor bien conectado.

Con tanta presunción, los ricos pueden estar expuestos a robos o secuestros, así que los helicópteros privados zumban sobre la Ciudad de México todos los días. Los jóvenes mimados, los mirreyes (los hijos de los ricos), se van de fiesta en limusinas y a clubes exclusivos. Los más jóvenes que no estudian en Estados Unidos o Europa tienen un chofer que los lleva de ida y vuelta a la escuela, algunas veces con guardaespaldas armados. No es algo raro que a los adolescentes les regalen un coche de cumpleaños.

Pero lo que es objeto de un escrutinio cada vez mayor es la cultura del privilegio que parece que todavía rodea a los políticos ricos y poderosos de México.

Un escándalo que involucra un conflicto de interés a través de una lujosa mansión que se construyó para la familia presidencial, y que pagó una constructora favorecida por el gobierno, recientemente lo sumergió en el caos. Las campanas de alarma sonaron cuando se supo que el contratista participó junto con un consorcio con vínculos con empresarios chinos que ganaron un contrato lucrativo para un tren de alta velocidad después de presentar la única oferta.

El presidente Enrique Peña Nieto desechó el contrato poco antes de que estallara el escándalo de la mansión, pero más tarde se supo que el secretario de Hacienda le compró una casa al mismo contratista. Más atroz fue el espectáculo de la primera dama, Angélica Rivera, una ex estrella de telenovelas, que tuvo que justificar sus ingresos y preferencias de propiedad. Magullada por el encuentro, se comprometió a vender sus derechos de la casa.

Está claro que no es un mensaje fácil de tragar para la élite política. Cuando se le preguntó recientemente si la casa en realidad se vendió, la reacción de un alto funcionario del gobierno fue particularmente revelador: como Rivera no tiene un puesto oficial, dijo, no tiene ninguna obligación de dar la información. Sus comentarios se parafrasearon rápidamente por un colega en un compromiso para ofrecer una actualización en su debido momento.

Tampoco hace alarde de riqueza el dominio del Partido Revolucionario Institucional (PRI) de Peña Nieto. Un candidato a gobernador declaró 61 propiedades y otro 39, lo que llevó a llamados de la oposición para una aclaración. Jorge Luis Preciado, del Partido Acción Nacional (PAN) candidato a gobernador de Colima en el occidente de México, criticó a sus rivales durante un debate de campaña por utilizar una “máscara de honestidad” antes de ponerse la famosa máscara azul de un luchador de lucha libre mexicana y de comprometerse a combatir la corrupción y el abuso de la autoridad. Su maniobra publicitaria fue desestimada por el candidato del PRI, quien a su vez cuestionó la fuente de la riqueza personal de su rival.