¿Los mercados emergentes funcionan?

El término no puede englobar a economías tan dispares como China, México y Perú, por lo que los analistas buscan un nuevo modelo.
En términos de la paridad del poder adquisitivo, China es la economía más grande del mundo y se le clasifica como emergente.
En términos de la paridad del poder adquisitivo, China es la economía más grande del mundo y se le clasifica como emergente. (Foto: Shutterstock)

Cuando Matteo Ricci, misionero jesuita italiano del siglo XVI, viajó a China para ganar adeptos a su fe, encontró que sus mapas europeos -que mostraban a China relegada a los márgenes cartográficos- le impidieron llegar con sus anfitriones. Así que hizo el mapa de nuevo. El resultado fue el mapa mundial de 1602 que ubicó a China en su centro.

Las revisiones de Ricci se hicieron en grabados en madera y papel. Ahora, los analistas dicen, es el mapa mental del mundo el que necesita desesperadamente un cambio, sobre todo cuando se trata de la práctica de clasificar a los países como mercados “emergentes” o “desarrollados”.

La actual jerarquía económica, que ubica a los países emergentes en la periferia, y a los desarrollados en el centro de los asuntos mundiales, ya no describe con precisión un mundo en donde los países de mercados emergentes contribuyen con mayor participación del producto interno bruto (PIB) mundial que sus contrapartes desarrollados, cuando se mide por la paridad del poder adquisitivo. Tampoco la categoría de capacidad, que agrupa a países con fortalezas económicas diversas como China y la República Checa, sirven para iluminar diferentes realidades entre estas naciones.

“El término de 'mercados emergentes' superó su utilidad”, dice Michael Power, estratega de Investec, una compañía de gestión de fondos. “El término hoy en día abarca a (países) grandes y pequeños, desarrollados y subdesarrollados, industrializados y agrícolas, con base en la manufactura y en las materias primas, ricos y pobres, con déficits y con superávits, y puedo seguir”, agrega. La cuestión no sólo son las sutilezas de simetría y orden. Mercados emergentes es una de las definiciones más poderosas del mundo, con una inversión estimada de 10.3 millones de millones de dólares (mdd) en sus mercados financieros a través de índices de acciones y bonos. Estos índices abarcan una colección de activos incongruentes que informan mal a inversionistas y potencialmente reducen los rendimientos de las instituciones financieras.

El término también constituye uno de los principios de organización para las bases de datos globales y un punto de partida de análisis para los que buscan comprender las tendencias económicas, ambientales, sociales y de otro tipo, que dan forma al mundo. Pero esto, dicen analistas, genera percepciones erróneas y argumentos confusos que impactan la eficiencia de la gobernanza mundial.

Algunos analistas proponen alternativas para la definición, buscan identificar los principios de clasificación y las dinámicas compartidas entre los grupos de países en desarrollo. Esto, esperan, permitirá evaluar con mayor precisión el equilibrio de riesgos y oportunidades en grandes partes del mundo.

¿Qué hay en un nombre?

En su creación, “mercado emergente” no se diseñó como una definición con criterios específicos. Antoine van Agtmael, entonces un economista de la Corporación Financiera Internacional, acuñó la división del sector privado del Banco Mundial como eslogan de mercadotecnia en los 80 años. 

El atractivo era aspiracional. Los países conocidos como “menos desarrollados” o “tercer mundo” se empaparon con la promesa de que podrían ir hacia algo mejor.

Desde entonces el éxito del término generó varios intentos por llegar a una serie de características concretas comúnmente reconocidas. La consecuencia involuntaria fue que diferentes organizaciones como el Fondo Monetario Internacional, la ONU y los proveedores de índices financieros como MSCI, JPMorgan y FTSE usaron un montón de criterios contradictorios para categorizar los mercados emergentes.

Para sumar más confusión, el término a veces se utiliza para describir los mercados de valores, de bonos o de divisas en los países en desarrollo y otras veces para describir a los países.

Diferentes criterios hacen un mundo de diferencia. El índice bursátil MSCI identifica 23 países con mercados emergentes y ubica a 28 en la categoría de “frontera de mercados emergentes”. Por el contrario, el FMI define a 152 “economías emergentes y en desarrollo”.

Incluso cuando se aceptan las clasificaciones vigentes, a menudo no queda claro por qué a un país se le otorga estatus de emergente y a otro de desarrollado. Chile tiene una economía más grande, una mayor población, menos deuda y menor desempleo que Portugal, pero se clasifica como emergente, mientras que el país europeo es desarrollado.

Algunos juicios dependen de quien clasifica y, cada vez más, la sensación de que las naciones emergentes toman un liderazgo en asuntos internacionales del llamado mundo desarrollado también está bajo análisis. En algunos sentidos, las economías emergentes ya tienen poder. Cuando se calcula la paridad del poder adquisitivo, que toma en cuenta los tipos de cambio, los países desarrollados representan 39% del PIB mundial, en comparación con 54% en 2004.

Los mercados desarrollados también son más débiles, en su totalidad, cuando se trata del tamaño de sus reservas de divisas. Los mercados desarrollados tienen 3.97 millones de mdd, en comparación con 7.52 millones de mdd de los países en desarrollo, según datos del FMI.

Esto lleva a la curiosa situación donde los países emergentes, que necesitan invertir sus reservas en enormes mercados líquidos de deuda, terminaron financiando años de exceso de déficit en los países desarrollados. China fue el mayor comprador extranjero de deuda del Tesoro de Estados Unidos por seis años hasta inicios de 2015.

Sree Ramaswamy, uno de los socios principales de McKinsey Global Institute, dice que los determinantes clave del dinamismo económico de un país y la resistencia a menudo se reducen a “la estructura económica, la dinámica industrial, el panorama corporativo y el papel del gobierno o composición social y política”.

“La inversión de capital representa 20% del PIB en México, pero 45% en China. El consumo familiar representa 50% del PIB en Corea del Sur y 70% en Turquía”, dice Ramaswamy. “Las poblaciones de China y la India son similares en tamaño, pero sus tendencias demográficas son distintas. Al igual que el panorama corporativo: 60% del ingreso corporativo en América Latina lo tienen empresas familiares, en la India es 50% y en China 30%”.

China rompe el molde

Para muchos, el problema de clasificar a China desata el dilema de los mercados emergentes. En términos de la paridad del poder adquisitivo China es la economía más grande del mundo y se le clasifica como emergente. El país tiene una tasa de alfabetismo de 96%, más vías férreas de alta velocidad que todos los demás países juntos y más estudiantes universitarios que cualquier otro país.

Su mercado de valores de casi 8 millones de mdd es el segundo más grande del mundo después del de EU, y su mercado nacional de bonos de 5.5 millones de mdd es el tercero del mundo después de EU y Japón. No obstante, sus acciones nacionales -sin contar las que cotizan en Hong Kong- y sus bonos sólo se presentan de forma marginal en el índice MSCI EM Index y en el JPMorgan EMBI+, los principales índices de acciones y bonos.

Como resultado, gran parte de la oportunidad de inversión y el riesgo que representan los activos chinos sigue secuestrado de los inversionistas internacionales. En junio, el MSCI decidió no incluir el mercado de valores de acciones A de China en el índice debido a preocupaciones de gobierno.

La inclusión en un índice puede parecer un detalle relativamente menor, pero, esos índices guardan enorme poder financiero. La competencia de los gestores de fondos se evalúa por su capacidad -o las fallas- de generar rendimientos que superen los índices dominantes en sus clases de activos. Esto se traduce en la tendencia de toda la industria de comprar acciones o bonos dentro de un índice, así reducen el riesgo de que un gestor pueda tener un menor desempeño.

Si solo entrara una pequeña parte de los enormes mercados de acciones y bonos chinos en los índices de mercados emergentes crearía un terremoto financiero que obligaría a los gestores de fondos con ambiciones a igualar el desempeño del índice a llenarlo de activos chinos.

La mezcla de activos de inversión de los índices de mercados emergentes que van desde “basura” hasta la alta calidad, hace que los inversionistas no puedan evaluar adecuadamente el riesgo y los disuade de invertir”, dice Peter Marber, gestor de fondos de Loomis Sayles.

Estas contradicciones amenazan con llevar al término de mercados emergentes al basurero. Si sigue a los términos como “tercer mundo” hacia una extinción virtual, su pérdida generará la pregunta de cuál -si es que hay uno- debe reemplazarlo.

América Latina, ¿un mercado emergente o que se sumerge? 

Ya pasaron 34 años desde que un miembro del personal del Banco Mundial acuñó por primera vez la frase “mercados emergentes”. Siguiendo la métrica al preguntar ¿cómo le va a América Latina? La respuesta, tristemente, es no tan bien. Algunos países, como revelan las gráficas se quedaron atrás, otros no fueron a ninguna parte, y unos sí avanzaron. Por John Paul Rathbone

Los que se sumergen. El país que más cae es Venezuela, a pesar de tener la bendición o la maldición de su inmensa riqueza petrolera. Le sigue Argentina, que algunos pueden decir es el equivalente agrícola de un pozo petrolero.

Las políticas de derroche dejaron vulnerables a los dos países para caídas adicionales. El pronóstico de consenso predice que la economía venezolana se contraerá 6 por ciento este año, y otro 2.5 por ciento en 2016.


Los que flotan. Son los que vieron poco cambio en la riqueza relativa de su población y los más grandes: México y Brasil.

México esencialmente pasó en el costado los últimos 30 años. El por qué, es uno de los misterios. La respuesta corta: el énfasis que puso México en la estabilidad macroeconómica no se tradujo en una mayor productividad. Brasil lo hizo un poco mejor. Disfrutó de un auge en los 2000, pero como muestra el escándalo de corrupción de Petrobras, el auge se administró mal. El país ahora sufre una dolorosa recesión.

Los que emergen. Entre estos se encuentran Colombia y Perú, los dos emergieron lenta pero constantemente los últimos 30 años, y Uruguay, que se montó en el auge de materias primas. Chile es el que mantiene el mejor desempeño. Junto con Uruguay, es el único país latinoamericano que disfruta de un PIB per cápita más alto del que tenía hace 30 años.

*La gráfica señala el PIB per cápita en América Latina, sobre una base de poder adquisitivo, como porcentaje del PIB per cápita de Estados Unidos. Fuente: FMI