El escape del Chapo ¿afecta la actividad petrolera?

La huida de uno de los capos más importantes de la droga deja una impresión amarga de los niveles de corrupción en el México moderno
Joaquín Guzmán Loera "El Chapo" Guzmán, fue capturado en febrero de 2014, después de escaparse del penal de Puente Grande en 2001. El 11 de julio de 2015 volvió a fugarse, ahora del penal del Altiplano.
Joaquín Guzmán Loera "El Chapo" Guzmán, fue capturado en febrero de 2014, después de escaparse del penal de Puente Grande en 2001. El 11 de julio de 2015 volvió a fugarse, ahora del penal del Altiplano. (Cuartoscuro)

La fuga del capo de la droga es un patético recordatorio de la corrupción del Estado.

El Centro Federal de Readaptación Social Número 1, o Altiplano como se le conoce, es la prisión más segura de México. Sin embargo, el narcotraficante más buscado del mundo, Joaquín “El Chapo” Guzmán, simplemente entró a la regadera dentro de su celda, bajó por un pasaje estrecho de 1.5 kilómetros de largo y escapó, quizás, conduciendo una motocicleta.

Este escape al estilo de Steve McQueen sucedió solo cuatro días antes de la iniciativa económica más importante desde la firma de Tratado de Libre Comercio de América del Norte en 1993: la primera ronda de licitaciones petroleras que permite a las empresas extranjeras comprar dentro del sector de energía del país, por primera vez en casi 80 años.

El proceso histórico busca restaurar la producción petrolera que está en declive, duplicar las tasas de crecimiento económico y llevar hasta 50 mil millones de dólares de inversión extranjera en tres años. Sin embargo, la esperanza de inversión no fluirá como podría si -como muestra la fuga- la impunidad, la corrupción y el débil estado de derecho siguen siendo la norma en México y no la excepción.

El “gran escape” de Guzmán es un recordatorio de la fuerza de la delincuencia organizada de México y la debilidad de las fuerzas de seguridad y deja una impresión amarga de que no hay nada ni nadie en el México moderno que no se pueda comprar.

Esto es particularmente dañino, dado que la apertura petrolera de México inició el miércoles pasado con la licitación de 14 campos en aguas someras, de los que sólo se adjudicaron dos.

Que la apertura haya sido (o no) un éxito es otro asunto. México puede ser un lugar fácil para hacer negocios, pero muchos de sus mejores prospectos de esquisto están en los estados asolados por la violencia.

La apertura petrolera de México tendría más oportunidades de tener un éxito mayor si el Estado aborda los problemas de seguridad con el mismo enfoque y energía. Esto es más fácil de decir que de hacer. También tomará tiempo.

El presidente ahora necesita enfocarse en los temas de seguridad. Esto, y no la economía, es lo que más le preocupa a la mayoría de los mexicanos y los inversionistas extranjeros. Hacer cualquier otra cosa sería “imperdonable”.