Las bóvedas de los bancos en la era digital

Los bancos ya no almacenan lingotes sino que contienen procesadores digitales con toda la información estratégica de sus clientes.
Las bóvedas digitales del español Banco Bilbao Vizcaya Argentaria abarcan 20 mil metros cuadrados en la periferia de Madrid.
Las bóvedas digitales del español Banco Bilbao Vizcaya Argentaria abarcan 20 mil metros cuadrados en la periferia de Madrid. (Shutterstock)

Nueva York

Los procesadores, de casi un metro ochenta y tres centímetros de alto, se amontonan en los pasillos subterráneos. Aparte de su zumbido, la habitación está cerrada en algo muy cercano al silencio.

Más comúnmente llenas de oro, las bóvedas de los bancos ahora también almacenan datos. Estos procesadores habitan las bóvedas digitales del español Banco Bilbao Vizcaya Argentaria, su centro de datos de 20 mil metros cuadrados en la periferia de Madrid.

El edificio es una necesidad práctica, donde se procesan cientos de millones de transacciones al día. Pero el centro -y los datos que circulan por sus venas- se relacionan estrechamente con la visión del futuro de BBVA.

El segundo banco más grande de España, que tiene una importante presencia en Turquía, América Latina y Estados Unidos, se estableció así mismo como uno de los más fervientes discípulos de la transformación digital. Entre 2011 y 2013, gastó un promedio de 850 millones de euros al año en inversión en tecnología, infraestructura -como los centros de datos- y desarrollo de software.

También invirtió en otros lados. El año pasado compró Simple, un banco digital estadounidense, y la startup española Madiva Soluciones. Más recientemente invirtió en Coinbase, una plataforma de bitcoin con sede en San Francisco, y se convirtió en una de las primeras instituciones financieras tradicionales que incursiona en una actividad en la que participa la polémica criptodivisa.

“Acogemos la alteración, para participar en ella, para dirigirla activamente”, dice Teppo Paavola, director de nuevos negocios digitales de BBVA. Lo contrataron proveniente de PayPal y recientemente se mudó de San Francisco a Madrid. “Al final, ¿qué será el banco del futuro? Todo será sobre los datos”.

En un artículo que se publicó en el MIT Technology Review el año pasado, Francisco González, el presidente del banco, ofreció su percepción sobre el valor específico de los datos para los bancos. “Los bancos tienen enormes almacenes de información sobre sus clientes, y esa es una ventaja competitiva crucial”, escribió. “Si los bancos pueden transformar esa información en conocimiento, pueden utilizarla para ofrecerle a los clientes bienes y servicios que satisfagan mejor sus necesidades”.

En el futuro, BBVA puede potencialmente aprovechar los datos de millones de clientes -9 millones de la variedad digital a finales de 2014- para impulsar lo que llama “innovación abierta”, para construir nuevas aplicaciones y servicios. Paavola señala que sus datos no identificarán personalmente a ningún cliente individual o empresarial porque todo está “agregado e irreversiblemente disociado”, lo que significa que sólo puede usarse en masa.

La obsesión digital está en clara exhibición en otro de los centros de BBVA, de vuelta en el corazón más ruidoso de Madrid. El centro de innovación del banco, al que describe como un “laboratorio para probar nuevos productos y servicios”, también sirve como una promoción hiperactiva para las ambiciones digitales del banco, lo opuesto a la solemnidad del centro de datos.

El centro de innovación se encuentra en un elegante edificio en Madrid, que anteriormente sirvió como prisión, palacio y un rastro. En la actualidad, con 16 mil visitantes al año, asemeja un parque temático corporativo, con diseños que representan el futuro de la banca, como un modelo de tamaño real de una sucursal. Un mapa vibrante y tridimensional de Madrid se ubica junto a las pantallas que parpadean furiosas con los seguidores de Twitter, las conexiones de LinkedIn y los “me gusta” de Facebook.

A través del mapa, BBVA puede mostrar datos sobre transacciones a través de cualquiera de sus tarjetas o cajeros automáticos en toda la ciudad, un enfoque al que denominan “radiología urbana”. Puede utilizar estos datos, dice, para ofrecerle información a las empresas sobre los hábitos de consumo, por ejemplo, muestra en qué partes de la ciudad se ven mayores volúmenes de cierto tipo de compras, o cómo eventos -como los partidos de futbol- pueden determinar el comportamiento del consumidor.

El banco también se transforma como una especie de patrocinador para la tecnología financiera, o “fintech”, muchas de las compañías visitan su centro de innovación. Tiene múltiples canales para trabajar con tecnología, que incluyen a BBVA Ventures, su división de capital de riesgo en San Francisco.

Muchas de sus inversiones buscan maximizar la exposición a los avances tecnológicos que cambian al mundo. Cuando el banco invirtió en Coinbase, Jay Reinemann, director ejecutivo de BBVA Ventures, dijo que simplemente quería “entender lo que estaba pasando”.

La lógica detrás de trabajar extensivamente con otras compañías se basa en el supuesto de que BBVA no es capaz de innovar tan rápidamente como la masa colectiva de startups de tecnología financiera, lo que también explica el apetito del banco por adquirir compañías más pequeñas. “Una de las cosas que aprendí es que la innovación normalmente ocurre en otro lado”, dice Paavola.

BBVA incluso organiza competencias estilo X Factor para las compañías de tecnología; su competencia Open Talent de 2013 la ganó Traity, una empresa española que busca ayudar a definir la reputación en internet. La compañía ahora ofrece servicios de consultoría al banco.

Su Innova Challenge proporciona a los innovadores de todo el mundo datos anónimos de tarjetas de crédito, que pueden utilizar para crear aplicaciones y servicios. BBVA recompensa las mejores ideas en la competencia con premios en efectivo.

En España, BBVA no es el único que tiene un entusiasmo por la tecnología. Por ejemplo, en las últimas semanas, su rival Santander anunció un importante empuje digital, que incluye servicios que se ubican en la nube. El año pasado, Caixabank, el tercer banco más grande del país, creó un centro de “grandes datos” en Barcelona.

Pero ninguno de ellos tiene un impulso tan fuerte como BBVA. Detrás de la obsesión digital del banco se encuentra el señor González; el presidente sugirió en una presentación de resultados en febrero que en el futuro, el banco será “totalmente digital”, y agregó: “Estas plataformas de tecnología provocan un cambio muy profundo en la forma como hacemos las cosas, y cómo procesamos los datos, y dónde procesamos los datos”.

Normalmente, la participación estratégica de BBVA en otras empresas de tecnología no se acompañan con mucho acceso a información financiera, ya que su valor recae más en una declaración de intención digital. Sin embargo, este mes dijo que la “transformación digital” y la administración de costos asociados pueden llevar a un ahorro de costos anuales de 340 millones de euros en España.

El banco construye otro centro de datos en México. Con el tiempo espera tener cuatro en total, donde se procesen mil millones de transacciones al día para 2016. Las bóvedas digitales pueden ser menos llamativas que el modernísimo centro de innovación, pero su tamaño y alcance es cada vez más grande.


Mi banco, mi amigo de Facebook



Traity, una compañía española que trata de medir la confiabilidad de una persona en línea, es un ejemplo de la innovación que BBVA busca afuera.

Toma la información que proporcionan los usuarios de todas sus plataformas de redes sociales para construir una imagen de su fiabilidad general, que se dice aumenta la confianza en los mercados en línea donde los compradores y vendedores no se conocen.

Después de ganar la competencia Open Talent de BBVA en 2013, con el que la compañía ganó una inversión de 100 mil euros, la empresa ahora trabaja para ofrecer una aplicación de Facebook al banco, que se diseñó para permitir que los clientes de BBVA determinen su “personalidad financiera” a través de una serie de juegos.

La compañía, que cuenta con alrededor de 5 millones de usuarios, cree que su tecnología también la pueden utilizar las aseguradoras y, más adelante, si puede fusionar la reputación en línea con el riesgo de crédito, los bancos.

“Intentamos averiguar si las personas con cierta reputación tienen mejores perfiles de riesgo”, dice Juan Cartagena, presidente ejecutivo y fundador, justo antes de tomar un vuelo a Londres para tener juntas con otros bancos.