Autumn de Forest, la prodigio del arte de 14 años

Ya vendió 7 mdd en pinturas y ganó el Premio Internacional Giuseppe Sciacca para Pintura y Arte que otorga el Vaticano. 
Autumn presentó su primera exposición de arte a los cinco años. A los siete ya cambiaba pinturas por miles de dólares.
Autumn presentó su primera exposición de arte a los cinco años. A los siete ya cambiaba pinturas por miles de dólares. (Cortesía)

Un día en su cochera, Doug de Forest descubrió que su hija podía pintar. Autumn le preguntó si podía ayudarle a pintar, así que le preparó una brocha y un pedazo de madera y regresó a trabajar. La niña de cinco años creó algo “como un Rothko” (el pintor expresionista Mark Rothko).

Ese pedazo de madera ahora cuelga en la cocina familiar Las Vegas, Estados Unidos (EU). Por cualquier lado que mires en la casa, hay piezas de Autumn, la principal prodigio de la pintura de EU. En al actualidad es una niña bonita e inteligente de 14 años que no puede quedarse quieta.

Hasta el momento, las pinturas de Autumn ya lograron recaudar alrededor de 7 millones de dólares (mdd) en ventas, de acuerdo con Doug, quien desciende de una línea de artistas que se relacionan con el Met en Nueva York. Dice que reserva fondos para la universidad -Autumn tiene Yale en la mira- y puso en marcha mecanismos para evitar que se gaste el resto. 

Es difícil imaginar que su única hija pierda el control. Dice que admira a Taylor Swift mucho más que a Miley Cyrus, su tiempo libre lo pasa con niños de la iglesia que está en la misma calle, donde es voluntaria.

Doug y Katherine tienen la duda de si deben inscribir a Autumn a la preparatoria o dejarla con tutores en una academia en gran parte en línea. Autumn quiere ir a una escuela “física” pues “creo que es importante poder estar expuesta a situaciones de la vida real”, dice.

La noche previa a mi encuentro con Autumn llegó de una gira por Ohio. El siguiente lunes tenía previsto visitar la Casa Blanca como invitada de Michelle Obama para inaugurar un grupo de artistas que son tutores de niños en las escuelas de menor nivel. “Adoro esto, es muy divertido. Soy una montaña rusa que solo va para arriba”.

Si la falta de enseñanza regular es una desventaja, no es evidente. Autumn lee mucho. Su libro favorito ahora es The Man Who Mistook his Wife for a Hat (El hombre que confundió a su mujer con un sombrero), el compendio de Oliver Sacks de casos de estudio de pacientes con trastornos cerebrales.

En su estudio, que construyó Doug en el jardín trasero, junto a la cochera, escucha blues mientras pinta. Eso o la Radio Pública Nacional. Tiene un buen oído. En su habitación de estilo británico, donde me muestra sus pósters del Big Ben y los taxis negros, produce tres acentos distintos. El primero suena como Adele, el segundo como Keira Knightley y el tercero como Judi Dench. Todos son impecables.

Los niños sin hermanos a menudo parecen precoces, dice Doug, ya que suelen involucrarse en todo lo que hacen sus padres. Doug dice que cuando estaba creciendo en una familia judía en Nueva Jersey, le daban una recompensa por ser inteligente, comprometido y pensar sobre la marcha.

Autumn dice que sabía lo que quería ser casi al terminar “sus cinco años”. A los siete años ya cambiaba pinturas por miles de dólares la pieza. A los nueve años, empezó la educación en casa; a los 11, firmó con Park West Gallery, que afirma ser el mayor comerciante de arte del mundo por volúmenes de venta.

Recuerda los viajes semanales a Barnes & Noble, donde se le permitía elegir un libro. Una vez eligió uno grande de Dalí. En otra ocasión quedó maravillada por la reproducción de Jackson Pollock en un libro de niños de nombre Olivia. La pintura inspirada en Pollock que produjo después de eso, a los 7 años, se encuentra sobre la estufa.

Con los años, otros trabajos muestran influencia de Warhol, Matisse, Lichtenstein o de O’Keefe. “Una vez que me etiquetan, entonces en ese punto -chasquea con sus dedos- sigue adelante”. Sus padres pusieron en pausa sus vidas, mientras su estrella asciende.

Dough no tiene interés en desarrollar a Autumn como una marca. Hasta el momento solo ha hecho “pequeños” acuerdos con American Girl, Gap y Nordstrom, la tienda departamental de lujo, que vende tenis Converse con diseños de Autumn.

También quiere crear un portal en línea -con el título tentativo Autumn Bomb- para que los niños expongan y vendan su arte. ¿Qué mejor manera hay para que un niño de una familia pobre empiece un fondo para la universidad?

Doug está consciente de las ventajas que disfrutó su hija, que nació de padres acomodados con una vena creativa. Pero, insiste, “soy lo opuesto a un 'stage dad' (un padre que hace todo lo posible para promover a sus hijos). Quiero ser un facilitador, hacer que desaparezcan los obstáculos”.

Cuando su hija presentó su primera exposición a los cinco años -parte de un evento de “Art in the Park” en Boulder City, Nevada- Doug lo convirtió en un juego, le dijo que era una chita y que los transeúntes eran gacelas. Su trabajo era atacar antes de que se escaparan.

Autumn se volvió “una persona diferente” después de eso, dice. Esa noche durmió con su identificación como expositor. “Ser apreciada y reconocida es algo muy poderoso”.

Autumn elige un trofeo que le entregaron en su primer viaje fuera de EU en novembre del año pasado, cuando la invitaron a Roma a recibir el Premio Internacional Giuseppe Sciacca para Pintura y Arte. El premio, que otorga el Vaticano, se le da a las personas menores de 35 años que muestran talento en los campos del conocimiento y del arte, y que también son modelos a seguir para sus comunidades.

Autumn no se mostró nerviosa durante su discurso de aceptación -en italiano- y le regaló una pintura al Papa Francisco. “Dije, ‘cuando regrese a la Ciudad del Vaticano debe sacar mi pintura del clóset y volverla a colgar’”, dice. “Le pareció muy gracioso, fue tan dulce y generoso y amable”.