Quizá se acabe la suerte de Australia

El país debe analizar si se acomoda a la idea de que China va a dominar la región Asia-Pacífico, o apostar a que continúe el dominio de su aliado tradicional: Estados Unidos. 
En Canberra, capital de Australia, bloquearon a dos postores chinos para la compra del generador de energía Ausgrid.
En Canberra, capital de Australia, bloquearon a dos postores chinos para la compra del generador de energía Ausgrid. (Foto: Cortesía)

Los australianos propensos a ponerse nerviosos deberían evitar, en este momento, leer la prensa china y las redes sociales. Una combinación de tensiones sobre el Mar de China Meridional convirtió a Australia en blanco de improperios agrestes de los nacionalistas chinos.

El problema actual comenzó con el fallo adverso del mes pasado por parte de un tribunal internacional acerca del reclamo de China sobre la mayor parte del Mar de China Meridional. Junto con Estados Unidos (EU) y Japón, Australia instó a China a respetar el veredicto. La reacción de Beijing fue de furia.

Las tensiones no son nuevas y reflejan otras más generales entre China y occidente. Durante más de una generación, se alimentó al pueblo chino con la historia oficial que declara el “siglo de humillación” del país a manos de las potencias extranjeras. La idea de que occidente aún conspira contra China existe.

Australia, un puesto de avanzada de la alianza occidental en la frontera de la región Asia- Pacífico, corre el riesgo de convertirse en un pararrayos de la furia china hacia occidente en general, y hacia EU en particular.

Durante muchas décadas, se conoció a Australia como el “país afortunado”. Pero la buena suerte dependía de que los países amigos tenían el control de esos océanos. Australia fue parte del imperio británico cuando Gran Bretaña dominaba los mares. Y desde 1945, la Marina de EU domina el Pacífico.

Si el Mar de China Meridional y el Océano Pacífico se convierten en aguas en disputa, es probable que Australia tenga que enfrentar una elección difícil. ¿Debe acomodarse a la idea de que China va a dominar la región Asia-Pacífico? ¿O apostar a que continúe el dominio de EU, su aliado tradicional con ideas afines?

Michael Fullilove, director de Lowy Institute, el principal centro de expertos en política exterior, es partidario de la alianza entre Australia y EU. Pero reconoce que hay dudas acerca de si en el futuro EU tendrá la disposición y el poder de dominar los océanos que rodean a Australia. Fullilove lo expresa de la siguiente manera: “Nuestros ‘grandes y poderosos amigos’ cada vez son menos grandes y poderosos”.

El aspecto económico de la relación australiana-china también enfrenta dificultades. La demanda de China por las materias primas y los alimentos procedentes de Australia son buenas noticias. Pero a principios de este año, el gobierno australiano bloqueó el intento de compra de una compañía china por S Kidman and Co, una empresa que es propietaria de 1% de la masa continental australiana.

Hace unas semanas, los australianos también bloquearon a dos postores chinos para comprar Ausgrid, un enorme generador de energía.

Hasta hace poco, para Australia prácticamente no era problema hacer un apuesta económica en el crecimiento de China, mientras veía a EU como su principal aliado de seguridad. Pero, en el clima actual, China y EU se convierten en socios más exigentes.

Los estadounidenses dejaron en claro que apreciarían un poco de compañía de la marina australiana siempre y cuando EU realice futuras “operaciones de navegación por la libertad” y navegue más allá de las islas artificiales que China construyó en el Mar de China Meridional.

Los chinos dejaron en claro que pueden reaccionar con dureza a cualquier participación australiana. Lo más probable es que la presión china sea más psicológica y diplomática, pero puede aumentar si Beijing siente que Canberra discrimina a los inversores chinos. 

Todos estos acontecimientos sugieren que, a pesar de lo improbable que suena actualmente, Australia puede convertirse en un punto de conflicto político en las próximas décadas. El siglo XX fue amable con el afortunado país. El siglo XXI tal vez no sea tan afortunado para Australia.