El enemigo menos pensado

El zika prendió los focos rojos de la OMS en el mundo. No es necesario un ejército valiente que salve moribundos como con el ébola, pero un escenario de niños con microcefalia es inaceptable.
Técnicos de Oxitec inspeccionan Aedes Aegypti genéticamente modificados en Campinas, Brasil. Estos mosquitos podrían evitar la reproducción de los insector silvestres, aunque esta investigación sigue en pruebas de campo.
Técnicos de Oxitec inspeccionan Aedes Aegypti genéticamente modificados en Campinas, Brasil. Estos mosquitos podrían evitar la reproducción de los insector silvestres, aunque esta investigación sigue en pruebas de campo. (Foto: Reuters)

A medida que se esfuma la epidemia del Ébola en África occidental, después de matar a más de 11,000 personas, las alarmas internacionales suenan por el surgimiento de otra enfermedad tropical. El zika se “propaga de forma explosiva” a través del continente americano, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), que la declaró una emergencia de salud pública. Los expertos dicen que hasta 4 millones de personas pueden resultar infectadas este año por el virus que se transmite por mosquitos, que se vincula con un daño cerebral en niños no nacidos.

Con el estímulo de las críticas justificadas de que al no actuar rápidamente contra el ébola costó miles de vidas en África, la OMS y otros organismos mundiales de salud luchan por movilizar recursos en América del Sur y Cen­troamérica para combatir el virus. Es esencial ahora una acción decisiva, antes de que los expertos tengan clara la magnitud de la amenaza del zika, porque el peor escenario, que una epidemia deje decenas de miles de bebés con microcefalia -con cerebros muy pequeños y cabezas deformes- sería horrible. Si tenemos suerte y el zika resulta ser menos peligroso de lo que se teme, entonces el próximo año nadie mirará atrás con el beneficio de la retrospectiva y acusará al mundo de actuar exageradamente.

Una respuesta oportuna para una infección emergente siempre implicará un análisis de riesgos con base en información imperfecta.

Si bien se aprendió la lección con la última emergencia de salud pública mundial, no debemos considerar al virus del zika como el nuevo ébola. Es una enfermedad muy diferente que requiere una respuesta distinta. Mientras el virus del ébola se transmite entre personas y provoca una fiebre virulenta, el zika se trans­mite a través de los mosquitos Aedes aegypti, además de la microcefalia, los síntomas normalmente son leves.

Esta vez no necesitamos un valiente ejército de personal de salud para atender a pacientes moribundos de ébola en África occidental, que rastreen sus contactos y se aseguren de enterrarlos de forma segura. En su lugar, necesitamos un ejército para eliminar los pequeños charcos de agua donde se reproducen los mosquitos, incluso en las macetas donde se encuentran las plantas.

Los insecticidas y la fumigación también tienen un papel importante. Al igual que un enfoque más futurista, que actualmente se encuentra en fase de pruebas de campo, combatir el Aedes aegypti al liberar mosquitos genéticamente modificados para evitar que la reproducción de los insectos silvestres. El éxito puede ayudar a combatir no solo el zika, sino también otras enfermedades que se transmiten por medio de los mosquitos, en especial el dengue, de un virus con el que se relaciona de forma muy estrecha.

La investigación, que tristemente fue defi­ciente en las primeras etapas de la epidemia de ébola, también es otra alta prioridad. Necesitamos urgentemente las pruebas de una relación causal entre la infección del zika y la microcefalia y después saber cómo el virus daña el cerebro de un feto en crecimiento, si actúa por cuenta propia o si existe otro factor responsable. Los científicos deben dejar de lado su tendencia natural de acumular datos hasta que publiquen los resultados, y compartir todo desde el principio, de acuerdo con los protocolos que se acordaron de manera internacional.

Los diagnósticos, los medicamentos antivirales y la vacuna contra el virus del zika también son esenciales. Afortunadamente la industria farma­céutica entra en acción, y varias compañías empe­zaron a trabajar en productos para combatirlo.

Al mismo tiempo, los responsables políticos tienen que asesorar al público sobre cómo deben responder. Aconsejar a las mujeres embarazadas o que tienen planes de embarazarse a evitar viajar a los países más afectados. Pero también es demasiado pronto como para emitir recomen­daciones acerca de visitar Brasil durante los Juegos Olímpicos. Si las autoridades tienen éxito en su lucha para eliminar los mosquitos Aedes aegypti de la región de Río, al aprovechar las condiciones más frías durante el invierno, tal vez no serán necesarias las restricciones de viaje. Les deseamos todo el éxito.