Europa entra a la era de la desintegración

La Unión Europea corre el riesgo de cuatro fracturas, no todas ocurrirán, pero sería sorprendente que ninguna suceda. El debate de la migración añade una capa extra de complejidad.
“La población de más de 500 millones puede absorber fácilmente un millón de refugiados al año. Ningun Estado miembro puede hacer esto solo, ni siquiera Alemania”.
“La población de más de 500 millones puede absorber fácilmente un millón de refugiados al año. Ningun Estado miembro puede hacer esto solo, ni siquiera Alemania”. (Ilustración: Shutterstock)

Existe una posibilidad real de que se derrumbe el sistema de frontera y los controles de inmigración en la Unión Europea (UE). Hoy, 7 de marzo, los líderes de la UE celebran una cumbre en Bruselas con Ahmet Davutoglu, el primer ministro de Turquía.

La idea es convencer a Ankara de hacer lo que Grecia no pudo: proteger la frontera del sureste de la UE y frenar el flujo de inmigrantes. Tras bambalinas se realizan muchas actividades diplomáticas entre Alemania y Turquía. Sin embargo, el estado de ánimo en Berlín no es bueno.

Las medidas que tomaron Austria, Hungría y otros países para proteger sus fronteras nacionales, cerraron la ruta occidental de los Balcanes que recorrían los migrantes para llegar a Alemania.

Los refugiados se encuentran atrapados en Grecia. Algunos pueden partir hacia Italia en un bote. Pero cuando los que sobrevivan lleguen allí, yo esperaría que Eslovenia, Suiza y Francia cierren sus fronteras. En ese momento, ya no podemos suponer que el Consejo Europeo de jefes de gobierno funciona como organismo político.

Una crisis de refugiados que se sale de control puede inclinar el voto en el referéndum de Gran Bretaña. No hay manera de que la UE pueda hacer frente a dos crisis simultáneas de ese tamaño. Al producirse en un momento como este, el Brexit tiene el potencial de destruir a la UE.

No espero que se llegue a ese escenario apocalíptico, pero es posible. La UE enfrentará los momentos más difíciles en su historia. Los Estados miembros ya no tienen la voluntad de encontrar soluciones conjuntas a los problemas que pueden resolver a nivel de la UE, pero no por su cuenta. La población de más de 500 millones puede absorber fácilmente un millón de refugiados al año. Ningún Estado miembro puede hacer esto solo, ni siquiera Alemania.

La tendencia hacia las soluciones nacionales destaca especialmente en Europa central y del Este. Austria convocó a una conferencia de los Balcanes Occidentales la semana pasada en apoyo de sus políticas para restringir el número de refugiados. Viktor Orban, el primer ministro de Hungría, realizó un referéndum para adelantarse al acuerdo de compartir la cuota de refugiados que presentaron Bruselas y Berlín. Los húngaros probablemente lo apoyen.

Merkel debe asumir gran parte de la culpa. Su política de puertas abiertas fue antieuropea en el hecho de que se impuso unilateralmente en su propio país y en el resto de Europa. Solo consultó al canciller austriaco, Werner Faymann.

La UE corre el riesgo de cuatro fracturas. No espero que todas ellas ocurran, pero me sorprendería que ninguna sucediera. La primera es una ruptura norte-sur sobre los refugiados. El llamado sistema Schengen de viajar sin la necesidad de pasaporte, en el que participan 26 países europeos, se puede suspender de manera indefinida o convertirse en una versión miniatura que abarque solo Alemania, Francia y los países Benelux (Bélgica, los Paíse Bajos y Luxemburgo). Italia no formaría parte de esto.

Una segunda línea de ruptura norte-sur es el euro. Nada cambió aquí. Los ecos de la crisis de la eurozona continúan y la postura de Grecia es tan insostenible como lo fue el verano pasado.

La tercera es la división este-oeste. ¿Las sociedades abiertas de Europa occidental quieren estar atadas a una unión cada vez más cercana con personas como Urban u otros nacionalistas en Europa central y del Este?

Por último, el Brexit. No hay forma de conocer el resultado del referéndum en Gran Bretaña. Las encuestas de opinión son tan inútiles como lo fueron en las elecciones generales del año pasado.

Más importante aún, el debate todavía tiene que empezar en serio. Los acontecimientos van a entrometerse; aparecerán nuevos hechos o mentiras. Un voto británico para salir de la Unión Europea puede desencadenar referéndums en Suecia o Dinamarca, lo que aumentará la incertidumbre.

Al final, una crisis de refugiados que se sale de control es más peligrosa para el futuro de la UE que un euro fragmentado. Además, Francia y Alemania se encuentran en lados opuestos del argumento, lo que hace que la crisis de los refugiados sea políticamente más tensa, en esta ocasión.

En la Conferencia de Seguridad de Munich a principios del mes pasado, no fue una sorpresa escuchar al primer ministro francés, Manuel Valls, reafirmar su oposición a una cuota mayor de refugiados, pero me sorprendió escucharlo criticar directamente a Merkel. No fue Francia la que invitó a los refugiados, dijo.

El estancamiento político sobre los migrantes nos dice que las fronteras abiertas de la Unión Europea son incompatibles con la soberanía nacional sobre la migración. Los Estados miembros tendrán que elegir. Van a optar por la soberanía.

Después de casi 60 años de integración europea, entramos en una era de desintegración. No necesariamente llevará a una división formal de la UE, esto es extremadamente improbable, pero hará que la UE sea menos efectiva.

La crisis de refugiados añade otra capa a la complejidad del debate británico. No está claro a qué tipo de UE se le preguntará a los británicos si quieren o no permanecer. Nos espera un momento peligroso.