Theresa May y sus zapatos con mensaje

La nueva primera ministra de Gran Bretaña es de pocas palabras pero habla con la moda que usa.
"En lugar de ocultar su feminidad como Hillary Clinton o Angela  Merkel, May viene de la misma escuela que Thatcher en lo que se refiere al power dressing político. Se viste  para ser mujer".
"En lugar de ocultar su feminidad como Hillary Clinton o Angela Merkel, May viene de la misma escuela que Thatcher en lo que se refiere al power dressing político. Se viste para ser mujer". (Reuters)

Se dice que la primera mujer británica primera ministra desde Margaret Thatcher, Theresa May, es de pocas palabras. En el pasado su persistente carencia de afabilidad social ha sido una fuente de desconcierto y frustración para sus colegas. 

Se le describe como meticulosamente formal y con un sentido del humor seco. “Ella no charla por ningún motivo. Ninguno”, dijo Nick Clegg de su excolega ministerial en los años de ocaso de la coalición.

Ella no hizo nada para corregir esa impresión en su rápida evaluación de las cualidades que la llevaría al trabajo de primera ministra. “No soy una política ostentosa”, anunció la conservadora de 59 años.

Los hombres encuentran inquietante su tranquilo y controlado comportamiento. Después de todo, no se considera astuto mantener la boca cerrada en política. Si sus compañeros le hubieran prestado atención a cualquier otra cosa que no fuera el sonido de sus propias voces, se hubieran dado cuenta de que May es bastante voluble. Porque la nueva primera ministra habla con la moda. Y habla bastante fuerte.

May aprendió hace más de una década que una declaración de estilo programada estratégicamente habla con más fuerza que las palabras. 

Desde que tuvo la audacia de utilizar un par de tacones bajos con estampado de leopardo de Russell & Bromely para reprender a su “antipático partido” en la conferencia de los tories (conservadores) en 2002, ella se convirtió en maestra en el arte de la proyección femenina. Los zapatos en cuestión le garantizaron una plataforma en primeras planas. Desde entonces ella le gana a sus rivales con un accesorio protagonista o un estilo “controversial”.

Las declaraciones de estilo, que las mujeres entienden por instinto (y que los hombres no usan porque no las necesitan), captan mucha atención. La mayoría de la gente no recuerda los detalles más pequeños del último discurso sobre el presupuesto de George Osborne en marzo, pero si se acuerdan del espectacular escote de May en la primera fila de los Comunes. Fue un excelente acto de sabotaje sartorial, y ella no dijo ni una palabra.

El estilo de May puede ser poco ortodoxo, incluso excéntrico -no olvidemos las botas al muslo de charol que utilizó para recibir al presidente de México Enrique Peña Nieto y su esposa Angélica Rivera, cuando visitaron a la Reina el año pasado- pero es un cambio agradable. Y lo aplaudo.

En esta nueva era de liderazgo femenino es casi seguro que el guardarropa estratégico de May domine una buena parte de la conversación política. Para algunos, este será un un aspecto deprimente de la época en la que vivimos. Otros no lo entenderán. Pero hay que poner atención para descubrir la historia que su ropa cuenta, y que revelará más aspectos de su personalidad y su carácter, incluso más que sus discursos.

En lugar de ocultar su feminidad, como lo hacen Hillary Clinton o Angela Merkel, con unos extraños trajes de pantalón y telas de un solo color, May se graduó de la misma escuela que Thatcher en lo que se refiere al power dressing político. Se viste para ser mujer. Confunde las expectativas de los demás y utiliza su estilo femenino para obtener una ventaja política. 

“Utiliza ropa que demuestre que ella no es la persona que uno cree que es”, dijo su antigua vocera Katie Perrior a The Spectator. “Su instinto para vestirse nos revela ese lado de tomar riesgos”.

May no le teme a un look sexy. Es provocativa. Le gusta la moda (tiene un traje acampanado de tartán de Vivienne Westwood que también tiene,Cara Delevigne). Y no le importa. Después de que uno de sus atuendos da mucho de qué hablar, utiliza otro más atrevido.

Uno podría pensar que tiene una foto de Helen Mirren pegada en su refrigerador. Ambas son mujeres maduras y profesionales que muestran cierto desdén por la ropa “adecuada para la edad” y mandan al diablo las convenciones.

Todo el mundo sabe que a May le gusta la moda. En una entrevista con la radio de la BBC en 2014, pidió como artículo de lujo una suscripción vitalicia a la revista Vogue y señaló que “las mujeres no deberían sentir que tienen que caminar como hombres”.

Para apoyar activamente el trabajo de los diseñadores británicos, utilizaba ropa de Stella McCartney, Mulberry y Westwood. Ahora que ocupará el puesto principal, puede dejarse ir. 

Sería maravilloso, por ejemplo, que considerara a algunas casas europeas, un traje pijama de Gucci, o un traje con falda de Chanel, sobre todo en estos tiempos de gran tensión política. Podría considerar que su guardarropa sea un acto de diplomacia internacional.

Es verdad que el gusto de May puede resultar un tanto excéntrico. Las botas de hule con animal print que usó durante el discurso a su partido en 2007 resultaron ser una carta un tanto salvaje, pero ella nunca se disculpa por su selección. Y hace bien. “No me arrepiento (de ser famosa por mis zapatos)”, alguna vez le dijo a un reportero. “Me sirven para romper el hielo”.

Todo esto me hace pensar que son infundadas las acusaciones sobre la incapacidad de May para participar en pequeñas conversaciones. Porque una persona que no puede platicar un poco con una mujer que se dirigió a la Casa de los Comunes con un vestido entallado, de animal print y color carne, simplemente no está poniendo atención. O tal vez estén haciendo preguntas muy aburridas. Yo, personalmente, no puedo esperar a ver lo que va a decir después.