El lado oscuro de los bonos verdes

Los bonos verdes suenan bien para los inversionistas, pero en realidad no existen parámetros que indiquen cuándo un bono es verde y cuándo no
Sophia Grene Reportera del FT con experiencia de más de 12 años en periodismo financiero
Sophia Grene Reportera del FT con experiencia de más de 12 años en periodismo financiero (Foto: Cortesía )

Los bonos verdes parecen algo sinceramente bueno. Con estos se recauda dinero para utilizarse de manera ambientalmente positiva, así que son ideales para un inversionista que quiere ser sustentable. Todavía mejor, normalmente tienen rendimientos similares a los bonos convencionales comparables, así que los inversionistas no tienen que pagar por sus principios.

Como resultado, los recibieron con gran entusiasmo y la emisión crece rápidamente. Se triplicó de 2013 a 2014 y se preparan para repetir esta hazaña en 2015, con una emisión proyectada de 100 mil millones de dólares (mdd).

Pero algunas voces escépticas empiezan a cuestionar el valor de esta innovación, se preguntan particularmente si los bonos verdes hacen una verdadera diferencia o si sólo son otro caso de greenwashing (cuando se utilizan los términos ambientales con fines de publicidad y mercadotecnia).

Hay un par de puntos a discutir. En primer lugar, hay un gran cantidad de libertad en la definición de un bono verde, porque no existe un acuerdo independiente que se acepta de forma universal.

Cualquier compañía o municipio que quiere recaudar dinero por medio de los bonos verdes puede hacerlo, y todo lo que tiene que hacer es convencer a los compradores de que se justifica. Si esos compradores son gestores de fondos que intentan llenar su cuota de inversión sustentable, probablemente no tengan la motivación para ser hipercríticos. Después de todo, construir una autopista puede justificarse como “verde” si tiene el propósito de reducir los congestionamientos.

Por supuesto esto no pasó desapercibido para los que intentan desarrollar el mercado. Los Principios del Bono Verde, que un grupo de bancos con el respaldo del grupo de inversión Ceres publicó en enero de 2014, es un marco voluntario que tiene la intención de estandarizar la buena reputación de la emisión de bonos verdes.

La Iniciativa de Bonos Climáticos, con sede en Londres, se estableció con el objetivo de crear estándares verificables y desarrolló, tanto los estándares, como una lista de verificadores independientes capaces de certificar que un producto es verde.

El Banco Mundial y otros organismos supranacionales, de donde surgieron los bonos verdes, también trabajan en conjunto para desarrollar los estándares.

Pero hasta el momento, todo este trabajo en marcha y la conciencia de estas normas tiene un largo camino por recorrer para llegar a los inversionistas, particularmente para los inversores minoristas.

Incluso si los proyectos que se financian con bonos verdes son tan ecológicos como uno quisiera, está la cuestión de si todo el dinero nuevo se canaliza a la inversión ambiental, o si estos proyectos se financian de todas formas.

En un mundo donde Lloyd Banks recibió aplausos por un bono de impacto social que admitió que simplemente le dio una nueva presentación a los préstamos que ya tenían en sus libros, es necesario buscar por debajo del empaque de lujo para establecer el verdadero impacto de esos instrumentos.

El mismo atributo de los bonos verdes que muchos partidarios presumen como una ventaja -que tienen rendimientos similares a sus pares convencionales- puede ser una señal de que realmente no hacen una diferencia.

La jerga aquí es “adicional”. ¿La existencia de bonos verdes agregan a la cantidad de capital que se asigna para los proyectos ecológicos? Si tuvieran un rendimiento menor, implicaría que los emisores obtienen su capital a un menor costo, uno puede inferir que se financian proyectos que de otra manera no podrían despegar.

Sin una ventaja en el costo de capital, uno puede asumir que el principal beneficio para los emisores es el impulso que le dan los bonos verdes a las relaciones públicas. Para los inversionistas este es el sentimiento confuso de tener inversiones verdes sin ningún dolor.

Hay indicios de que esto puede estar cambiando, ya que la demanda por los bonos verdes significa que operan con una prima en los mercados secundarios. La gran cantidad de estándares para los bonos verdes puede confluir en un código sencillo y verificable, pero hasta el momento no está claro si son algo más que un gesto simbólico.

Nada de esto debe minar el valor de invertir para limitar o mitigar el cambio climático, una tendencia necesaria y loable. Pero la pregunta de si los bonos verdes son una forma útil para lograrlo es algo que vale la pena hacer, aunque sólo sea para animar a los emisores y a los inversores a intensificar su labor.