Pavel Durov: “Snowden es mi héroe personal"

 Pavel Durov es descrito como el Mark Zuckerberg ruso. Aunque es halagador, exagera el éxito comercial y subestima sus logros personales
“Cualquier gobierno que le guste llamarse democrático debe darle la bienvenida a Snowden y dejarlo vivir en su país”.
“Cualquier gobierno que le guste llamarse democrático debe darle la bienvenida a Snowden y dejarlo vivir en su país”. (Foto: Cortesía )

EUA

Al igual que Zuckerberg, el joven empresario de tecnología de San Petersburgo creó la red social más popular de su país, VKontakte, que revolucionó el internet ruso. Pero en 2011, Durov se metió en problemas con el Kremlin al negarse a cerrar las páginas de los activistas de oposición cuando aumentaron las protestas contra el regreso a la presidencia de Vladimir Putin. Se volvió el blanco de acoso policiaco, y se le obligó a vender VKontakte a inversionistas a favor del Kremlin. En 2014 lo despidieron de su puesto como presidente de la compañía y salió de Rusia con 300 millones de dólares en sus bolsillos y fundó una nueva aplicación de mensajes, Telegram. Ahora vaga por el mundo para predicar las virtudes de las comunicaciones seguras y de la doctrina libertaria.

Me sorprendo un poco cuando un hombre delgado, y sin pretensiones entra en el elegante restaurante italiano en Mayfair y se presenta de una forma tranquila en un inglés casi perfecto. Su apariencia, vestido todo de negro, y sus instintos rebeldes dieron a lugar innumerables comparaciones con Neo, de Matrix. Pero la tez pálida de Durov, su cabello negro azabache, y enormes ojos inocentes me recuerdan más a un príncipe de ensueño de una caricatura de Disney.

Me dice que eligió Quattro Passi para el almuerzo porque queda cerca de donde se aloja y le gusta la comida. El restaurante es un paraíso para los gestores de fondos de cobertura con decoraciones de plata, espejos y muebles de color gris pardo. Durov pide burrata y espagueti con queso.

Durante el año pasado, él y su equipo trabajaron en San Francisco, Nueva York, Londres, París y Berlín, y pronto saldrá de nuevo a Finlandia. “Desde que iniciamos Telegram, hace 18 meses, no hemos dado a conocer un solo bit de datos de los usuarios a terceros, incluyendo a los funcionarios de gobierno”.

Aunque el registro de Telegram es el de una empresa tanto británica como estadounidense, no da a conocer en dónde renta oficinas o las personas jurídicas que utiliza para alquilarlas. Esto ayuda a proteger a su equipo de cualquier “influencia innecesaria”, dice, y le permite a la compañía proteger a sus 62 millones de usuarios de las solicitudes de datos del gobierno. Telegram utiliza una red de distribución de servidores en diferentes jurisdicciones, en lugar de un centro de operación como la mayoría de las aplicaciones de mensajería.

El impulso inicial para sus dos compañías provino de satisfacer una necesidad personal: el deseo de comunicarse con sus amigos de la universidad en el caso de VKontakte, y la necesidad de crear un sistema seguro de mensajería con Telegram. Tuvo la idea de esta última después de que estuvo bajo un intenso escrutinio por parte de las autoridades rusas en 2011. Policías armados realizaron un operativo en su apartamento en San Petersburgo y se dio cuenta de que intervenían sus comunicaciones. Quería un medio seguro para comunicarse con su hermano Nikolai, de 34 años, un matemático e ingeniero que ayudó a fundar VKontakte y que después desarrolló el código de encriptación para la aplicación de Telegram.

Por otra parte, si los servicios de seguridad realmente quieren tener acceso a los datos de los usuarios, dice, pueden intentar con Google y Apple. “Ya que siempre existe la probabilidad de que estas compañías le permitan a las agencias de seguridad el acceso directo a tu dispositivo, nadie puede estar 100% seguro, pero una cosa que hace Telegram es que sea imposible la vigilancia masiva”.

Le pregunto si aprueba que Edward Snowden dejara al descubierto los programas de vigilancia de EU y Gran Bretaña. “Obviamente, sí. Es mi héroe personal. Tenemos la misma edad y de alguna manera considero su lucha con la Agencia de Seguridad Nacional como una guerra generacional. Es lo nuevo contra lo antiguo”. Durov no conoce a Snowden de otra forma que no sea por videoconferencia, pero le ofreció públicamente empleo en Telegram, invitación que no aceptó. “Cualquier gobierno que le guste llamarse democrático debe darle la bienvenida a Snowden y dejarlo vivir en su país”.

Actualmente se envían casi 5 mil millones de mensajes diariamente por Telegram. Pero la seguridad no es la única razón del atractivo de Telegram, dice, y explica que es la única aplicación de mensajería para el mercado masivo que abrió su código fuente, por lo que alienta a otros usuarios a usarla como plataforma.

Llegan nuestros platos y seguimos con lo que Durov llama “el proyecto anterior”: VKontakte. Al principio, era una plataforma donde los estudiantes compartía material de las clases a las que no asistieron. Tomó vida propia cuando varios miles de estudiantes lo usaron para crear grupos de discusión y publicar fotos, blogs y mensajes privados. “Mark (Zuckerberg) tuvo suerte porque estudiaba en Harvard y desde las primeras semanas pudo lograr que su compañero de cuarto le ayudara a hacer parte del código. Tuve que hacer todo yo solo”.

Sin embargo, el clima empresarial y político cambió rápidamente a finales de 2011, cuando el entonces primer ministro ruso, Vladimir Putin, dejó claro que iba a regresar a la presidencia y estallaron manifestaciones masivas por las reñidas elecciones parlamentarias. De acuerdo con Durov, el gobierno entró en pánico e inundó a VKontakte con exigencias para bloquear la actividad de oposición.

Durov no tomó en serio las solicitudes, por temor a que perdiera el tráfico con Facebook y Twitter. “Así que me burlé de ellas. Publiqué un tuit con un perro con una sudadera con capucha y con la lengua de fuera”, dice. “También publiqué los fotografías escaneadas de las solicitudes oficiales”. En 2012 indignó a los nacionalistas rusos cuando tuiteó en el aniversario del fin de la Segunda Guerra Mundial que “Stalin defendió de Hitler su derecho de reprimir al pueblo soviético”. “Creo que el tuit es preciso. Tal vez el momento fue equivocado”, ahora concluye. “Stalin mató a más personas que Hitler. Odio por igual a esos dos tipos”.

Durov no le fue nada bien: se realizó el operativo en su apartamento, lo acusaron de lastimar a un policía en un accidente de tráfico e inversionistas a favor del Kremlin los compraron a él y a sus socios. “Vendí porque comprendí lo que seguía. Entendí que cualquier propiedad que tuviera en Rusia no era un activo. Era una carga. Se podía utilizar como influencia para obligarme a hacer cosas que no quería hacer”.

A lo largo del almuerzo, Durov se la pasó jugando con su comprobante para el guardarropa. Al salir lo cambia por una gorra negra de beisbol. Suavemente la coloca en su cabeza, gita la mano con una tímida despedida y desaparece en la tarde soleada, me deja pensando si acabo de conocer a un invitado del futuro de Rusia o a una exótica reliquia de su muy breve pasado libertario.