El amargo atardecer de Obama

La historia racial de EU no terminó con la elección del primer presidente no blanco. Simplemente abrió un nuevo capítulo que hoy es representado por Donald Trump.
Los países, al parecer, sufren de trastornos similares a los de los seres humanos, lo que pasa en sus años de formación le da forma a su personalidad para siempre.
Los países, al parecer, sufren de trastornos similares a los de los seres humanos, lo que pasa en sus años de formación le da forma a su personalidad para siempre. (Foto: Shutterstock)

Llámenlo la maldición de las altas expectativas. Cuando Barack Obama asumió la presidencia, el mundo se embelesó, Estados Unidos (EU) exhaló y los comentaristas declararon el fin de siglos de división racial.

Al ver a 1.5 millones de personas que soportaron el frío para presenciar la ceremonia inaugural de Obama, Steven Spielberg dijo que sería imposible montar esa escena para una película.

Eso fue entonces. Hoy, el primer presidente no blanco de EU está por terminar en el momento de polarización racial más tenso en décadas. Gracias a Donald Trump, el Ku Klux Klan está de vuelta en los titulares. Dudo que Trump logre ser el sucesor de Obama como presidente, pero inyectó veneno al flujo sanguíneo.

Por todas las esperanzas de Obama, la moneda dominante es el temor.

La historia racial de EU no terminó con la elección de Obama. Simplemente abrió un nuevo capítulo. Los países, al parecer, sufren de trastornos similares a los de los seres humanos, lo que pasa en sus años de formación le da forma a su personalidad para siempre. De igual manera en que la India ve a los inversionistas extranjeros como colonizadores potenciales, y Gran Bretaña confunde a Bruselas con el papado, EU está encadenado a su pecado original de la esclavitud. Medio milenio después de que los primeros africanos cruzaron en barco el Atlántico, EU todavía tiene un pie en el pasado.

No lo crean porque yo lo digo. Escuchen a los seguidores de Trump. De acuerdo con las encuestas de salida de Carolina del Sur, que Trump ganó fácilmente el mes pasado, una quinta parte de los que votaron por él cree que Abraham Lincoln se equivocó al emancipar a los esclavos. Poco más de un tercio desearía que el sur hubiera ganado la guerra civil. Ted Cruz, quien parece ser el único rival viable de Trump, obtuvo cifras similares; 70% deseaban que la bandera confederada todavía estuviera en el edificio del capitolio estatal. El año pasado se quitó después de la matanza de nueve feligreses afroamericanos que cometió un autodeclarado confederado. “El pasado nunca muere”, dijo William Faulkner. “Ni siquiera es el pasado”.

El peso de la historia se confirma con los patrones de voto de la actualidad. En 2008, más de 9 de cada 10 afroamericanos votó por Obama. El mes pasado, más de 80% eligió a Hillary Clinton sobre Bernie Sanders en Carolina del Sur, no porque se considere sospechoso a Sanders, sino por apoyar al candidato con más posibilidades de ganar la presidencia. Martin Luther King dijo que la hora de mayor segregación en EU es el domingo por la mañana al ir a la iglesia. En la actualidad son las urnas. Los votos afroamericanos en el sur son un espejo casi exacto del de los blancos, quienes votan por los republicanos por márgenes similares. Aunque es una minoría de los seguidores de Trump los que son racistas -y probablemente su postura es solo por conveniencia- los peligros son muy reales.

¿Qué puede hacer Obama al respecto? Hace nueve años lanzó su campaña desde los mismos escalones en Springfield, Illinois donde Lincoln saltó a su protagonismo. Citó al expresidente:

“Una casa dividida no puede sostenerse”. Obama marcaría una nueva política para trascender la brecha entre los estados republicanos y los demócratas. El trasfondo fue que al elegir a un afroamericano, EU construiría un puente para una antigua división. La promesa de ambos se contradijo con el ascenso de Trump.

De hecho, la popularidad de éste último es la cereza de un pastel que ya estaba horneado. No ocurría desde la era posterior a la guerra civil que la política estadounidense estuviera tan paralizada. Los republicanos dijeron que no se van a reunir con quien nomine Obama para ocupar el lugar vacante en la Suprema Corte que se creó tras la muerte de Antonin Scalia, mucho menos sostener audiencias.

La mayor arma de Obama es el poder de ayudar a Clinton para que sea su sucesora al asegurar una alta participación el 8 de noviembre. Si Trump es el candidato republicano, o de hecho Cruz, necesitarán hasta 70% del voto de hombres blancos para ganar, de acuerdo con Politico. Eso puede ser imposible. La participación de votos blancos masculinos para Romney en 2012 fue de 62%. Es difícil creer que Trump pueda superar eso. Es más probable que fracase.

Por otra parte, la nominación de Trump puede desencadenar una guerra civil dentro del partido Republicano. La semana pasada dejó claro que intentará doblar las reglas del partido para negarle la corona a Trump. Si fracasa, puede haber una apuesta por un “verdadero conservador”. Michael Gerson, ex escritor de discursos de George W Bush, sugirió que puede ser Condoleeza Rice. Otros creen que puede ser Romney. Quien quiera que sea es irrelevante: dividir el voto solo puede ayudar a Clinton.

¿Pero su victoria sería pírrica? Eso depende de los líderes republicanos. La semana pasada, Romney dijo que Trump representa “una marca de la ira que llevó a otros países al abismo”. Estaba en lo correcto. Sin embargo, es una ira que su partido silenciosamente atizó desde la era de los derechos civiles. McCain hizo eco de las opiniones de Romney, pero no se responsabilizó de elegir a Sarah Palin como su compañera de campaña en 2008. Palin apoyó a Trump en enero. Ella hizo más que nadie para crear un resentimiento contra las “promesas fraudulentas de esperanza y cambio” de Obama.

Durante décadas, los estrategas republicanos usaron alusiones para jugar con los temores raciales. No debe sorprender que alguien como Trump lo hiciera de manera totalmente abierta.

Edward Luce es comentarista político ycolumnista enWashington, D.C.Escribe para el FinancialTimes sobre economíay política exterior deEstados Unidos.