La "línea borrosa" entre el plagio y el homenaje

Probablemente la condena de más de 7 mdd que Robin Thicke y Pharrel Williams deben pagar a la familia de Marvin Gaye por la canción “Blurred Lines” puede ser un aliciente para que las estrellas ...
7 mdd deben pagar Robin Thicke y Pharrel Williams a la familia de Marvin Gaye.
7 mdd debe pagar Robin Thicke y Pharrel Williams a la familia de Marvin Gaye (Shutterstock)

Nueva York

Nunca una canción de fiesta causó tal resaca. “Blurred Lines”, como recordarás, es el exitoso sencillo de 2013 que provocó una ola de protestas por su enfoque despreocupado al consentimiento sexual, que se resumió en su video donde el cantante Robin Thicke cantaba “Sabes que lo quieres” al oído de una mujer mucho más joven que se encontraba casi desnuda.

Ahora, “Blurred Lines”, terminó en los tribunales. Esta semana el tribunal de California juzgó que Thicke y Pharrell Williams, el vocalista invitado y co-escritor de la canción, plagiaron elementos de la canción “Got To Give It Up” de 1977 del cantante de soul, Marvin Gaye. Se les condenó a pagar cerca de 7 millones 400 mil dólares a la familia de Gaye, una de las indemnizaciones más grandes en un caso de derechos de autor en la música que jamás se han visto. Pero, como cualquier resaca, también debe haber un tenue recuerdo de las infracciones.

Las disputas por derechos de autor son comunes en la música pop. Algunas no tienen bases, otras tiene sustancia. De cualquier manera normalmente se resuelven fuera de los tribunales, como la demanda del veterano roquero, Tom Petty, contra una canción del exitoso cantante británico del año pasado, Sam Smith, que terminó cuando Petty aceptó el crédito como escritor. “Son cosas que pasan”, dijo magnánimamente.

Hasta cierto punto todas las canciones reelaboran otras canciones que se escribieron antes. El mayor ejemplo es la música folk, que trata las armonías y las letras como un bien común cultural que todo el mundo aprovecha.

Si el traslape es inevitable a la hora de escribir canciones -una línea borrosa necesaria- entonces la cuestión es qué tan borroso se debe permitir. El homenaje de una persona es el plagio de otra. “Whole Lotta Love” de Led Zeppelin es un clásico. Pero también lo es “You Need Love” de Muddy Waters, que después se reconoció como una influencia para la letra de Robert Plant de la canción de Zeppelin. “Bueno, sólo te atrapan cuando tienes éxito”, admitió Plant. “Ese es el juego”.

Muchos expertos se sorprendieron con el fallo en el que perdieron Thicke y Williams (dicen que apelarán). La familia Gaye es propietaria de los derechos de composición de “Got To Give It Up”, pero no de los derechos sobre la grabación, que es como ser dueño del esqueleto de la canción pero no de la versión final. La batalla en los tribunales se centró en cuestiones técnicas de la letra y de la partitura musical, un enfoque que redujo el campo para demostrar cualquier imitación.

Cuando escuchas las canciones juntas, algo que no se le permitió al jurado, puedes escuchar un parecido, aunque difícilmente son idénticas. ¿Las similitudes de composición que se detectaron le dan derecho a la familia Gaye a una gran parte de las regalías totales de la canción de 16 millones de dólares?

Después de recibir críticas de ser una canción sórdida y sexista, “Blurred Lines” ahora la defienden tanto los liberales como los libertarios. Para los partidarios de la libertad artística, los escritores son víctimas de la aplicación de mano dura de los derechos de autor.

El veredicto plantea interrogantes sobre la legalidad de las canciones que parodian otras canciones o las que citan fragmentos de melodías y letras. Un escenario lúgubre amenaza con materializarse: si se instala un abogado en el estudio para darle legalidad a cada nota de bajo y riff, entonces la victoria final del sistema sobre el rock and roll será total.

La caída de “Blurred Lines” coincide con una tendencia hacia el uso más agresivo de los derechos de propiedad intelectual. En 2010, la Corte Suprema del Reino Unido dictaminó que los titulares de los periódicos si son lo suficientemente inventivos, pueden registrarse para el derecho de autor. Mientras tanto, las ideas de “uso justo”, también se ven amenazadas por la legislación y los tratados comerciales como el Acuerdo Estratégico Trans-Pacífico de Asociación Económica.

En la música esto lleva una importancia particular. La disminución del valor de las grabaciones alienta a las estrellas a ser más celosas con la protección o explotación de sus marcas. Taylor Swift registró varias letras, que incluyen “This sick beat” y “Nice to meet you. Where you been?”, que aplica a una gama de mercancías que va desde tatuajes temporales hasta campanillas de viento.

En el otro extremo del espectro generacional, se puede esperar que el dictamen contra Thicke y Williams inspire a que otros herederos actúen para registrar a fondo el trabajo de generaciones posteriores en búsqueda de similitudes que los comprometan legalmente. El pop se volverá en otra clase de activo propiedad de los baby boomers que buscan rendimientos.

Aún así, tengo una visión optimista. Las listas de hoy están dominadas por actos pop retro, un sofocante simulacro de las décadas anteriores, que es lo que “Blurred Lines” intentaba alcanzar. Según sus abogados, querían “evocar una era”, la época de Gaye, no exactamente su canción.

La carrera de Williams es el epítome del agotamiento creativo que este retraso conlleva. Alguna vez uno de los productores más innovadores de hip hop, ahora produce un pop derivativo como “Blurred Lines” y su éxito solista, “Happy”. Si el pasado se va a convertir en un campo minado legal para los músicos que lo quieran visitar, entonces que así sea. No hay nada como una factura de 7 millones 400 mil dólares para alentar a las estrellas pop a ser un poco más originales.