Charles Koch: “No soy un tipo malo”

El empresario de la energética Koch, con una fortuna de 43,000 millones de dólares, tiene mucho peso en el partido Republicano pero con los candidatos de hoy está decepcionado.
"Es difícil para mí tener tanto entusiasmo (en la política) porque creo que no se abordan las cosas que me apasionan y las que creo que este país necesita urgentemente".
"Es difícil para mí tener tanto entusiasmo (en la política) porque creo que no se abordan las cosas que me apasionan y las que creo que este país necesita urgentemente". (Foto: Shutterstock)

Todos los días a las 11 de la mañana Charles Koch baja a Café Koch, la cafetería para el personal en la sede de su multimillonario imperio in­dustrial en Wichita, Kansas.

Koch dirige la segunda mayor empresa privada de Estados Unidos, una que abarca la refinación de petróleo, productos químicos, electrónicos y de consumo, y utiliza su fortuna de 43,000 millones de dólares (mdd) para con­vertirse en una de las personas con más influencia en el partido Republicano, pero no es alguien a quien le gusten los almuerzos largos.

“Así soy. Me toma ocho minutos llegar al traba­jo y en ese tiempo escucho audiolibros porque hay mucho que aprender y muy poco tiempo”, dice.

Koch Industries es una corporación con ingresos anuales de 115,000 mdd que se construyó con el respaldo del transporte y la refinación de petróleo crudo, y su empuje para limitar la regulación ambiental y trastornar las políticas que tienen el objetivo de hacer frente al calentamiento global es ampliamente percibida como egoísta.

“Todos los días nos critican lo que hacemos y por qué lo hacemos”, dice sobre la crítica, “pero no soy un tipo malo, así que necesito salir y mostrar quién soy yo, les guste o no”.

El personal de Koch le dijo que esperan reunir cerca de 900 mdd de donadores conservadores. El dinero se gastará en intentar influenciar las elecciones de este año a favor de las ideas de derecha; cerca de una tercera parte del monto financiará las campañas políticas en contra de los candidatos demócratas.

Con el campo tan lleno y las votaciones todavía lejanas, Koch se negó varias veces a apoyar a algún candidato republicano en las primarias, o incluso a comentar sobre la carrera. Pero con cierto empresario multimillonario que domina las encuestas, es imposible evitar el tema del Donald.

Le pregunto sobre el cambio de retórica que tomó la carrera a la hora de lidiar con el terrorismo islamista, y sobre el comentario de Trump de que EU debe exigir que todos los musulmanes en el país se registren con el gobierno.

“Bueno, entonces destruyes nuestra sociedad libre”, dice Koch sobre la idea. “¿Quién dijo, ‘si quieres defender tu libertad, lo primero que tienes que hacer es defender la libertad de la gente que te gusta menos?’”. Estas opiniones podrían surgir de la boca de Bernie Sanders, el contricante socialista de Hillary Clinton por la nominación demócrata en una crítica normal en contra de los Koch.

En donde los Koch y los de izquierda es menos probable que tengan la misma opinión es en el tema del medio ambiente. Koch no niega el cambio climático, pero es escéptico de que justi­fique una drástica intervención del gobierno. “Durante los últimos 135 años, la temperatura en el suelo se calentó. Un gran impulsor probable­mente es el CO2 que generan los humanos, pero lo que vemos es que el aumento es menor del proyectado. Así que los indicios apuntan a que la temperatura no es tan sensible al aumento en la concentración de CO2 como se pensaba. No veo evidencia de que haya una catástrofe inmi­nente o incluso una en el futuro”.

El último libro de Koch, Good Profit (“Buena utilidad”), es en parte un intento por demostrar que la competencia y los mercados también pueden aplicarse dentro de una empresa. Bajo la “gestión basada en el mercado” de Koch In­dustries, se califica a los empleados sobre una base de cuánto valor crean, mientras que las funciones centrales como recursos humanos y contabilidad deben competir por negocios en un mercado interno. El libro tiene un trasfondo de decepción de que los subordinados tienen muchos problemas para implementar las ideas a la práctica, y siento la misma frustración de que el mundo en general no aprovecha la eviden­te rectitud del capitalismo laissez-faire (liberal)

No queda claro si los dos hijos de Charles Koch, tienen algún interés en tomar el manto político. La empresa casi se desmantela en una disputa por la distribución de la riqueza de Fred Koch, pero Charles y David lograron mantenerla unida e invertir en su crecimiento. Sugiere acerca de que se puede lograr un acuerdo similar, con menos irritación, en la siguiente generación.

Koch le llama a un empleado para que lo ayude a regresar a su oficina, pero antes le pregunto nuevamente acerca de política. Dice que está “decepcionado” con la cosecha actual de candidatos presidenciales republicanos, y está resignado a tener que apoyar a uno con el que solamente está de acuerdo en algunos temas. “Es difícil para mí tener tanto entu­siasmo porque creo que no se abordan las cosas que me apasionan y las que, creo, que este país necesita urgentemente”.

Le pido que se ponga su sombrero de empre­sario y me diga si cree que el gasto que hace en política un retorno positivo sobre la inversión. “No estoy seguro”, comenta. “Diría que hay algunos beneficios. Pregúntame en 10 años”.