Los empresarios brasileños reniegan de su fe

Con las reformas y recortes presupuestales que ha hecho el gobierno, algunos funcionarios consideran al ministro de finanzas, Joaquim Levy, un Jesucristo; las empresas de Brasil lo ven como un Judas
La presidenta brasileña, Dilma Roussef, pidió no tratar a Levy como un “traidor” por lanzar el programa de austeridad que busca equilibrar el presupuesto del gobierno
La presidenta brasileña, Dilma Roussef, pidió no tratar a Levy como un “traidor” por lanzar el programa de austeridad que busca equilibrar el presupuesto del gobierno (Foto: AP)

Brasil

Uno de los debates políticos más extraños en Brasil este año es sobre si Joaquim Levy, el ministro de finanzas de línea dura del país, debe considerarse como un Judas o como un Jesús.

La presidenta Dilma Rousseff inició el debate cuando le advirtió a su partido de izquierda, el Partido de los Trabajadores, de no tratar al economista con formación en Chicago como un “Judas” o traidor, por lanzar el programa de austeridad para volver a equilibrar el presupuesto del gobierno después de años de despilfarros.

Su vicepresidente, Michel Temer, fue más allá, y lo comparó con “Jesucristo” por intentar “salvar” a Brasil, que está en peligro de perder su clasificación crediticia de grado de inversión a menos de que Levy pueda estabilizar los crecientes niveles de deuda pública.

Para muchos en el sector empresarial de Brasil, donde empeora la recesión, Levy se ubica en algún lugar entre las dos figuras bíblicas.

La mayoría de los industriales reconocen la necesidad de hacer frente al déficit presupuestario, que con 7% el año pasado fue el peor en una década. Pero muchas industrias en Brasil dependen en gran medida de la protección del gobierno, de los subsidios e incentivos fiscales para sobrevivir en una economía que el Banco Mundial considera una de las menos competitivas del mundo.

Los críticos sienten que el recorte recae demasiado en áreas equivocadas, como las exportaciones, la inversión y la manufactura. “La interrogante no es si hay que hacer el ajuste fiscal, sino cómo hacerlo de tal manera que produzca un efecto menos negativo en la economía brasileña”, dijo Roberto Giannetti da Fonseca, vicepresidente de la Asociación de Comercio Exterior de Brasil.

Después de años de un prolongado estímulo fiscal para contrarrestar el fin del superciclo de las materias primas y el auge del crédito al consumo, Rousseff nombró este año a Levy para restaurar el presupuesto a un superávit primario, que es el equilibrio antes de los pagos de interés.

Estableció un objetivo de superávit primario de 1.2% este año, en comparación con un déficit el año pasado. Esto tiene que ser el resultado de fuertes recortes en la inversión pública, reducciones en algunas prestaciones laborales y de pensiones, el recorte de subsidios a energía y aumento en los impuestos para el combustible. También resultará por el recorte de exenciones fiscales, como las de las exportaciones y las nóminas de las empresas, y reducir el préstamo subsidiado de la banca estatal.

Mientras tanto, el banco central intenta poner obstáculos a la inflación al aumentar considerablemente las tasas de interés. También permitió la depreciación de 45% del real, la moneda brasileña, frente al dólar durante el último año.

“¿Es una situación de emergencia? Sí”, dijo Paolo Dal Pino, presidente para América del Sur de Pirelli, el fabricante de neumáticos, sobre el bache económico. “¿Pero es una situación a la que puede darse la vuelta? Sí, lo es. Si el gobierno...toma las medidas necesarias, sufriremos por 12 o 18 meses y después veremos buenos resultados”.

Pero algunos empresarios se quejan sobre el tipo de medidas que se toman. Por ejemplo, los reembolsos bajo “Reintegra”, un programa bajo el cual el Estado compensa a los exportadores los impuestos duplicados que se acumulan en la cadena de producción, se recortaron de 3% del valor de los bienes a uno por ciento, dijo Giannetti de la asociación de comercio exterior. Esto mina la competitividad de Brasil dijo. “No puedes exportar impuestos”.

También criticó la intervención del banco central para amortiguar la depreciación del tipo de cambio, que dijo fue para ayudarlo a alcanzar sus objetivos de inflación. La intervención evitó que el real se devaluara todavía más. “Se penaliza a los exportadores”, dijo Giannetti.

Otros empresarios condenan la reducción que hace Levy a las exenciones fiscales sobre las nóminas de las compañías. Este impuesto ya se considera particularmente regresivo porque desalienta la contratación.

Un alto ejecutivo de una importante cadena minorista se quejó de que la industria y el empleo cargan el peso de la austeridad, mientras que al gobierno de Brasil, uno de los más grandes del mundo en su participación del producto interno bruto, se le toca muy poco. “No se recortan los empleos del sector público porque esa es la base de apoyo (de la coalición gobernante)”, dijo.

Otros dijeron que el gobierno tiene las manos atadas ya que la constitución de Brasil y las leyes laborales protegen los trabajos del gobierno y limitan este tipo de recortes de presupuesto que pueden hacerse principalmente a los “gastos discrecionales”, que principalmente es inversión.

“Hay una fuerte caída en la inversión pública, que por supuesto no es una estrategia ideal ya que tiene un efecto indirecto en la inversión privada y en la economía en su conjunto”, dijo Carlos Langoni, ex gobernador del banco central y fundador de la consultoría Projeta.

Pero si bien algunos pueden no estar de acuerdo con los detalles, la mayoría de los empresarios están de acuerdo en que el ajuste fiscal tiene que hacerse lo más pronto posible para limitar el dolor. Después, a esto le debe seguir una reforma radical para estimular la inversión y ayudar a la recuperación.

“Lo que necesitamos es que el gobierno y todos los interesados actúen juntos”, dijo Dal Pino de Pirelli.