El largo y caliente verano Iraní de Obama

El próximo mes se votará el acuerdo nuclear de Irán en el Capitolio. La batalla está muy cerrada y el presidente de EU enfrentará retos para convencer a su partido de apoyarlo
Edward Luce. Comentarista político y columnista en Washington, D.C. Escribe semanalmente para el Financial Times sobre economía y política exterior de Estados Unidos
Edward Luce. Comentarista político y columnista en Washington, D.C. Escribe semanalmente para el Financial Times sobre economía y política exterior de Estados Unidos (Foto: Reuters)

Hace seis años, la gran reforma interna de Barack Obama casi se hizo cenizas durante un agosto de protestas municipales. Lo acusaron de intentar establecer paneles de la muerte para los ancianos. Esta vez, es su gran acuerdo de política exterior el que es atacado, y los alegatos no cambiaron.

El acuerdo nuclear de Irán aparentemente creará un panel de la muerte para Israel. La diferencia en 2015 es que Obama ya trabaja con los legisladores. Su legado, y el futuro del Medio Oriente, depende de si el acuerdo sobrevive a la votación del próximo mes en el Capitolio.

¿Sobrevivirá? Eso depende del propio partido de Obama. Para todo el mundo, los legisladores republicanos se oponen al acuerdo, de una forma un poco apocalíptica. Incluso los ex aislacionistas, como Rand Paul, quien también está en el podio de Fox, ahora manejan una línea dura sobre la República Islámica. Al igual que con el Obamacare, el acuerdo de Irán dependerá de los votos demócratas. Muchos están indecisos. Para salvar el acuerdo, Obama debe utilizar su poder de veto para anular un voto mayoritario en contra casi seguro. Necesitará una tercera parte de cualquiera de las cámaras para sostener su veto. Esto significa que 34 de los 46 senadores demócratas o 145 de los 188 legisladores demócratas.

Se reduce a si él, o Benjamin Netanyahu, el primer ministro israelí, tienen más influencia con los demócratas indecisos. El jefe entre ellos es Chuck Schumer, senador por Nueva York y probablemente el próximo líder de los demócratas en el Senado. Netanyahu dijo que está en juego la supervivencia de Israel como nación. De hecho, es la seguridad de su trabajo como líder del país la que está en la balanza. Construyó su carrera mediante la exageración de la amenaza de la existencia de Irán. Su coalición controla solo 61 de los 120 escaños de la Knéset. Rompió todas las reglas en marzo cuando habló ante el Congreso de EU contra la iniciativa en la que trabajó el presidente. Nunca antes un aliado extranjero habia hecho algo tan grave. Después de destrozar una vez las reglas, no tiene nada que perder. La Comisión de Asuntos Públicos Estadounidense-Israelí y sus aliados planean gastar hasta 40 millones de dólares (mdd) para cabildear contra el acuerdo. Gran parte de esa suma se destinará a Schumer. Netanyahu realizará llamadas tan ferozmente como Obama.

Es fácil olvidar que la legislatura de Estados Unidos se supone que debe evaluar lo que es de interés nacional para EU. Pero la verdadera tarea de Obama es convencer a sus compañeros demócratas que será bueno para la seguridad de Israel. En el papel, esto debe ser sencillo. Aunque no está declarado, se estima que Israel tiene 80 ojivas nucleares. También tiene una ‘triada’ de capacidades, puede lanzar misiles de aire, mar y tierra. Los opositores del acuerdo dicen que va a desatar una carrera armamentista en Medio Oriente.

Pero como Bruce Riedel, un ex alto funcionario de la Agencia Central de Inteligencia, lo llama: “Una carrera armamentista nuclear está en marcha en Medio Oriente desde hace 65 años. Israel la ganó”. Al menos para los siguientes 15 años, el acuerdo de Irán de Obama consolida la posición de Israel como el único estado con armas nucleares en Medio Oriente.

Los aliados de Netanyahu dicen que el acuerdo va a descongelar 150 mil mdd para que Irán lo gaste en terrorismo. Esto es absurdo en varios niveles. En primer lugar, El Departamento del Tesoro de EU dice que sólo se van a repatriar 55 mil mdd en activos. Mucho seguirán congelados bajo las sanciones que no se relacionan con el programa nuclear de Irán.

En segundo lugar, Irán ya gasta lo que quiere en sus representantes regionales: a diferencia de las armas nucleares, el terrorismo es negocio barato. Con al menos 3 mil mdd en ayuda militar estadounidense -y más que prometió Obama- Israel tiene la capacidad suficiente para seguir derrotando a Hezbolá y Hamas en el campo de batalla.

En tercer lugar, Irán sufre de un atraso en trabajos de infraestructura que se estima en 500 mil mdd, de los cuales se necesitan hasta 200 mil mdd para restaurar su industria petrolera. Se eligió al gobierno de Irán por su promesa de restaurar el crecimiento económico. Perderá el poder si desperdicia demasiados ingresos en temeridad política en el extranjero.

¿El rechazo del Congreso llevaría a un mejor acuerdo? Esta es la línea que manejan con más frecuencia los críticos. Es una fantasía. En lugar de hacer que Irán regrese a la mesa de negociaciones, el rechazo unilateral de Estados Unidos sobre un acuerdo que negoció alejará a sus propios socios. La situación no se puede cambiar. Países como China, Rusia y la India dejaron claro que van a reanudar los lazos comerciales con Irán independientemente de lo que haga el Congreso de EU. Incluso los tres de Europa -el Reino Unido, Francia y Alemania- probablemente sigan adelante. Un rechazo de EU le dará a los iraníes de línea dura una luz verde para reanudar su agenda nuclear. En lugar de esperar una década o más, Teherán podría desarrollar una ojiva en unos cuantos meses, de acuerdo con la Agencia Internacional de Energía Atómica.

Los hechos, como dicen, son persistentes. Pero la percepción importa más. Lo más probable es que Obama pueda reunir el apoyo suficiente para mantener este acuerdo. Pero será algo cerrado. Él o Netanyahu terminarán victoriosos este verano.