Las economías son muy fuertes para que ISIS las destruya

El grupo yihadista formó un Estado dentro de Siria e Irak al controlar la industria petrolera, pero una marca transfronteriza de terrorismo no es algo similar a la guerra.
John Gapper es Editor asociado del FT, escribe sobre tendencias y estrategias de negocios
John Gapper es Editor asociado del FT, escribe sobre tendencias y estrategias de negocios (Foto: Cortesía)

A dos semanas del ataque a París, es difícil nombrar los negocios que eligieron los terroristas. Los recintos públicos -el teatro Bataclan y el Stade de France- son lugares memorables. Los cafés y bares del este de París -Le Carillon, Comptoir Voltaire, La Belle Equipe- no eran simbólicos por sí mismos. Eran lugares ordinarios para que las personas se reunieran.

Los ataques, a pesar del terrible derramamiento de sangre, tampoco tuvieron un profundo impacto psicológico en la ciudad. Hay ventanas rotas y algunos daños por las bombas, pero de cualquier forma, París sobrevive igual que antes. En cuanto a trastornar la infraestructura física o económica -los suministros de energía, las comunicaciones o las cadenas de suministro de Francia- tal vez no es algo que le preocupe a ISIS. Se compara el modelo transnacional de operación de Al Qaeda con las franquicias globales: grupos semiindependientes adoptaron su marca para organizar y llevar a cabo sus propios atentados.

Al juzgar por lo que sucedió en París, ISIS prefiere externalizar. Desde su cadena de suministros de armamento militar hasta la planeación de las explosiones transfronterizas, es una multinacional. “Diseñado en Siria. Fabricado en Bélgica”, puede ser su lema. Sin embargo, el impacto económico de los terroristas islamistas, quienes están obsesionados con provocar la mayor cantidad de muertes posibles, normalmente es mínimo, aparte del turismo y los viajes.

La cifra de muertos en Paris fue alto, pero su alcance financiero fue menor que la explosión accidental de la planta alemana de químicos en 2012. Mató a dos trabajadores y detuvo la producción de una resina que se utiliza en partes de frenos y combustible que, a su vez, llevaron a una escasez de suministros en las automotrices estadounidenses y europeas.

Tan sólo por esta razón, el discurso de guerra contra ISIS que dio el presidente francés, Françoise Hollande, está equivocado. ISIS formó un estado dentro de Siria e Irak al controlar la industria petrolera dentro de sus territorios, pero una marca transfronteriza de terrorismo no es algo similar a la guerra. Matar gente es terrible, pero es no es suficiente en la guerra: debes destruir infraestructura y reducir los suministros, como lo hicieron los nazis en la década de lo años 40 al bombardear los puertos del este de Londres.

El terrorismo islamista, que a mediados de la década de 1990 superó las formas de insurrección de la izquierda en el que las industrias y los líderes empresariales eran los objetivos principales, no hace nada de eso. Intenta alentar un choque de civilizaciones al fomentar el terror en lo que ISIS llama “la zona gris”, las millones de personas que no quieren quedar atrapadas en un califato y prefieren disfrutar su libertad en otra parte. Debajo de la retórica feroz sobre “tener como objetivo la capital de la prostitución y el vicio” en París, ISIS reconoce una realidad: que le gustaría destruir la economía francesa, pero no puede.

La mayoría de los ataques terroristas, incluso los de Paris, son pequeños y focalizados: si no te encuentras en una zona cercana en el momento, no estás en peligro. También refleja la resistencia de las modernas economías diversificadas. Hay algunos puntos que se congestionan en la infraestructura de electricidad y comunicaciones, pero la mayor parte están bien custodiadas, los blancos fáciles de los terroristas tienen una importancia financiera menos crítica.

“Es posible que las compañías sufran, pero las industrias en su conjunto son muy robustas”, dice Yossi Sheffi, profesor del Instituto Tecnológico de Massachusetts. Con el fin de crear un daño a largo plazo, el terrorismo tiene que ser constante, enfocado y dirigido a un área pequeña.

Los ataques de París tal vez abollen la economía francesa y la de otros países europeos si los gobiernos responden -y algunos amenazan con hacerlo- con la reinstauración los controles fronterizos y debilitar el acuerdo de Schengen que permite el tránsito libre de personas y bienes. Los economistas de Citigroup advirtieron esta semana de “una creciente reacción negativa contra elementos clave de la globalización”.

ISIS le daría la bienvenida como un efecto económico secundario de su ofensiva religiosa, pero no es un hecho. Los ataques como el del World Trade Center y el atentado con bomba en el tren de Madrid de 2004 no redujeron el crecimiento del comercio global. La amortiguación del crecimiento comercial, que cayó a 3% en 2013 en comparación con un promedio de crecimiento de 7.1% entre 1987 y 2007, tiene otras causas.

La más significativa, de acuerdo con un estudio del Fondo Monetario Internacional, es equilibrar la fragmentación de la cadena de suministro y la “ida y vuelta” de los componentes industriales después de un crecimiento prolongado en la externalización de la producción europea y estadounidense en China y Asia. La globalización no se detuvo por el terrorismo o el proteccionismo comercial, sino porque llegó a un límite.

El terrorismo tiene su propia lógica. Fomenta el terror muy por encima del peligro que presenta y es una campaña de mercadotecnia para el reclutamiento. Hace lo que quieren sus planificadores que se haga. Pero cuando se compara con eventos naturales como terremotos, y el flujo y reflujo de la industria y el comercio, incluso el ataque más grande es económicamente menor.