Huma Abedin, estrella renuente de la escena política

Después de años tras bambalinas, la aliada cercana a Hillary Clinton participó en un documental y se arriesga a ser juzgada por el público.
"Abedin se mantiene serena e imperturbable cuando explota el escándalo; tiene una piel tan gruesa como su mentora ”.
"Abedin se mantiene serena e imperturbable cuando explota el escándalo; tiene una piel tan gruesa como su mentora ”. (Foto: Shutterstock)

En una recaudación de fondos en Manhattan en 2013, Anthony Weiner, candidato a la alcaldía de Nueva York y excongresista en desgracia, presentó a sus invitados a una mujer a la que veían a menudo, pero que rara vez escuchaban: su esposa, Huma Abedin.

Ya habían pasado dos años desde que Weiner envió accidentalmente una fotografía de sus boxers con un bulto a sus 45,000 seguidores en Twitter, un hecho que hizo que su apellido (que se asemeja a wiener, salchicha en inglés) sonara más ridículo. Renunció poco después.

Cuando Weiner lanzó su regreso a la política, permitió que unos documentalistas hicieran una crónica en vivo de la campaña. Esa película se acaba de estrenar con buen recibimiento de la crítica, y un foco de atención incómodo para Abedin, quien cumple 40 años el próximo mes. Ella se mantuvo tras bambalinas durante dos décadas como la “asistente” en jefe y confidente de Hillary Clinton, y la siguió de su oficina como primera dama a la de senadora, después como secretaria de Estado y continuó a su lado durante dos campañas presidenciales.

En el documental se ve a Abedin cuando habla a nombre de su esposo en la recaudación de fondos de 2013 y muestra a Weiner mientras bromea con la audiencia diciendo que ver a su mujer es un acontecimiento poco común, una sensación similar a “ver películas sonoras por primera vez”. En el fondo, su esposa se ve incómoda

Es un momento revelador, uno de muchos en la película. Su estreno llega justo a tiempo para causar estragos en la campaña presidencial de Clinton ahora que se prepara para enfrentar a Donald Trump.

Oficialmente, Abedin trabaja como vicepresidenta de campaña, pero de manera no oficial, es una de las asesoras más cercanas a Clinton.

Abedin ya enfrenta el escrutinio por su participación en el uso de Hillary de un servidor de correo privado mientras era secretaria de Estado, y por su acuerdo de trabajo poco común con Clinton en esa misma etapa. Se espera que un tribunal federal de EU escuche el testimonio de Abedin a finales de este año sobre el servidor de correo electrónico de Clinton y las condiciones de su contrato en el Departamento de Estado que le permitía recibir un sueldo del gobierno y al mismo tiempo trabajar como contratista para la firma privada de consultoría, Teneo. Este es un caso que presentó un regulador conservador.

Las consecuencias de Weiner se ven menos graves. Pero la película es una historia esclarecedora de una figura clave en el aparato de Clinton y que llega a parecerse a su jefa en más de una forma.

Abedin nació en Michigan en 1976 de una madre de origen indio y un padre de origen paquistaní. Los dos fueron académicos y ella pasó gran parte de su infancia en Arabia Saudita, donde su padre fundó un grupo de expertos. Regresó a EU para ir a la Universidad George Washington. En 1996, empezó a trabajar como becaria para Clinton.

Sus colegas dicen que Abedin considera a Clinton en parte una amiga, en parte jefa y en parte una madre sustituta. El sentimiento de Clinton es recíproco. “Tengo una hija”, dijo la candidata demócrata puntera en la boda de Abedin con Weiner en 2010. “Pero si tuviera una segunda hija sería Huma”.

Fueron los Clinton quienes ayudaron con la presentación de Abedin y su futuro marido, un favor del que ahora pueden arrepentirse. El escándalo original del sexting de Weiner causó poco daño colateral en el imperio Clinton, pero el surgimiento posterior de más sexting durante su carrera por la alcaldía sí lo tuvo.

El documental se desarrolla durante el curso de ese escándalo posterior, cuando Abedin se encontraba dividida entre su lealtad a los Clinton, que se sabe le pidieron que se distanciara de la campaña de Weiner, y la lealtad a su marido, cuyas súplicas para que ella apareciera con él en los eventos públicos son rechazadas.

Abedin se mantiene extrañamente serena e imperturbable, incluso cuando explota el escándalo personal a su alrededor; una muestra de que tiene una piel tan gruesa como su mentora. Cuando Abedin se entera de que se desató un nuevo escándalo, no grita ni llora. Y tras una reunión difícil con el personal de su esposo, le recuerda al director de comunicación que sonría cuando salga del edificio para no dañar la “óptica” de la campaña.

Una pregunta de fondo en la película es por qué eligió permanecer con su marido, con quien tiene un hijo pequeño. Y una incluso más grande, es por qué accedieron a participar en este documental. Esa pregunta la hace directamente el documentalista a Weiner. Para él, la respuesta es simple. Después de ser blanco de muchos chistes, por su escándalo de sexting como por su desafortunado apellido, Weiner está listo para que lo vean como un ser humano completo, aunque imperfecto.

El razonamiento de Abedin es más complejo. Parece que tenía la esperanza de que el documental y la candidatura por la alcaldía pudieran ayudar en su propia redención. Weiner revela que ella quería que él regresara a ser el centro de atención. “Estaba ansiosa por recuperar la vida que le quité”, explica, una referencia indirecta a su anterior estatus de pareja de oro de Washington.

Hacia el final de la película queda claro que la fallida carrera por la alcaldía no le devolvió la vida que Abedin tenía en mente. Si tendrá mejor suerte con Clinton, será otra cuestión.