Hillary contra el capitalismo trimestral

Su mediocridad en su gira política le preocupa a sus seguidores, ella no es Bill Clinton o Barack Obama. Pero incluso sus detractores admiten su apetito por las nuevas formas de pensar
Edward  Luce. Comentarista político y  columnista en Washington, D.C. Escribe semanalmente para el Financial Times sobre economía y política exterior de Estados Unidos.
Edward Luce. Comentarista político y columnista en Washington, D.C. Escribe semanalmente para el Financial Times sobre economía y política exterior de Estados Unidos. (Foto: Cortesía )

EUA

Las probabilidades de que Clinton sea la próxima presidenta, son buenas, lo que la colocaría en una gran posición para emprender una guerra contra el “capitalismo trimestral”, como lo llama. Incluso puede obtener victorias. Terminar con la tiranía de las ganancias trimestrales es una idea que está en marcha.

El caso para reformar al capitalismo de accionistas es fuerte. El nivel de inversión estadounidense se encuentra en su nivel más bajo desde 1947. El año pasado, de acuerdo con Goldman Sachs, las empresas del S&P 500 gastaron más de 500 mil millones de dólares (mdd) en recompras de acciones. Este año se espera que llegue a 600 mil mdd.

Mientras más se mantenga este círculo, más intrigante se vuelve la sequía de inversiones. Con utilidades saludables y un costo de capital cercano a cero, ahora debe ser el momento para establecer los planes para el futuro. Las inversiones de hoy rinden dividendos mañana. Pero las empresas que cotizan en bolsa optan de manera casi uniforme por los dividendos del día de hoy. Por cada dólar que gastan en inversión las principales empresas públicas de EU, regresan ocho o nueve dólares a los accionistas.

Las corporaciones norteamericanas están atrapadas en un pesimismo autocomplaciente. Mientras crean que el crecimiento de Estados Unidos no superará aproximadamente 2% al año, no van a apostar por una expansión en el futuro, lo que lleva a lo que temen. En un mundo perfecto, el sector público estadounidense compensaría el ahorro del sector privado al ejecutar déficits fiscales. Pero eso es políticamente imposible.

El mérito de la idea de Clinton es que intentará encender los espíritus animales los inversores sin ampliar al gobierno. Los incentivos de la actualidad irremediablemente se inclinan hacia el impulso del precio de las acciones en el corto plazo. Así es como se recompensa a los jefes empresariales. Clinton tiene razón en señalar que Estados Unidos cambió poco a causa de eso.

Pero su solución no iguala al diagnóstico. Ella va a introducir una escala gradual de impuestos para ganancias de capital que se reducirá con la reducción de la inversión. Aquellos que tengan su participación durante al menos seis años pagarán un impuesto más bajo por ganancias de capital de 20 por ciento.

Los que vendan dentro de los dos primeros años pagarán casi el doble. Es de dudar que este remiendo sea suficiente para alterar los horizontes de tiempo de los inversores. El atractivo de un pájaro en mano todavía superará a un ciento volando.

Muchos grandes inversores, incluyendo a los fondos de pensiones, ya están exentos de impuestos. Tampoco es probable que su propuesta pueda disuadir a los accionistas activistas, cuyas ganancias al tener como rehenes a altos ejecutivos superará cualquier nueva sanción. Mientras los paquetes de compensación de los presidentes ejecutivos se establezcan por el precio de las acciones, es poco probable que cambien.

Sin embargo, Clinton se aventura a donde otros temen pisar. El capitalismo trimestral fue el rey durante la administración de Bill Clinton en la década de los 90. Todavía rige a la derecha. El la marca principal en el lado republicano al día de hoy es su aversión por las nuevas ideas. Con la humilde excepción de  Marco Rubio, quien sufrió por ello, todos los candidatos proponen reducciones fiscales que llegan a los titulares, y poco más. Es como si la última década no hubiera pasado.

El Partido Republicano se mantiene igual que siempre atrapado en la forma de pensar del lado de la oferta de la década de los 80. El economista Arthur Laffer, quien popularizó la idea de que los recortes de impuestos siempre se pagan por sí mismos, se mantiene como el santo patrón de los aspirantes republicanos. Cualquier cosa que contradiga ese edicto es tabú.

Esto es tanto una mala economía como una mala política. En un momento de desigualdad récord y salarios estancados, mayores recortes de impuestos para los que ganan más en 2016 es probable que sea algo que los haga perder votos.

A la izquierda de Clinton, la gran idea es dividir los bancos “demasiados grandes para quebrar” y castigar a Wall Street por sus delitos. Hasta el momento, Clinton se resiste a ese tipo de populismo. Si Bernie Sanders, el socialista de Vermont, continúa con su buena aceptación en Iowa, tal vez eso podría cambiar. Pero si el tamaño de los bancos fue la causa de la crisis de 2008, a Canadá -con sólo un puñado más de los grandes- le habría ido peor que a EU. La política de romper con Wall Street electriza a los votantes de las primarias del Partido Demócrata, pero la economía es poco persuasiva.

La ventaja de la plataforma de Clinton es que es tanto precisa como popular. También cuenta con buena compañía. Cuando los críticos la acusan de la lucha de clases, ella puede hacer referencias a puntos similares que tocó Larry Fink, director de BlackRock, el mayor gestor de dinero en el mundo. Dominic Barton, director gerente de McKinsey, la consultora más conocida del mundo también está a bordo. Inventó el término de capitalismo trimestral. Muchos economistas, que incluyen a miembros de grupos de reflexión conservadores que buscan un candidato lo suficientemente audaz para estar de acuerdo con ellos, también se apuntaron. Su objetivo no es desplumar a los ricos, sino reparar al capitalismo.

¿Esas ideas pueden darle la presidencia a Hillary Clinton? La próxima elección de EU se va a pelear en la economía. Por el momento, Clinton tiene el campo político para ella. La izquierda no cuenta con un campeón convincente. La derecha se forma en un pelotón de fusilamiento circular. La puerta está totalmente abierta para el pensamiento original. Cualquiera que sean sus defectos como candidata, el instinto de Clinton es caminar a través de esa puerta.