Clinton saborea su hito de “primera dama”

Ya es la candidata, pero falta la batalla más importante, esa que la pondrá frente a un republicano que parece tener un trastorno de personalidad narcisista.
“Según Clinton, Trump aspira ganar al “meter miedo y poner sal en las heridas y recordarnos diariamente lo grandioso que es”. Según sus defensores, Trump ya comprendió que sentará las bases de su derrota si continúa menospreciando a grandes franjas de EU.”
“Según Clinton, Trump aspira ganar al “meter miedo y poner sal en las heridas y recordarnos diariamente lo grandioso que es”. Según sus defensores, Trump ya comprendió que sentará las bases de su derrota si continúa menospreciando a grandes franjas de EU.” (Ilustración: Shutterstock)

Hillary Clinton, la eterna candidata “inevitable”, finalmente le hizo honor a su apodo. Un siglo después de que Estados Unidos (EU) le dio a las mujeres el derecho al voto, y ocho años después de su primer intento, Clinton se convirtió en la primera mujer candidata en la historia de la nación.

Como el New York Post lo puso en su edición del miércoles pasado, la exprimera dama ahora es simplemente “la primera dama”. Fue un momento para saborear, y Clinton lo disfrutó por todo su valor. Sin embargo, su primer punto fue la ya familiar línea de que Donald Trump “tiene un temperamento no apto para ser presidente”. Una versión más corta se leería: “Estados Unidos, enfréntate a los bullies”.

La forma como Bernie Sanders actúe a partir de ahora hasta la convención del partido en julio, todavía es de gran importancia para Clinton. Al igual que el grado de apoyo que le den otros estandartes liberales, como Elizabeth Warren. Sin embargo, el enfoque principal no se alejará mucho de la volátil campaña de Trump.

La noche del pasado martes, tardíamente, aceptó el consejo de prácticamente todos los altos republicanos de dar un discurso más centrista y que evitara sus insultos habituales. Incluso utilizó un teleprompter para leer las líneas que claramente escribieron otros. La pregunta es: ¿puede Trump mantener este nuevo curso, o se seguirá superando cuando no haya un teleprompter que lo pueda limitar?

De acuerdo con Clinton, Trump aspira ganar al “meter miedo y poner sal en las heridas y recordarnos diariamente lo grandioso que es”. De acuerdo con sus defensores, Trump finalmente comprendió que sentará las bases de su derrota si continúa menospreciando a grandes franjas de EU. Esos días quedaron atrás. El curso de la elección depende de cuáles de estos cambios sean ciertos. La historia reciente sugiere que si bien pueden ser ambos. Trump ha fintado un par de veces tomar una dirección pragmática solo para dar marcha atrás rápidamente.

Algunos “trumpolgistas” creen que él, en el fondo, es un pragmático que volverá a adaptar su marca para adecuarse al electorado general. Otros señalan que Trump cree consistentemente en la retórica de Jackson de “EU primero” que lo llevó a través de las primarias. Pero hay una tercera -y en mi opinión es la mejor- explicación de que lo que impulsa el comportamiento aparentemente contraproducente de Trump, es un trastorno de personalidad narcisista (TPN). De acuerdo con la Mayo Clinic, el TPN es cuando alguien sufre de “un sentido inflado de importancia, una profunda necesidad de admiración y carece de empatía por los demás. Detrás de su máscara de extrema confianza se encuentra una autoestima frágil que es vulnerable a la más mínima crítica”.

Trump exhibe esas características en grandes dosis. Ignorar los consejos objetivos es una de las manifestaciones. Etiquetar a figuras independientes, como los jueces de origen mexicano, como enemigos raciales, es otra. La enorme creencia de su propia grandeza, junto con una piel notablemente fina, es la tercera. Todo eso sugiere que a Trump le será difí- cil seguir el consejo que tomó renuentemente el martes.

Volverá a caer en otro lapso autodestructivo en dos semanas como el último, donde insulte a las personas equivocadas, incluyendo a la líder hispana de su partido, Susana Martí- nez, la gobernadora de Nuevo México, y esto hará el trabajo de Clinton mucho más fácil. Contra casi cualquier otro oponente republicano, mucho más con uno que controle mejor sus impulsos, las probabilidades de Clinton se verían más débiles.

De hecho, el martes pasado, Clinton eludió la oportunidad de presentar un argumento más positivo para su presidencia. Su mensaje principal fue que Trump es psicológicamente incapaz para gobernar. Su segundo mensaje fue la naturaleza histórica de su candidatura. Todas las señales indican que esto será suficiente para llevarla a un umbral aún más histórico en noviembre.

El que este tipo de campaña siente las bases para una presidencia exitosa es otro asunto.

Edward Luce es comentarista político y columnista en Washington, D.C. Escribe semanalmente para el Financial Times sobre economía y política exterior de Estados Unidos.