Los bebés de Zuckerberg deben separarse

La responsabilidad moral que siente el fundador de la red social, con el nacimiento de su hija y Facebook como empresa rentable, deben mantenerse como ideales independientes.
“Dividir el papel como presidente  ejecutivo del idealista político de  Zuckerberg puede ser de ayuda”.
“Dividir el papel como presidente ejecutivo del idealista político de Zuckerberg puede ser de ayuda”. (Foto: Cortesía)

Todos los padres conocen la intoxicación biológica -al menos durante unas semanas de tener su primer hijo. Eso, además de vivir en California y ser un idealista de tecnología, puede explicar de alguna manera el tono sentimental de la carta de Mark Zuckerberg a su hija recién nacida, Max, en la que anunció que dedicará 99% de su fortuna de 45,000 millones de dólares (mdd) para buenas causas.

La promesa del fundador de Facebook, junto con su esposa Priscilla Chan, de “una responsabilidad moral para todos los niños de la siguiente generación” es conmovedora y genuina. También tiene un razonamiento calculado, que puede separar en dos cosas que se mezclaron en una sola estructura empresarial: Facebook y la filantropía. La “misión social” que declaró en Facebook cuando empezó a cotizar en bolsa en 2012 ahora tiene otra salida.

Warren Buffett no tiene un propósito social más alto para Berkshire Hathaway que lograr rendimientos sólidos para los accionistas; tampoco lo tenía Bill Gates para Microsoft cuando lo dirigía.

La fundación de 41,000 mdd de Bill y Melinda Gates, a la que Buffett prometió donar gran parte de su fortuna, es su vehículo principal para una empresa filantrópica o inversión de impacto social.

Al igual que Sergey Brin y Larry Page, los fundadores de Google, Zuckerberg hasta ahora combina la dirección de una corporación, la inversión en ideas descabelladas y hacer del mundo un lugar mejor.

Su carta a los inversionistas en la oferta pública inicial de Facebook fue más sobria que la carta a Max, pero compartía el mismo ideal de crear un “empoderamiento más directo de la gente”.

Page dio a conocer su separación de actividades al colocar a Google bajo Alphabet, un holding que llevará sus proyectos moonshot (alcances a la luna) a nuevas empresas, como globos de gran altitud para ampliar el acceso de internet a los países pobres y zonas remotas. Son inversiones a largo plazo del tipo que la nueva empresa de Zuckerberg puede hacer, aunque Alphabet no es una empresa filantrópica.

La iniciativa Chan Zuckerberg -el evocador nombre de su empresa conjunta, que buscará tener utilidades al igual que hacer donaciones- da un paso más. Los Chan Zuckerberg intentarán “hacer avanzar el potencial humano” y promover la igualdad social con medidas que van a incluir “inversiones a largo plazo durante 25, 50 o incluso 100 años”.

Esta es una manera más sencilla para buscar esos resultados que incluirlos como un objetivo secundario para una empresa que se centra en otras cosas, ya sea la red social o las búsquedas. Una postura ética ambiciosa suele poner incómodos a los inversores porque no saben qué es lo que implica. La misión de Facebook seguirá igual, pero esto le quita presión.

Zuckerberg estuvo cortejando a China -aprende el idioma y es un país que visita frecuentemente- aunque su carta para la OPI incluía un llamado para “una mayor responsabilidad de los funcionarios”, que probablemente caiga muy mal allá.

Dividir el papel como presidente ejecutivo del idealista político de Zuckerberg puede ser de ayuda.

Mientras que separar una empresa pública de una organización de filantropía privada le da una mayor claridad y libertad de maniobra a las dos, no vuelve a la segunda en algo más simple o barato. Zuckerberg le aseguró a su hija que sabe que 45,000 mdd es “una pequeña contribución” para cambiar al mundo, hasta parece una falsa humildad del multimillonario, pero tiene razón.

De alguna manera Zuckerberg sigue el ejemplo de Andrew Carnegie, el magnate acerero, que fundó una red de 1,700 bibliotecas públicas en EU. Carnegie argumentó en su ensayo, “The Gospel of Wealth” (“El Evangelio de la Riqueza”, 1889), que los industriales deben “ocuparse en la organización de actos benéficos que derivarán en ventajas perdurables para las masas de compatriotas”, en lugar de dejar su dinero a sus hijos.

Ellos se fijaron una tarea mucho más complicada que la que enfrentó Carnegie hace un siglo, es decir, encontrar formas innovadoras para hacer frente a los intrincados problemas mundiales.

Resolver lo que Zuckerberg le dice a Max es que “las mayores oportunidades y problemas que tu generación va a enfrentar” serán otro orden del desafío en la dirección de Facebook. “La nueva generación de filántropos quiere creer que hay una “solución” inteligente para cualquier problema”, escribió Sean Parker, empresario y exejecutivo de Facebook. Para algunos problemas, no las hay.

Zuckerberg aprendió las lecciones de su donación de 100 mdd en 2010 para apoyar la reforma de las escuelas de Nueva Jersey, que pronto volvieron a tener dificultades. El cambio de las sociedades requiere de más tiempo, más dinero y mayor voluntad para aguantar la frustración del lanzamiento de un nuevo producto. Es bastante difícil para una organización hacer una de ellas, mucho más hacer las dos.

Cuando Max crezca, su madre y su padre podrán enseñarle sobre eso. 

*John Gapper es editor asociado de FT, escribe sobre tendencias y estrategias de negocios.