El FMI: “No hay crisis”

A pesar de la agitación de los mercados, el instituto predice una mejora en la economía en el mundo.
Maurice Obstfeld, jefe economista del FMI, pronostica el crecimiento de los mercados emergentes, aunque tengan ajuste dificil por delante.
Maurice Obstfeld, jefe economista del FMI, pronostica el crecimiento de los mercados emergentes, aunque tengan ajuste dificil por delante. (Foto: Cortesía)

La actividad económica mundial permanece en una tendencia desigual, pero que mejora de forma gradual a pesar de la turbulencia en los mercados financieros. No obstante, la semana pasada el Fondo Monetario Internacional (FMI) rebajó nuevamente sus proyecciones.

Buscando desviar la atención del peor inicio de año del que se tiene memoria en los mercados bursátiles de Estados Unidos (EU), el FMI cree que los mercados financieros “reaccionan exageradamente” y esperan que tanto los países ricos como los pobres disfruten de mayores tasas de crecimiento en 2016 que en 2015.

Pero advierte que si continúa el estado de ánimo pesimista que hasta el momento se ve, se corre el riesgo de que el mundo pueda caer en una tercera etapa de la crisis financiera mundial, con “efectos de contagio más amplios”, lo que oscurece el panorama mundial.

En una actualización de las proyecciones económicas del fondo, la organización internacional dijo que es probable que el crecimiento pase de 3.1% en 2015 a 3.4% este año y 3.6% en 2017. Las revisiones para este año y el próximo tuvieron una reducción de 0.2 puntos porcentuales.

Se espera un incremento en la actividad en las economías avanzadas y en los mercados emergentes, aunque se espera que el crecimiento de China disminuya de 6.9% en 2015 a 6.3% en 2016.

Muchos participantes de los mercados financieros son más pesimistas acerca de las perspectivas de China, pero Maurice Obstfeld, jefe economista del FMI, dijo a FT que el fondo “no da su brazo a torcer”.

Instó a Beijing, que el martes pasado publicó una cifra de crecimiento de 6.9% para 2015, a ser abierto acerca de las intenciones que tiene el gobierno para el yuan, que este año ya cayó en su paridad con el dólar estadounidense. Los participantes del mercado financiero se muestran preocupados de que la actividad económica china pueda caer hasta pararse y que el gobierno trate de manipular la moneda en un intento para regresar al país a un crecimiento impulsado por las exportaciones.

“La recomendación para las autoridades chinas es que aclaren sus intenciones. China necesita una comunicación clara y creíble con los mercados”, dijo Obstfeld. Esto es necesario porque “los mercados financieros exageran en su reacción al ver muchas cosas atemorizantes”, dijo.

Ya que los consumidores de las economías avanzadas se benefician por los bajos precios del petróleo, el FMI también pronostica un incremento en el crecimiento de los mercados emergentes bajo el supuesto de que las recesiones en Brasil y China sean moderadas mientras que el crecimiento se acelera en grandes economías como la India.

Si bien el informe del FMI reconoce el riesgo de que las depreciaciones frente al dólar pueden debilitar a muchas empresas de mercados emergentes que se endeudaron en moneda estadunidense, Obstfeld dijo que no espera una nueva crisis financiera.

“Sin duda los mercados emergentes tienen un ajuste difícil por delante y tendrán que mejorar sus modelos económicos y marcos de políticas para regresar a un sólido crecimiento potencial, pero esto no implica una crisis”, dijo.

El fondo espera que la fuerte caída en los precios del petróleo impulse el consumo y el crecimiento global, pero dijo que los efectos positivos serán más pequeños de lo normal debido a que los exportadores petroleros que sufren de restricciones de presupuesto no podrán adaptarse suavemente, la inversión de las empresas petroleras cayó de forma drástica y las débiles finanzas de los hogares frenaron el repunte normal en el consumo entre los usuarios de petróleo.

Como respuesta a una recuperación más débil de la esperada, el FMI recomendó continuar una política monetaria flexible y una política fiscal de “apoyo” en países con finanzas públicas sólidas. En las economías emergentes, recomendó hacer esfuerzos para manejar las vulnerabilidades y reconstruir la resistencia frente a las crisis.