EU: el testigo silencioso de Grecia

El gobierno de Obama y el FMI estaban listos para defender la esquina de Grecia con sus acreedores europeos. Pero las payasadas del gobierno de Syriza le hicieron la vida imposible a los griegos
Edward Luce Comentarista político y columnista en Washington, D.C. Escribe semanalmente para el Financial Times sobre economía y política exterior de Estados Unidos.
Edward Luce Comentarista político y columnista en Washington, D.C. Escribe semanalmente para el Financial Times sobre economía y política exterior de Estados Unidos. (Foto: Shutterstock)

USA

En la demonología de la izquierda, Estados Unidos es una superpotencia autoritaria que equipara al poder con la derecha. Se entromete en los asuntos de otras personas y les da forma a su voluntad. Nada de esto está más equivocado que en Grecia. Los teóricos de la conspiración de Syriza pueden ver complots neoimperialistas detrás de cada árbol. La realidad es muy diferente.

Desde hace mucho tiempo, Estados Unidos insta a Europa a cancelar algunas de las deudas de Grecia a cambio de la reestructuración, pero no tuvo resultados. En Europa, EU no es ni fuerte ni está mal, sino débil y está bien.

¿Puede ejercer más influencia? La respuesta debe ser que sí. EU tiene dos intereses vitales para prevenir la salida de Grecia de la Unión Europea. El primero es económico. Aunque la economía griega es sólo del tamaño de la del estado de Oregon un impago total puede debilitar el crecimiento en los principales socios comerciales de Estados Unidos.

Además de moderar el crecimiento de las exportaciones de EU, una salida de Grecia de la Unión Europea puede extenderse a los mercados mundiales. Nadie puede predecir ahora cómo o con qué magnitud. Pero el riesgo de contagio de la salida griega pesa en la Reserva Federal de EU. La incógnita más grande sobre su retorno a las tasas normales de interés se encuentra en el mar Egeo.

La segunda es geopolítica. El mes pasado, EU convenció a la Unión Europea de renovar las sanciones a Rusia por seis meses más. Pero fue un peso más difícil de levantar que antes. A través de una mezcla de diplomacia enérgica, desinformación y otras herramientas, Vladimir Putin intenta sembrar la discordia.

Hasta el momento sólo obtuvo un éxito limitado, principalmente en Europa central. Una salida de Grecia haría su tarea más fácil. Los Balcanes son un objetivo natural. El gobierno novato de Grecia alberga una afinidad por Rusia, la que Putin intentará aprovechar. Es posible que pudiera salir del euro, pero permanecer como miembro de la Unión Europea, como el Reino Unido. Ese podría ser el resultado menos malo. También puede ser el inicio de una reacción en cadena que resultaría en la salida de Grecia de la Unión Europea y de la OTAN.

Grecia le debe a sus acreedores de la Unión Europea cientos de miles de millones de euros. En comparación, la exposición directa de EU es mínima, no mucho más que su participación del préstamo de 24 mil millones de dólares para Grecia. Estados Unidos tampoco va a comprar una mayor influencia al apoyar un paquete más grande del FMI. En el caso improbable de que Grecia estuviera en una posición para negociar uno, es difícil creer que el Congreso lo apruebe.

Por otra parte, la crisis griega plantea una amenaza existencial para el euro, que es la herramienta principal de la integración europea. Por el contrario, la vida en EU después de la salida griega continuaría prácticamente igual que antes. Ya que Estados Unidos tiene tan poco interés en el partido, ¿por qué los europeos deben prestar más atención?

La respuesta está en el pasado y en el futuro. Al inicio del proyecto europeo se le da la fecha del Tratado de Roma de 1957. De hecho, empezó diez años antes en Grecia, cuando una agotada Gran Bretaña pasó la batuta a Estados Unidos. Sin la doctrina Truman, y su derrota de la insurgencia comunista griega prosoviética, es difícil creer que pudiera haber nacido una Europa moderna. Sin el programa de ayuda del Plan Marshall de Estados Unidos, es difícil ver cómo habría podido vivir.

La suscripción de seguridad de Europa por parte de Estados Unidos no llegó a su fin con la caída del Muro de Berlín. En la década de los 90, EU fue el que puso fin a la guerra destructiva de los Balcanes. Le tomó tres años a Washington poner de su lado a las principales potencias de Europa. Pero por la intervención de Estados Unidos es posible que ahora los Balcanes se encuentren dentro de la zona de influencia de Rusia.

La mayoría de los miembros de la OTAN, incluyendo a la nuevamente agotada Gran Bretaña, no alcanza el objetivo de gasto de defensa del grupo de 2% del PIB. El propósito para fundar la OTAN fue “mantener a los rusos afuera, a los estadounidenses dentro, y a Alemania sometida”, como dice el chiste. Sólo cambió la forma de pensar alemana. Pero, en términos de política exterior, Alemania prefiere mantenerse sometida. A pesar de la anexión de Crimea a Rusia el año pasado, su presupuesto de defensa sólo es de 1.2% del PIB.

Es posible que los eventos tengan un camino más feliz. Grecia puede cambiar las cosas. Rusia puede decidir retirarse de sus incursiones en Europa central. Sin embargo, si las cosas siguen deslizándose, la voz de Estados Unidos tendrá que ser más fuerte. Richard Nixon alguna vez advirtió que Estados Unidos se convertía en un “gigante lamentable e impotente”.