La próxima respuesta hispana en EU

Los hispanos en California lograron casi desaparecer a los republicanos en el gobierno estatal en 1994, ahora podrían inclinar la carrera presidencial.
“La crisis de inmigración en EU se terminó y hasta empieza a dar marcha atrás”.
“La crisis de inmigración en EU se terminó y hasta empieza a dar marcha atrás”. (Ilustración: Shutterstock)

¿Qué queremos? Pregunta Donald Trump a la multitud. “¡Un muro!”, responden. ¿Quién va a pagar por eso? “¡México!” La pregunta que Trump nunca hace: ¿quién va a votar en cantidades históricas en mi contra? “¡Los hispanos!” sería la respuesta. Esto es casi seguro que ocurra. A medida que avanza la cuenta regresiva para el final de las primarias en California, los conservadores pueden realizar otra pregunta: ¿queremos que al Partido Republicano le suceda lo que le pasó en el estado de oro? Si la respuesta es no, que es como debería de ser, ¿por qué Trump es el líder de sus urnas?

Si quieres una mirada al futuro de EU, dale un vistazo a California. En 2014, cuando Trump consideraba competir para la Casa Blanca, el estado cruzaba el punto de no retorno. El número de hispanos superó al número de blancos. Dos años antes, California llegó a un hito político relacionado. Por primera vez no eligió a un solo republicano a nivel estatal. No solo el gobernador del estado, Jerry Brown, era demócrata, dos terceras partes de cada cámara legislativa también. El estado que produjo a Ronald Reagan y Richard Nixon relegó al partido a una minoría a prueba de veto, que es donde probablemente se quede.

Trump traza una ruta similar para el partido nacional. En la última elección presidencial en 2012, Mitt Romney recibió 27% del voto hispano, una marcada caída en comparación con lo que logró George W Bush. Un factor clave para la derrota de Romney: instó a los hispanos a “autodeportarse”. Trump elevó el nivel al referirse a los mexicanos indocumentados como “violadores” y “asesinos” y prometer deportarlos a la fuerza. Entre los hispanos, sus encuestas apenas llegan a dos dígitos. Hace una generación, los latinoamericanos se concentraban en California, Texas y Chicago. Ahora se reparten a nivel nacional en Colorado, Carolina del Norte, Florida y Virginia, los electores hispanos no cubanos pueden inclinar la carrera presidencial. Las señales indican tienen la determinación de hacerlo en 2016.

Univision, la cadena de televisión dominante en idioma español, es líder de una campaña para registrar a tres millones de electores nuevos hispanos, encabezada por el periodista, Jorge Ramos, a quien el año pasado Trump hizo que lo retiraran físicamente de una conferencia de prensa. Cada vez que un hispano enciende su televisor, o entra a su página de Facebook, se le insta a que se registre. Univision es aún más omnipresente que su campaña. Sus índices de audiencia a menudo superan las de los canales de habla inglesa. Si Univision logra sus objetivos de registro de electores, es difícil ver ganar a Trump.

Eso es solo el principio. Los hispanoamericanos son más jóvenes que sus pares blancos, lo que significa que van a votar en una proporción cada vez mayor. El promedio de edad de los hispanos es de 28 años, según Pew Research Center: Hispanic Trends, en comparación con 43 años de los blancos. Mientras más joven es la escala de edad, la proporción de los hispanos es más alta. El año pasado, por primera vez, los blancos cayeron por debajo de la mitad de todos los estadounidenses de menos de cinco años. En ese punto era donde se encontraba California hace 30 años. Después llegó Pete Wilson, un go­bernador republicano, quien en 1994 presentó la propuesta 187, que prohibía a los inmigrantes indocumentados el uso de los servicios que no eran de emergencia y creó un sistema de revisión para identifi­carlos. Para los hispanos con documentos y con registro electoral, la “Prop 187” fue el equivalente al muro de Trump. Desde ese momento, los republicanos de Cali­fornia se fueron para abajo.

Hay dos grandes ironías en el próximo choque de trenes de los hispanos con Trump. La primera es que la protesta con­tra los inmigrantes indocumentados va con retraso. En los últimos cinco años, más de un millón de personas siguieron el consejo de Romney y se “autodepor­taron”. El número cayó de 12.7 millones a 11 millones, según el censo de EU. La crisis de inmigración en EU se terminó y hasta empieza a dar marcha atrás. El número de personas que atraparon en la frontera de EU-México el primer trimestre de 2016 cayó a su nivel más bajo desde 1969, según la patrulla fronteriza de EU. En la política lo importante es la percepción, no la realidad, y esos hechos tienen poca influencia en los seguidores de Trump, quienes ven una relación entre los salarios y el impacto de la mano de obra ilegal.

La segunda ironía: los republicanos ya estuvieron en esta situación. Es probable que el partido pague el precio de su amnesia. En la década de 1920, el partido republicano con una mayoría protestante presionó para mantener alejados a los católicos recién llegados. El torrente de sicilianos, irlandeses y polacos se redujeron al mínimo. De este modo, los republicanos pusieron la base de lealtad católica al partido demócrata para la siguiente generación. Fue hasta la década de 1980 que “los demócratas de Reagan” pudieron votar por un republicano.

¿Durante cuánto tiempo pagarán los republicanos la retórica de Trump contra los hispanos? Si la historia sirve de referencia, mucho tiempo. Si el futuro de EU ofrece otra, la nominación de Trump puede marcar un punto de no retorno. California ofrece la señal de advertencia, por así decirlo, escrita en un muro que los repu­blicanos sí pagarán.

* Edward Luce es comentarista político y columnista en Washington, D.C. Escribe semanalmente para el Financial Timessobre economía y política exterior de Estados Unidos.