Francisco, la superestrella pone su fe en la ciencia

Este papa no solo defiende a los pobres de todo el mundo, también se preocupa por el cambio climático y moviliza a las masas para evitar la degradación ambiental
El papa Francisco, un jesuita que hizo de  la defensa de los pobres su vocación
El papa Francisco, un jesuita que hizo de la defensa de los pobres su vocación

La primera pista no fue el denso humo blanco que salía de la chimenea del Vaticano que anunciaba al nuevo papa. Fue la elección del nombre del papa. Jorge Mario Bergoglio, un prelado argentino poco conocido en 2013, tomó su nombre en honor a San Francisco de Asís, el fraile del siglo 13 emblemático por su cristiana reverencia hacia la naturaleza. Este santo “ecológico”, dijo el papa, “es un hombre de la pobreza, un hombre de paz, un hombre que ama y salvaguarda la creación”.

Por ello, la más reciente encíclica de Francisco -la mayor expresión de la enseñanza papal- versó sobre ecología y pobreza. Es, al mismo tiempo, una obra de teología moral que ordena a los católicos a renunciar a la cultura consumista que alimenta la degradación ambiental, la cual golpea de manera desproporcionada a los pobres y a los vulnerables, y es un enorme apoyo a la evidencia científica de un cambio climático por causa del hombre.

Su momento, antes de la Cumbre del Clima de las Naciones Unidas, en diciembre en París, es impecable. Movilizar la popularidad de superestrella del papa Francisco -a la cabeza de un grupo conceptual de mil 200 millones de católicos y con más de 20 millones de seguidores en Twitter- es como dejar caer una roca en una alberca llena de guijarros.

Los escépticos del cambio climático desestiman el pronunciamiento como ciencia basada en la fe. La mayoría de los católicos quizá le den la bienvenida como la alineación de la fe y la ciencia, y colocarán a los que lo niegan en el lado equivocado de un debate contemporáneo de Galileo, la venganza del astrónomo del siglo 17, cuya observación acerca de que la Tierra gira alrededor del sol, a quien la inquisición declaró un hereje.

La encíclica ecológica, titulada Laudato Si (Alabado Sea) en honor al himno de San Francisco de Asís “Cántico del Sol”, no está exenta de problemas. A pesar del enorme costo para el medio ambiente, el crecimiento económico que impulsan los combustibles fósiles, después de todo, sacó a cientos de millones personas de la pobreza en países como China y la India. Y las palabras del papa confirman su bien establecida desconfianza del capitalismo de libre mercado.

Al igualar “el grito de la Tierra con el grito de los pobres”, el papa Francisco escribe que “tenemos que rechazar la concepción mágica del mercado”, donde los problemas se resuelven al aumentar la producción económica y las utilidades. Anteriormente, desestimó “teorías de que se filtran”, que le roban a la humanidad la solidaridad, y denunció “la idolatría del dinero y la dictadura de una economía impersonal a la que le falta un verdadero propósito humano”. En este llamado ecológico a las armas, es como si él viera a los líderes políticos y empresariales en colusión para planear la obsolescencia de las personas y del planeta.

Este tratado enfatiza el costo que le imponen a los países pobres los países ricos, que han hecho más para aumentar la cantidad mundial de los gases de efecto invernadero a través de los fenómenos que se relacionan con el calentamiento global como la deforestación, la desertificación, la escasez de agua y las inundaciones catastróficas. Las técnicas para reducir las emisiones globales, como las operaciones de créditos de carbono, se ven como una especulación que favorece a los que tienen contra los que no tienen.

Hubo arrebatos de reacciones furiosas a la última incursión del papa en los asuntos públicos, especialmente en Estados Unidos. Las tonterías de Fox News -el papa es un marxista, dijo un comentarista- es algo que recuerda a un comentario de otro prelado latinoamericano hace medio siglo, cuando la Iglesia intentó, por última vez, la renovación que ahora busca Francisco. “Cuando le doy comida a los pobres, me consideran un santo”, fue la observación de Héider Camara, un arzobispo brasileño. “Pero cuando pregunto por qué son pobres, me llaman comunista”.

El papa Francisco, un jesuita que hizo de la defensa de los pobres su vocación por los pobres su misión rectora y ordenó a los sacerdotes católicos a ser “pastores...que viven con el olor de las ovejas”, logró pronto dar su represalia. También reconoció que algunas de las personas que escuchan a los católicos hablar sobre la pobreza dicen: “Bueno, son un poco comunistas, ¿no?”. No dijo. “La pobreza está precisamente en el corazón del Evangelio. Si eliminamos la pobreza del Evangelio, la gente no entendería nada del mensaje de Jesús”.

Este papa puede remontarse no sólo al Evangelio, sino al papa León XIII y a su encíclica de finales del siglo 19, la Rerun Novarum, sobre la miseria de los trabajadores en la agitación de la revolución industrial. Se encuentra en la tradición de las enseñanzas católicas sobre justicia social que buscó alternativas al capitalismo desenfrenado y al socialismo marxista, sobre todo en la democracia cristiana o en los sindicatos de los trabajadores como Solidaridad en Polonia. Jorge Mario Bergoglio, recordará quién fue el director de su orden jesuita, el vasco Pedro Arrupe, quien en una carta a los sacerdotes latinoamericanos en 1968 fue el primero en usar el término “opción preferencial por los pobres”, las bases de la teología de la liberación, que considera cualquier cosa consagra o contribuye a la pobreza como una afrenta al Evangelio.

Como papa, el activismo del jesuita argentino se extendió a la diplomacia: ayudar a negociar el acercamiento entre EU y Cuba, y entrar al campo minado del conflicto palestino-israelí. El mes pasado, firmó un tratado con Palestina como un Estado, y para horror del gobierno irredentista israelí de Benjamin Netanyahu, describió al presidente palestino, Mahmoud Abbas, como un “ángel de paz”. ¿Ingenuo?

Tal vez puede recordar que su tocayo, San Francisco de Asís, una vez viajó a Egipto para mediar (sin éxito) con el sobrino de Saladino al final de las guerras de las Cruzadas. Aunque su encíclica Laudato Si suena a veces a “Sí podemos”, es justo apostar de que este Francisco tendrá una profunda influencia en las guerras del cambio climático.