China causa temor, pero no pánico

Aunque muchos analistas marcan a la baja las estimaciones de crecimiento para 2016, todavía tienden a ser más altas que las de 2015
Los economistas se mantienen cautelosos sobre el daño a la confianza y el impacto de la volatilidad en las instituciones financieras
Los economistas se mantienen cautelosos sobre el daño a la confianza y el impacto de la volatilidad en las instituciones financieras (Foto: Shutterstock)

Londres

Cuando Grecia alcanzó en julio un acuerdo sobre un tercer rescate financiero con sus acreedores europeos, los economistas estaban seguros de que uno de los grandes riesgos para la economía mundial en 2015 no se iba a materializar. Se esperaba un verano benigno.

La realidad fue distinta, se intensificaron los temores. Y ya que el epicentro del problema no está en una de las economías más pequeñas de Europa sino en China, una de las más grandes del mundo, el posible impacto es mayor.

Ya sea por su gran tamaño, su importancia en las economías que exportan materias primas o su capacidad para sacudir la confianza mundial, los retos económicos de China retumban en los mercados financieros y amenazan la salud de la economía del mundo.

Los economistas todavía no presionan el botón de pánico. Aunque muchos analistas marcan a la baja las estimaciones de crecimiento para 2016, todavía tienden a ser más altas que las de 2015. Antonio García Pascual de Barclays, aún espera que las tasas de crecimiento en las economías avanzadas y emergentes muestren, por el resto del año, una expansión de 3.7% en 2016 en comparación con 3.2% este año. Willem Buiter, jefe economista de Citigroup, señala que la economía global está “en un punto muy delicado” y recorta su proyección de crecimiento de 2016 para China, Japón y otras economías emergentes en Asia y América Latina. Pero aún espera que las condiciones económicas mejoren el próximo año.

Otros dicen que las comparaciones con los últimas crisis financieras en el mundo son débiles. Por ejemplo, a diferencia de 1997, las economías asiáticas no buscan defender los tipos de cambios que protegieron los endeudamientos de las empresas en moneda extranjera. Los mercados de valores no tienen una sobrevaloración tan evidente como cuando fue la burbuja de las puntocom en el año 2000. Y las instituciones financieras no se están derrumbando como pasó en la crisis mundial de 2008.

“Pensamos que los acontecimientos recientes se asemejan más a las ventas masivas previas de verano, que posteriormente se revirtieron rápidamente, que a las pasadas crisis en los mercados emergentes”, dijo David Rees, economista de mercados senior de Capital Economics.

Algunos economistas consideran que la reacción del mercado es difícil de entender o de comprender. Erik Nielsen, economista jefe de UniCredit, acusó a los inversionistas de sufrir de “hipocondría...(donde) cada pedazo de noticia se ve como un desastre en marcha”.

Parte de los motivos para la relativa calma de los economistas puede explicarse por el papel de China en la economía global. A pesar de su tamaño, todavía no se considera un referente. Andrew Brigden de Fathom Consulting dice: “Como el exportador neto más grande del mundo, el mundo significa más para China que lo que se considera China para el mundo”.

Sin embargo, los economistas se dan cuenta de que los datos económicos en la mayoría de los países -con la excepción del Reino Unido y Canadá- en general son peores de lo que se esperaba y que hay una pérdida definitiva del impulso en muchas economías en lo que va del año.

Jasper McMahon de Now-Casting.com, una consultora que hace resúmenes de los últimos datos económicos, dice: “Nuestro pronóstico para el crecimiento del PIB de Estados Unidos (EU) para 2015 tuvo un ajuste a la baja de casi un punto porcentual desde febrero. Esto ahora coincide con una importante desaceleración en China, y el vacilante impulso en la zona euro. Aunque ahora no predecimos otra recesión, el riesgo aumentó claramente”.

Si los economistas están en lo correcto de que los riegos aumentan, pero que el panorama todavía no apunta a una fuerte recesión, la pregunta es: ¿qué podría cambiar para que esa opinión sea diferente? Dos posibles amplificadores de crisis -y dos posibles amortiguadores- destacan.

En las próximas semanas, los economistas estarán atentos a ver si la confianza, o lo que John Maynard Keynes llamó “espíritu animal”, se dañó lo suficiente como para hacer que las empresas dejen de gastar dinero. En otoño de 2008, la inversión se frenó de forma repentina en muchas economías ya que las empresas ponían en pausa sus planes, y con eso creaban un círculo vicioso de cautela corporativa y contracción económica.

En segundo lugar, todos los ojos estarán en el sistema financiero para ver si la volatilidad del mercado crea pérdidas suficientes que amenacen la salud de las instituciones financieras.

El colapso de los bancos en 2008 rápidamente transmitió las nuevas pérdidas e incluso mayores temores en el mundo. En esta ocasión, los responsables de las políticas tendrán la esperanza de que haya mejores colchones en el sector financiero que puedan evitar un fracaso en instituciones sistémicamente importantes.

Las caídas en los precios del petróleo y otras materias primas, que actúan como una deducción de impuestos para los consumidores, dándoles más dinero para gastar, trabajan para ayudar a estabilizar la economía global. Además, los legisladores pueden manejar políticas económicas más estimulantes que de otra forma no podrían hacer ahora que la Reserva Federal delibera sobre la decisión crucial de la conveniencia de aumentar las tasas de interés en EU en septiembre.

Pero nadie puede saber de antemano cómo las caídas en los precios de las acciones afectarán a la economía en los diversos países. Como se demostró en 2008, lo que parecía ser una crisis controlable rápidamente se salió de control.

Mientras los hogares sigan dispuestos a gastar, dicen los economistas, el aumento en el poder adquisitivo por la gasolina barata compensará la pérdida del impulso económico mundial de China y esto todavía sustenta gran parte de la esperanza para un mayor crecimiento económico en 2016.

La cuerda floja de los emergentes

Los productores de materias primas sienten la presión de la moneda. Alguna vez crecieron y prosperaron por medio de la venta de materias primas a China, ahora las monedas de esos mismos países se enfrentan a la furia de las fuerzas del mercado ya que los inversionistas creen que los exportadores de materias primas perdieron su atractivo.

Las monedas de grandes productores de materias primas como el rand sudafricano y el rublo ruso sufrieron caídas de, al menos, 2%, al igual que el ringgitde Malasia, uno de una serie de monedas asiáticas que dependen del comercio con China.

En lugar de vender cada vez más toneladas de petróleo o minerales a China, los temores de crecimiento y la caída del mercado bursátil en Beijing obligaron a los analistas a degradar las expectativas de ventas de futuros, lo que hizo que los valores de las monedas se tambalearan. Tal es el temor de un contagio que incluso los países que pueden esperar un beneficio por la caída de los precios del petróleo vieron que sus monedas se deslizan en medio de los temores por una caída más generalizada.

“Las monedas de los mercados emergentes van a permanecer débiles; es la nueva normalidad”, dijo Peter Kinsella, director de divisas de mercados emergentes de Commerzbank, quien agregó que las presiones en las economías de mercados emergentes van en aumento. “Básicamente, vemos un cambio estructural en el escenario general de las materias primas y un exceso en la oferta”.

Algunos analistas advierten una caída en picada muy fuerte donde una economía china desacelerada, la perspectiva del aumento en las tasas de interés de EU y el pesimismo sobre el crecimiento en las economías emergentes y desarrolladas se refuerzan mutuamente.

“Si crees que una gran parte del mundo crece y esa suposición se pone de cabeza, el impacto es fuerte”, dijo John Paul Smith de Ecstrat, una firma de asesoría de inversiones. “Los procesos de retroalimentación son mucho más intensos de lo que eran hace cinco años”.

Varios países de mercados emergentes experimentan las consecuencias en sus mercados de divisas desde la decisión de China de recalibrar su política cambiaria, lo que resultó en una sorpresiva devaluación del yuan.

Para algunos inversionistas, fue una señal de que la economía china es más débil de lo que se pensaba anteriormente, una opinión que se reforzó con la fuerte caída de ayer en el índice Shanghai Composite.

Las últimas caídas dejan a los responsables de las políticas de los mercados emergentes con grandes decisiones que tomar sobre qué tanto están dispuestos a ver caer a sus monedas. El banco central de Indonesia, con el respaldo de sus reservas de 107 mil mdd, dijo que resisitirá la tentación competitiva de devaluar la rupia -y por lo tanto iniciar una guerra de divisas- “la presión sobre las reservas de algunos otros bancos centrales va en aumento”. Estos incluyen a los bancos centrales de Turquía y Sudáfrica, de acuerdo con Luis Costa, analista de Citigroup.

Con información de Roger Blitz y Jonathan Wheatley.