Carlo Ancelotti: Mi personalidad es tranquila

El mejor director técnico del mundo ha obtenido tres copas de la Champions League.
"Inglaterra tiene la mejor atmósfera, los mejores estadios y sin violencia”.
"Inglaterra tiene la mejor atmósfera, los mejores estadios y sin violencia”. (Foto: Shutterstock)

El alemán es el idioma más difícil”. Carlo Ancelotti recuerda lo relati­vamente fácil que es el inglés, el español y el francés, cuando se enfrenta a los sustantivos com­puestos de su nuevo hogar en Baviera. “Y los verbos”, se queja, “a veces van en la segunda posición de la frase, y después de nuevo al final”. Infla sus mejillas y -allí está- arquea la ceja izquierda que es la característica más célebre de su rostro a lo Federico Fellini.

La mano que estrecha la mía en Babbo, un restaurante italiano en Mayfair, levantó el trofeo de la Champions League tres veces. Es un récord en la historia moderna de la mayor competencia europea. Tuvo éxito en cuatro países. Se cubrió de gloria, lo adoraron sus jugadores por su tacto fino, quizá es el director técnico más codiciado del mundo.

Los italianos pueden ser inquebrantablemente fieles a los productos de su región, pero Ancelotti, quien creció en Emilia-Romagna en el norte, va hasta Toscana por su vino.

Para Ancelotti, los equipos de futbol son “fa­milia”, como el AC Milan, o “empresas”, como la Juventus. Tiene un estilo cordial en sus relacio­nes personales con los jugadores y directores. La familia Agnelli, que todavía es propietaria de la Juve, prefiere poner los sistemas en marcha y quedar fuera de las decisiones estratégicas.

Mientras levanta su copa, le pido que le dé una categoría al Bayern. “No he tenido tantas reuniones con ellos, pero creo que es una fami­lia”, tal vez dice eso con optimismo de una ins­titución que parcialmente es propiedad de Audi, Adidas y Allianz. “Tienen exjugadores en el consejo. Los miembros son dueños de 70% del club”.

Sin duda, su implacable búsqueda de jugadores es corporativa. Es más franco sobre los grandes que dirigió. Tiene un afecto especial por Cristiano Ronaldo, quien casi es un cyborg que toma baños de hielo a las 3 de la mañana en el complejo del Real Madrid. “No le importa el dinero, solo quiere ser el primero”. Otro de sus hijos favoritos es Andrea Pirlo, quien actuó en el mediocampo como el mismo Ancelotti, cuando jugó para el Milán e Italia en los 80, y el condecorado por­tero del país, Gigi Buffon (“lo descubrí a los 17 años en una academia de Parma”).

La mayoría de los directores técnicos de éli­te son incendiarios. Está Diego Simeone del At­lético Madrid, con su apariencia de bandido elegante. Liverpool cuenta con el entusiasmo de Jürgen Klopp. Guardiola lleva su intensidad de Rasputín del Bayern al Manchester City. An­celotti no tiene nada de esto. “Mi personalidad es tranquila”, dice calmadamente. “Eso se debe a mi familia. Mi padre era tranquilo. Nunca me gritó. Nunca me pegó. Mi madre tampoco. Esa es la razón fundamental”.

Inició su carrera como mediocampista en Parma. De allí pasó a Roma. Una lesión en la rodilla lo dejó fuera de la Copa de 1982 que Italia ganó, pero no siente amargura, solo gratitud porque su carrera sobrevivió. “Tienes 23 años y no sabes si puedes jugar de nuevo”, recuerda con una mueca.

El éxito lo llevó a la Juventus y a muchos gran­de equipos. Estuvo en Milán donde obtuvo dos de sus trofeos de Champions League. Después Chelsea, donde ganó la liga y la copa en su prime­ra temporada. Luego en el Paris Saint-Germain, con el que ganó la liga. Y hace dos años, obtuvo la décima copa de Champions League para el Real Madrid, y la tercera copa para Ancelotti.

No hay un registro como ese. Zlatan Ibrahi­movic, un jugador que hace cumplidos como si le quemaran la garganta, dice que Ancelotti es el mejor director técnico del mundo.

En el tema de los egos, ¿cómo pudo un hombre tranquilo hacer que trabajaran a su voluntad? “Hay algunas cosas donde puedes ser flexible y cosas donde debes ser firme. Si los jugadores dicen ‘entrenador, tuvimos una semana difícil, ¿podemos dormir una hora más?’, está bien. Pero cuando ten­go una reunión antes de un juego, debes llegar a tiempo. En el Chelsea, tuvimos una reunión a las 10:30 am y (Didier) Drogba no estaba. No sé por qué. Llegó a las 11:00 am. No jugó”.

Lo que le falta de fuego a Ancelotti, lo cubre de sobra con una cordura profunda. Su liderazgo tranquilo, sus evaluaciones correctas y su forma de ser, es menos una técnica y más una disposi­ción. Al estar tranquilo en medio de la publicidad y codicia del futbol, le da seguridad a los jugadores.

La crítica es que, al final, es un entrenador por contrato. Entra en grandes equipos, obtiene trofeos y avanza sin dejar su huella. Curiosa­mente no tiene identidad, como un restaurante en Mayfair.

Lo presioné para que dijera cuál fue su puesto favorito. “Francia es difícil porque el futbol no siempre es el (deporte) número uno. También hay un poco de violencia en el PSG. Inglaterra tiene la mejor atmósfera, los mejores estadios y sin violencia”, dice. “Inglaterra es diferente. Cuando estaba en Chelsea, fuimos a jugar a Sunderland. El autobús no podía llegar hasta la entrada. Un hombre de seguridad del estadio dice ‘Salgan y caminen’, dije, ‘No, ¡yo no voy!’ Había aficionados del Sunderland por todas partes. Después de un rato, tuvimos que hacerlo”.

¿Y todo salió bien? “Fue perfecto. Algunos fans se tomaron fotos. Ningún problema. Nunca me in­sultaron en Inglaterra”.

Pedimos unos expresos en lugar de postre pero, antes de que se retire el mesero, Ancelotti tiene una idea. “¿Te gusta la grappa?” Sí, Carlo. Así que lo que comenzó como una negativa abstemia al azúcar se convirtió en una serie de tazas de café, petits fours y la respuesta ita­liana al jerez. Trato de pagar, pero An­celotti ya arregló algo con el dueño. Qué tranquilo. Qué efectivo.