El mercado chino busca pistas

El regulador de mercados de China no ha podido explicar su política económica para que en el exterior entiendan sus señales y se intenten evitar las sacudidas de los mercados.
El 7 de enero las Bolsas chinas cayeron 7% en tan solo 29 minutos y se activó el mecanismo que suspende la sesión si las pérdidas son significativas. Ese mismo día, se eliminó el mecanismo por los efectos contraproducentes que tuvo.
El 7 de enero las Bolsas chinas cayeron 7% en tan solo 29 minutos y se activó el mecanismo que suspende la sesión si las pérdidas son significativas. Ese mismo día, se eliminó el mecanismo por los efectos contraproducentes que tuvo. (Foto: Shutterstock)

Enero ha sido un mes de volati­lidades históricas, China es uno de los causantes. Y en medio de las quejas de los mercados mundiales -que tuvieron su peor inicio de año en 2 décadas- es claro que se necesitan más guías sobre las intenciones de China.

Pero, en lugar de abordar alguno de esos temas, la Comisión Reguladora de Valores de China (CSRC, por sus siglas en inglés) utilizó su conferencia de prensa semanal para hablar de su papel en una iniciativa del Partido Comu­nista para promover el desarrollo del sector agrícola y mitigar la pobreza.

Para los inversores globales, quienes cada vez más basan sus operaciones en los datos económicos y movimientos del mercado de China, la respuesta a la crisis fue absurda. Para los inversionistas chinos, pasó como gober­nanza, como es costumbre en la segunda mayor economía del mundo.

La agitación del mercado, que se exacerbó con el cambio de dirección en la gestión del yuan por parte del banco central de China, plantea la pregunta de si el opaco partido-estado tiene la capacidad de manejar uno de los mercados financieros más importantes del mundo y entregar el nivel de transparencia que espera la comunidad internacional. También generó dudas acerca de si el equipo que formó el presidente Xi Jinping es capaz de ejecutar un mayor programa de reforma en el país, del cual la regulación de mercados y la política moneta­ria solo son dos partes.

“A pesar de sus defectos, los predecesores de Xi consistentemente dieron confianza a los inversionistas nacionales e internacionales de que con el tiempo, habría más espacio para el sector de mercados y privado”, afirma Arthur Kroeber de Gavekal Dragonomics, una consulto­ría con sede en Beijing. “Xi no logra estar a la altura de esta historia… en el nivel más básico, no tenemos idea si comprende lo que requieren los mercados modernos, o cómo propone reconciliar sus exigencias con el paternalismo leninista con­fucionista que impone al resto de la sociedad”.

Incluso los analistas de bancos de propiedad del estado quedaron confundidos. “Debido a la falta de política de comunicación de China sobre el camino hacia un nuevo régimen de flotación, la ‘flexibilidad’ del tipo de cambio se convirtió en una mayor fuente de incertidumbre, en lugar de un colchón en contra de las crisis externas”, escribieron los analistas de CICC Xiangrong Yu y Hong Liang. “Las fluctuaciones del yuan pueden elevar las primas de riesgos por encima del mercado global, lo que llevará a una conside­rable reasignación de activos y va a complicar la decisión de EU de elevar las tasas de interés”.

El día anterior a la sesión informativa de la CSRC, un nuevo y desastroso “interruptor de cir­cuito”, que defendió Xiao, paró las operaciones del día por 29 minutos. Pero la televisión estatal no hizo mención ni de la caída ni de la volatilidad global a consecuencia de la rápida depreciación del yuan frente al dólar estadounidense.

En su lugar, el boletín principal de China Cen­tral Television fue que Xi presidió una reunión sobre el desarrollo de una “zona económica en el río Yangtze” y la visita a la Armada 13 del Ejército de Liberación Popular en Chongqing. Ahí elogió las historias del heroísmo y sacrificio de los soldados del Ejército Rojo bajo su héroe revolucionario, Mao Zedong.

Esa disciplina también implica saber cuándo debes mantener cerrada la boca. En noviembre, el partido emitió directrices que prohíben a sus 88 millones de miembros entablar “discu­siones inadecuadas”.

A diferencia de sus predecesores, Xi no cuenta con un destacado zar financiero o de economía con una autoridad clara. El hombre con la mayor experiencia financiera y econó­mica en la alta jerarquía del partido, Wang Qishan, lo enviaron a dirigir la campaña anticorrupción del presidente.

“El gobierno del partido siempre ha sido la prioridad número uno -todos lo sabemos- pero bajo el mandato de Xi Jinping, la distancia entre la agenda política y la económica aumentó”, dice Andrew Polk, economista de Conference Board con sede en Beijing.

La responsabilidad de la información econó­mica recae en el primer ministro Li Keqiang. Pero su experiencia en economía palidece en comparación con personas como Zhu Rongji, quien realizó reformas históricas cuando fue viceprimer ministro y primer ministro en la década de 1990.

El predecesor de Li, Wen Jiabao, era igual de inexperto, pero al menos tenía bajo su mando a Wang como viceprimer ministro.

Por el contrario, los más experimentados de los cuatro viceprimer ministros actuales de China es Zhang Gaoli, conocido por su enfo­que de desarrollo económico de “solicitar préstamos y construir ahora, pagar después”.

A menudo se cita a Liy He, uno de los prin­cipales asesores de Xi, como uno de los funcio­narios económicos más poderosos del país. Sin embargo, solo ocupa un lugar en el Comité Central -el cuarto órgano más importante del partido- mientras que su título oficial en el gobierno es de viceministro de la Comisión de Desarrollo y Reforma Nacional, la antigua agencia de planificación estatal.

La impresión de un vacío en lo económico se reforzó a tal grado que la nueva política del banco central parece exacerbar la presión de venta en el mercado de valores del país.

En el verano, la SCRC y el Banco Popular de China logró desencadenar, cada uno por su lado, una crisis de mercados en julio y una confusión de divisas en agosto; este mes, las dos institu­ciones contribuyeron al pánico en los mercados y en divisas en un mismo día.

En otras economías, los mercados al menos pueden recurrir a los bancos centrales, podero­sos e independientes, en busca de una guía en momentos de crisis. Pero el Banco Popular de China, y su gobernador, Zhou Xiaochuan, no tienen ni la independencia ni el poder de sus contrapartes internacionales.

Zhou, quien cumple 68 años a finales de este mes y está a cargo del Banco Popular de China desde 2002, aseguró que uno de los mayores premios de su carrera en noviembre, fue cuando el Fondo Monetario Internacional reconoció al yuan como divisa de reserva oficial bajo su régimen de derechos especiales de giro (SDR, por sus siglas en inglés).

Si el camino para la inclusión en los SDR fue difícil, el yuan tuvo un trayecto incluso más complicado desde entonces. En agosto, el banco central de China anunció una devaluación “única” de 2%, una medida que buscaba que la moneda tuviera un mayor enfoque hacia el mercado, una condición clave para la condición de las SDR.

Muchos inversores internacionales inter­pretaron la medida como el primer disparo de una nueva “guerra de divisas” y se necesitaron dos días para que el banco central pudiera dar informes a los medios para calmar la situación.

Para entonces, el daño estaba hecho, los mer­cados globales se desplomaron y se intensificó la presión por vender yuanes.

Durante el resto de 2015, el banco central utilizó cientos de miles de millones de dólares de las reservas del país para frenar la deprecia­ción del yuan. Pero unas pocas semanas después de ganar la aprobación como SDR y con el costo de apoyar una moneda insostenible, el Banco Popular de China señaló que los inversores deben enfocarse en el desempeño de la moneda en comparación con una canasta de 13 monedas.

Antes de que ese mensaje se absorbiera total­mente, el banco central dio marcha atrás y fue testigo de una caída del yuan de 1.5% frente al dólar en la primera semana de operaciones en enero, una fuerte caída para una moneda tan cui­dadosamente administrada, lo que de nuevo asustó a los inversores chinos e internacionales.

Joe Zhang, un ejecutivo financiero experi­mentado, argumenta que el Banco Popular de China, durante años un defensor de la fortaleza del yuan frente al dólar, no comprendió cómo se iba a interpretar su ajuste en el extranjero. “Pensaron que un ajuste de 2% no era algo importante. No anticiparon la reacción”.

Eso, a su vez, puede frenar el empuje de las reformas. Mientras que Hao Hong, jefe de estrategia para China del Bank of Communica­tions International, cree que los responsables políticos chinos necesitan proceder lentamente con la reforma de la cuenta de capital dado el riesgo de fugas de capital; también cree que se equivocaron al perder la oportunidad de hacerlo antes, cuando las presiones de las depre­ciaciones y fugas eran más débiles.

“Es cuestión de tiempo”, dice Hong. “cuando el yuan está muy sobrevalorado (y) el mercado de propiedades está enormemente sobrevaluado, la gente quiere salirse de aquí… si haces refor­mas ahora, eso le dará a la gente la impresión de que pierdes el control”

Hace todavía un par de semanas, el Banco Popular de China parecía tan sordo como la CSRC. Culpó a las “fuerzas especulativas” por la reciente caída del yuan y realizó una revisión de los “resultados productivos” que logró “bajo el liderazgo del partido y el consejo estatal”.

Algunos funcionarios del partido y del gobierno reconocen que China actualmente tiene un problema de relaciones públicas respecto de la política financiera y se trabaja para solucionar esa deficiencia.

En una rara sesión informativa sobre el panorama para los medios extranjeros del mes pasado, uno alto funcionario de gobierno admitió que “existe la necesidad de realizar un mejor trabajo de comunicación con el resto del mundo (porque) lo que hacemos realmente afecta al resto del mundo”.