Mi breve carrera como pirata de impuestos en el Océano Índico

Con menos de 2,000 libras se pueden crear empresas, incluso en EU, que no pueden ligarse con el inversionista principal.
"Mi imperio offshore se construyó desde mi cocina, por mi cuenta, con solo unas cuantas miles de libras”.
"Mi imperio offshore se construyó desde mi cocina, por mi cuenta, con solo unas cuantas miles de libras”. (Foto: Shutterstock)

Permítanos saber qué quiere”, dijo Emily, una asistente de ventas de CFS International Formations con sede en el Reino Unido, parte de una creciente industria de ase­sores sobre cómo crear empresas offshore. No le preocupaba quién era yo, solo enfatizó lo fácil que puede ser el proceso. “No hay mucho papeleo. La empresa se incorpora y le enviamos los documentos”.

A raíz de una serie de escándalos me dio curio­sidad saber lo difícil que podía ser crear mi propia compañía offshore. Incluso en 2013, cuando llamé a CFS, el tema ya era una preocupación para los políticos, y se tenían estimaciones de que la rique­za offshore era de 9 millones de millones dólares, cerca del producto económico anual de China.

El mundo se sacudió con los Papeles de Pana­má, la filtración de más de 11 millones de docu­mentos de Mossack Fonseca, un bufete de abogados con sede en Panamá especializado en crear empresas offshore en paraísos fiscales. Reve­laron cuentas de gobernantes, multimillonarios rusos e incluso del primer ministro de Islandia, lo que dio una luz sobre cómo las personas usan, y en algunos casos abusan, del sistema financiero.

En 2013 quería saber cómo se hacía y Emily estaba feliz de mostrármelo. Mi primera escala fue el sitio web CFS. Las opciones eran empresas en Belice, Islas Vírgenes Británicas, Chipre, Delaware, Malta, Panamá, Seychelles y las Islas Cook. Estaban a disposición por unos cientos de libras. CFS dijo que también me podría ayudar a encontrar contadores, secretarias, cuentas bancarias corporativas abiertas y comprar em­presas “antiguas” con años de historia.

La opción de Seychelles llamó mi atención porque tenía uno de los niveles de requisitos más flexibles. Con un costo de 335 libras, sin dar un domicilio, una presentación contable anual, ni impuestos, me prometieron la confi­dencialidad como “la característica clave”. ¿Realmente me dejarían? “Creo que voy a elegir la empresa de Seychelles”, dije. “Muy bien, señor, lo voy a poner en su canasta de compras en línea en este momento”, respondió Emily, y me pidió transferir el dinero.

Después pedí que me agregara al servicio de tener mi propiedad oculta con “directores prestanombres”, que son dueños y controlan mi compañía, pero todo el poder de decisión es mía. Solo cuestan 400 libras al año. “Son un director y accionista, pero solo de nombre, y ellos firman para confirmar que no tendrán ninguna parte activa en la empresa”, respondió Emily.

Para sumar otro nivel de secreto, decidí que la empresa fuera propietaria de otra empresa fantasma en Delaware, la jurisdicción de EU suena legítima pero tiene algunos de los están­dares de información corporativa más ligeros del mundo. Esta “capa” de compañías es una técnica para ocultar activos. La complejidad de la es­tructura confunde a la ley y a los investigadores privados. Los grandes participantes de Rusia a menudo tienen un inventario de 20 o 30 compa­ñías que son propietarias de un solo activo.

Pagué en línea 1,832 libras y envié una copia del pasaporte y una cuenta de servicios públicos para demostrar que era una persona real. No una persona honesta con una razón legítima para tener compañías, solo real. Había que llenar unas formas con el nombre que le quería dar a las compañías. En la parte inferior, me pregun­taban cuáles eran las intenciones de mi empresa. Al no querer mentir llamé a CFS. “No se moleste en llenar eso”, dijo una colega de Emily.

Dos semanas después los documentos de la empresa de Delaware llegaron en una gran carpeta con el nombre de mi empresa - Stuffer Parrot Inc- en letras doradas en el lomo. En la carpeta había un libro de certificados de acciones y una alegre carta del estado de Delaware.

Los documentos de Seychelles -llamada Pirate’s Chest- estaban anillados en oro, decían erróneamente que tenía pasaporte checo y que mi director y accionista prestanombres era la compañía llamada Universal Enterprise, con sede en Rue De La Perle en las Seychelles. Ahora tenía dos empresas, que por muy poco dinero, me permitieron realizar casi cualquier negocio alrededor del mundo anónimamente.

Para probar qué tan secretas eran realmente mis empresas, acudí con los profesionales de GPW, una firma de inteligencia corporativa en Mayfair, Londres. Se ganan la vida ubicando activos offshore. Después de revisar los registros oficiales, los investigadores sacaron un docu­mento con el nombre de las dos empresas y en el lugar donde se registraron, pero nada más. “Sería casi imposible rastrear casi cualquier cosa a través de estas empresas sin un litigio serio”, dijo Andrew Wordsworth, cofundador de GPW.

Quien quiera averiguar quién es el dueño, de un lujoso barco, solo vería que es propiedad de una empresa fantasma de Delaware de nombre Stuffed Parrot Inc. Se necesitaría un caso ju­dicial para identificar al dueño de la empresa, lo que revelaría -suponiendo que ganara el deman­dante- que es propiedad de una empresa de Seychelles llamada Pirate’s Chest. Para encontrar a los dueños, se necesitaría un segundo caso judicial, y aún así, técnicamente no es propiedad mía, sino de mi prestanombres.

Hay un peligro de que me atrapen, si me ven conduciendo mucho el bote, y se puede construir un caso en mi contra para demostrar la propiedad efectiva. Pero en papel, estaba seguro.

Un contador del Reino Unido me dijo más tarde que la estructura era tan secreta que incluso no había razón para declararlo al gobierno britá­nico en mi siguiente declaración de impuestos.

No se pudo contactar a CFS para que hicieran comentarios sobre las cosas que pudieron cambiar desde mis primeros negocios con ellos. Sin embargo, Wordsworth, agregó que desde 2013, crear empresas offshore no es más com­plicado, pero usarlas para ocultar activos es más difícil.

Al final, dejé que mi estructura offshore se viniera abajo poco después de su creación. Yo no podía darme el lujo de pagar la tarifa anual de 700 libras para mantenerlas. Solo puedo imaginar qué tipo de estructuras opacas e impe­netrables pueden crear los que tienen medios financieros grandes para emplear compañías como Mossack Fonseca.