Los que apoyan el Brexit están molestos con Obama

El presidente de EU, Barack Obama, el FMI y la OCDE han establecido por qué la salida de Gran Bretaña de la Unión Europea no es buena idea.
“Los Outs no pueden señalar un solo gobierno amistoso que crea que Gran Bretaña no se va a debilitar por la decisión de salir de la Unión Europea.”
“Los Outs no pueden señalar un solo gobierno amistoso que crea que Gran Bretaña no se va a debilitar por la decisión de salir de la Unión Europea.” (Ilustración: Shutterstock)

Barack Obama estuvo en Londres. Con el estímulo de su anfitrión, David Cameron, dio a entender que cree que en Gran Bretaña deben estar locos si votan por salir de la Unión Europea. Al separarse de su propio continente, los británicos no van a encontrar refugio en Washington. No hay nada nuevo acerca de que los presidentes de EU enfrenten a sus primos británicos con algunas de las duras realidades del poder. Durante décadas el entusiasmo británico por promover una “relación especial” estuvo en contra del empuje de EU para promover la integración europea. “Complicada” es la palabra adecuada, como en 1951 cuando el presidente de EU, Dwight Eisenhower, fastidiado con los intentos británicos de descarrilar la reconciliación franco-alemana.

El aliado más cercano de EU, escribió Eisenhower en su diario, “vive en el pasado”. Winston Churchill, quien regresó a Downing Street, “ya no absorbe nuevas ideas”.

Una década después, el ligero brillo de Dean Acheson -a falta de un imperio, Gran Bretaña todavía buscaba un papel- expresó la misma frustración. Gran Bretaña era una importante potencia europea, pero, ¿por qué no aceptaba la dura realidad de la geopolítica? Harold Macmillan, entonces primer ministro, se sintió obligado a reprender públicamente al secretario de Estado de EU. En privado, estaba de acuerdo con él. Macmillan ya había puesto en marcha el largo y angustioso camino a la adhesión británica a la Comunidad Europea.

Atento a las sensibilidades democráticas, Obama es más sutil. El presidente de EU le dio sabor a sus puntos de vista el año pasado cuando le dijo a Jon Sopel, el editor en Washington de la BBC, que el lugar de Gran Bretaña en la Unión Europea es como uno de los pilares de la paz y la prosperidad de la posguerra: “Queremos asegurarnos de que el Reino Unido conserve esa influencia”.

La cuestión es que la Casa Blanca piensa que la membresía a la Unión Europea es buena para Gran Bretaña, buena para Europa y buena para EU.Cualquiera que sea la fórmula precisa de Obama, su postura ya generó ira. La Leave Campaign puso en marcha una petición contra la “interferencia de EU”. Sin importar que el grupo que defiende la salida sostiene el atlantismo como la gran alternativa para la separación de la Unión Europea.

La postura de Obama clava una daga en el corazón del caso del Brexit que, al separarse de la Unión Europea, Gran Bretaña debe asumir un papel más importante a nivel mundial. En lugar de eso, Obama plantea que su papel de liderazgo en su propio continente sirve para aumentar la voz británica en Washington y otras capitales mundiales.

Para empeorar las cosas para los partidarios del Brexit, las opiniones del presidente las comparten casi todos los amigos de Gran Bretaña. A los euroescépticos de las décadas de 1950 y 1960 les gustaba promover a la Commonwealth como una alternativa a Europa. Sus descendientes anhelan que se revitalice el estilo de la “Anglosfera”: Gran Bretaña, EU, Canadá, Australia y Nueva Zelanda.

Tan particular es la confianza en estos países, que los escépticos afirman que comparten los secretos más preciosos en el arreglo de inteligencia Five Eyes (Cinco Ojos). Solo la Unión Europea se interpone en el camino de una relación más profunda. El problema es que otras naciones de habla inglesa comparten el horror de Obama ante la idea del Brexit. “¿Qué es lo que fuman esas personas?” Es la respuesta de un diplomático canadiense a la afirmación de que Gran Bretaña será más fuerte sola.

Lo mejor que puede responder la campaña Leave es que todos estos amigos y aliados están, bueno, equivocados. También se equivocan los japoneses, los indios y cualquier otro país al que le preocupe que Gran Bretaña puede dirigirse a un aislamiento poco esplendoroso. Los Outs (que quieren salir) no pueden señalar un solo gobierno amistoso que crea que Gran Bretaña no se va a debilitar por la decisión de salir de la Unión Europea. Tal vez todos están unidos en una gran conspiración para negarle a Gran Bretaña, como podría decir Redwood, sus libertades fundamentales.

El Fondo Monetario Internacional dijo que el voto por la salida dañará la economía y plantea un riesgo para el crecimiento global. ¿Cuál fue la respuesta de los defensores de salir? El FMI se equivoca, al igual que el organismo independiente de la OCDE, el foro con sede en París en el que participan sobre todo las naciones más ricas, el gobernador del Banco de Inglaterra y los economistas más profesionales. Ah, y no importa que Jens Stoltenberg, el secretario general de la OTAN, cree que la membresía de la Unión Europea mejora la seguridad de Gran Bretaña.

Los electores, por supuesto, pueden decidir ponderar la evidencia que presentaron los que desean el bienestar de la Gran Bretaña. Tienen la del presidente de EU. La capacidad de Gran Bretaña para promover sus intereses globales va a disminuir con el Brexit y por esa razón el país va a ser más pobre.

Solamente hay que preguntarle al FMI o a la OCDE. Ahora saben por qué el grupo que apoya la salida de Gran Bretaña de la Unión Europea está tan molesto con Obama.

*Editor asociado del FT, y columnista de  temas globales y británicos