Brad Pitt: Una estrella emergente en el cine político

Al explicar los pecados de Wall Street en su nueva película The Big Short, el actor hace penitencia por ser parte de la distracción que crean las celebridades de temas como el financiero.
"Durante décadas, el actor llenó salas  de cine y columnas de chismes. El cambio con Fight Club es testimonio de su deseo de provocar y jugar con grandes ideas”.
"Durante décadas, el actor llenó salas de cine y columnas de chismes. El cambio con Fight Club es testimonio de su deseo de provocar y jugar con grandes ideas”. (Foto: Shutterstock)

Cuando la película “El club de la pelea” (Fight Club) se estrenó en 1999, un emocionado crítico del Evening Standard de Londres declaró que su descripción de peleas a puño limpio era “no sólo anticapitalista, sino contra la sociedad, y, de hecho, contra Dios”. El análisis llegó a los oídos de la estrella de la película, Brad Pitt, y de su director, David Fincher, quienes reaccionaron con alegría. “¡No nos dimos cuenta que fuera tan buena!”, dijo posteriormente Pitt a la revista Rolling Stone.

Durante dos décadas, el actor llenó las salas de cine y las columnas de chismes. El cambio que se dio con “El club de la pelea” es un testimonio de su deseo de hacer algo más, provocar y jugar con grandes ideas. Con su último estreno, la adaptación del libro de Michael Lewis, The Big Short (“La gran apuesta”), tal vez lo logró. La película ataca la locura financiera que llevó a la gran recesión. Pone a Pitt en la arena política y recompensa a todos los que creyeron que había algo importante detrás de este distanciamiento irónico.

“Me enoja que tantas personas perdieran sus hogares”, dijo el actor a la revista People en la premier de la película en Nueva York. “Hay algo que está muy mal. Hablas con los expertos y dicen que nada ha cambiado, todavía existe el derecho a hacer dinero sin ninguna responsabilidad”.

Desde hace tiempo se veía venir su incursión política. Es cierto que hizo donaciones a los demócratas y apoyó el matrimonio entre personas del mismo sexo, pero ¿no lo hacen todas las grandes estrellas? Quizá una diferencia está en su casa productora, Plan B Entertainment, que respaldó “12 Años Esclavo” (12 Years a Slave), y al drama de derechos civiles, Selma. Su prioridad es trabajar con “material difícil que pueda requerir un poco de ayuda adicional”, dice Pitt.

The Big Short, que Plan B también ayudó a desarrollar, encaja en ese molde. Si bien hay otras películas que hablan de la crisis financiera, esta es sin duda la más ambiciosa y la más irreverente. Logra explicar las obligaciones sintéticas de deuda garantizada mientras mantiene el espíritu de una película de un robo como “Ocean’s Eleven”.

“Wall Street, al igual que un pervertido inteligente, a menudo es sospechoso, rara vez se comprende y jamás lo condenan”, así lo explica Lewis. “The Big Shortes una invitación para que una gran audiencia entable una discusión inteligente e interesante sobre el lugar que tiene el dinero y las finanzas en nuestras vidas”.

¿Por qué le tomó tanto tiempo a Pitt involucrarse en la política? Parte de la respuesta puede ser su educación en un entorno religioso en Springfield, Missouri, que él define como sofocante. “Me enfurece cuando la gente empieza a decirle a otras personas cómo vivir su vida”, dice y parece consciente de que no a todos les gusta que una celebridad dé sermones.

La carrera de Pitt despegó a finales de sus veinte, después de que abandonó la escuela de periodismo y subsistió unos años con trabajos extraños. Entonces vino el papel que lo hizo famoso en la película de Ridley Scott, “Un final inesperado” (Thelma & Louise), que lo llevó a una serie de papeles tradicionales e intrascendentes. Pero replanteó su enfoque y eligió películas como Fight Cluby “Bastardos sin gloria” (Inglorious Basterds), de Quentin Tarantino en 2009.

A diferencia de Jolie, con quien se casó en Francia en 2014, no tiene la reputación de ser muy exigente. En las palabras de la actriz Julie Christie, es “encantador y considerado” (en las del director Guy Ritchie, “no es un pendejo”). También, a diferencia de Jolie, quien es enviada especial del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, Pitt muestra pocos deseos de evangelizar.

Su perfil mediático se definió en gran medida por su relación con Jolie, y antes con Jennifer Aniston. Durante las entrevistas le hacen muchas preguntas sin lograr descubrir mucho. “No lo olviden: también actúa”, le recordó a sus lectores un titular del New York Times.

Ese recordatorio puede ser útil para los espectadores de The Big Short, porque la carrera de Pitt parece con chispa, a diferencia de Billy Beane, el gerente del equipo de beisbol que interpretó en la adaptación en 2011 de otro libro de Lewis, “El juego de la fortuna” (Moneyball). Esta vez, Pitt tiene un cameo como el caballero andante.

The Big Short la dirige Adam McKay, un ex escritor del programa de sátira Saturday Night Live. Es una comedia y un drama. Uno de los temas que plantea es cómo la cultura de las celebridades distrae al público de la forma como se manejan la política y las finanzas. “No tienes una idea del tipo de porquería que investiga la gente, y todo el mundo anda en eso como si estuvieran en un maldito video de Enya”, ladra un personaje, mientras se avecina una tormenta, “Están a punto de joderse, lo sabes. ¿Sabes qué les preocupa? Les preocupa el juego de pelota. O les preocupa qué actriz entró a rehabilitación”.

No es difícil imaginarse a Brad Pitt compartir esa opinión. Al apoyar a The Big Short, tal vez, hace penitencia por ser parte de la distracción de las celebridades. O, tal vez, le dice a la audiencia que hay asuntos más importantes que su vida privada.