El renacimiento presidencial de Obama

En menos de un mes, el presidente estadounidense se enfrentaba a la Corte Suprema en su país y la derrota comercial del acuerdo TPP. En una semana, la perspectiva de Barack Obama dio un giro completo
Edward Luce . Comentarista político y columnista en Washington, D.C. Escribe semanalmente para el Financial Times sobre economía y política exterior de Estados Unidos.
Comentarista político y columnista en Washington, D.C. Escribe semanalmente para el Financial Times sobre economía y política exterior de Estados Unidos. (Foto: Cortesía)

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Algunas veces los cambios llegan de puntillas y sorprenden. No podría haber mejor ejemplo para la espectacular semana de Estados Unidos que los colores del arcoiris iluminando la Casa Blanca mientras la bandera confederada se bajaba en el sur. No hay un momento más marcado que el momento en el que el presidente Barack Obama instó a la doctrina cristiana en el Cinturón Bíblico (la región del sur de Estados Unidos donde el cristianismo evangélico tiene un profundo arraigo social) en la ciudad donde se dio el primer disparo en la guerra civil. Esa semana,  la realidad opacó el episodio más disparatado de la serie West Wing, y probablemente vengan más. ¿Obama finalmente inicia el cambio que prometió?

Sin duda la óptica favorece esa opinión. Hace menos de un mes, Obama enfrentaba al fantasma del desenlace de su distintivo proyecto de la ley de atención médica en la Corte Suprema y la derrota de su enorme agenda comercial en el Pacífico y Atlántico. En cualquier caso, su presidencia se habría condenado al fracaso. Pero como suelen decir, una semana es mucho tiempo en política. Se evitaron los dos desastres: uno por la Suprema Corte en su mayoría conservadora, la otra a manos del Congreso que dominan los republicanos. Los eventos alcanzaron su punto máximo en lo que Obama describió como el “rayo” legal que puso al matrimonio entre personas del mismo sexo en igualdad de condiciones en los 50 estados.

Después vino su panegírico a Clementa Pinckney, el pastor de la congregación que hace un par de semanas vivió un asesinato de 8 personas a manos de un supremacista blanco.

Con una fuerza que ningún otro presidente podría reunir, Obama se basó en el oratorio evangelista de la tradición de la iglesia afroamericana para vergüenza de la cultura del odio que condujo a la masacre.

Incluso para los estándares de Obama, fue una actuación sorprendente que combinó el repudio de la historia racista del sur con un grito de guerra para una nueva era de justicia social. Los que lo vieron pudieron sentir que el “arco de la historia” se inclinaba en dirección de Obama y la feroz relevancia de su historia. Obama fue a Charleston para hablar en el funeral. Salió en el pináculo emocional de su presidencia.

Sin embargo, el cambio es algo resbaladizo. Hace cinco años, cuando Obama firmó la Ley de Protección al Paciente y Cuidado de Salud, dijo: “Así es como se ve el cambio”. Fue una declaración desafiante después de meses de amargas disputas. La semana pasada, después de incontables intentos republicanos para derogar el llamado Obamacare, y docenas de demandas judiciales, la Corte Suprema rechazó la última objeción a la ley. Más con alivio que como desafío, Obama repitió sus sentimientos de 2010: la ley está aquí para quedarse.

Sin embargo, esta vez tenía un ojo puesto en las elecciones de 2016. Cada candidato republicano a la presidencia se comprometió a abolir el estatuto si resulta electo para la Casa Blanca. Dada la probabilidad de que habrá un Congreso republicano después de 2016, la reforma más significativa de Obama todavía no está totalmente segura. Hay más demandas pendientes. Incluso ahora todavía no califica como un cambio que se puede garantizar.

Los cambios más duraderos normalmente se dan desde abajo. Ese es el caso del matrimonio entre parejas del mismo sexo. Los opositores del fallo de la Suprema Corte afirman que equivale a “legislar desde la banca” tanto como cuando en 1973 el tribunal legalizó el aborto en el caso Roe contra Wade.

De hecho, la Corte Suprema puso su sello en lo que es el cambio más vertiginoso en la sociedad estadounidense. Hace una década, más de dos terceras partes de los estadounidense se oponían al matrimonio entre personas del mismo sexo. Ahora, casi 60% lo apoya. Incluso antes del dictamen de la semana pasada era legal en 38 estados.  Apenas en 2012 Obama se sintió lo suficientemente valiente para sumar su respaldo y en ese entonces sólo porque Joe Biden, el vicepresidente, dejó escapar su apoyo. Obama no jugó un papel importante en la revolución de los derechos de los homosexuales. Pero también aprovechó el momento.

Otros cambios son tan lentos que son difícil de detectar. Tal es el caso de las relaciones raciales en EU. Muchos pensaban que la elección de Obama en 2008 finalmente cerraría un capítulo de siglos de división racial. Pero como dijo Obama en su panegírico, nada puede darse por sentado, incluso bajo el mandato del primer presidente de raza negra de Estados Unidos. Las tensiones entre muchas fuerzas de la policía de EU y los afroamericanos son más altas hoy en día que en cualquier otro momento de la historia reciente. Una parte considerable de la sociedad estadounidense permanece institucionalmente racista, desde sentencias para ir a prisión hasta sesgos en entrevistas de trabajo. La brecha de la riqueza entre los afroamericanos y los blancos es mayor que cuando Obama asumió la presidencia. Mientras tanto, los políticos en el sur de EU permanecen tercamente aferrados a su “Causa Perdida”.

¿Charleston lo hará diferente? Después de la masacre, algunos estados del sur finalmente acordaron deshacerse de la bandera confederada. Pero es un símbolo. Un problema mayor es la facilidad con la que los fanáticos pueden adquirir armas, algo con lo que Obama ha estado en contra por largo tiempo. Reiteró su petición en Charleston la semana pasada. Pero las posibilidades de que el Congreso haga algo para obstaculizar la venta de armas antes de que salga de la presidencia son muy escasas.

Algunas veces las cosas cambian para que puedan permanecer igual. El control de armas es la causa perdida del norte de Estados Unidos. En otras ocasiones, como con la ley para cuidado de salud, el cambio se construye con mucho dolor, “ladrillo a ladrillo, mano encallecida a mano encallecida” como dijo Obama después de su primera elección. La espectacular semana que tuvo Obama puso de manifiesto tanto la majestuosidad como los límites de la presidencia de EU. No hubiera sido lo mismo bajo la gestión de ningún otra persona.