Ali al-Naimi: Un pastor en los campos del oro negro

El ministro del petróleo, de 81 años, es el protagonista en la guerra para proteger la corona de Arabia Saudita sobre la energía.
"Los productores ineficientes y no rentables se tendrán que ir, es duro, pero es un hecho”.
"Los productores ineficientes y no rentables se tendrán que ir, es duro, pero es un hecho”. (Foto: Reuters)

Una visita a la oficina con paneles de roble de Ali al-Naimi en Riad es un viaje a través de la historia. El hombre más poderoso en el mundo del petróleo le muestra a sus invitados los tótems de su carrera, desde las formaciones rocosas que bendicen al reino, hasta las fotografías de los dignatarios con los que se ha reunido en las últimas dos décadas.

A los 81 años, Naimi lo ha visto todo; de hecho, en gran parte por eso se dice que está listo para la jubilación. Pero en lugar de eso, se encontró en el centro de una de las mayores y difíciles luchas de su larga carrera como la cabeza del Ministerio del petróleo saudita.

Desde finales de 2014 es el protagonista en una guerra para proteger la supervivencia petrolera de Arabia Saudita a largo plazo. La negativa de Riad para apuntalar el precio del petróleo puso de cabeza a la industria mundial, que afecta especialmente a la producción de alto costo, como la de los productores de esquisto de EU, el segmento del sector de energía que obligó a Naimi a entrar a la batalla.

La economía del reino también sufrió una paliza, lo que desencadenó una creciente ola de críticas sobre el plan de Naimi de devaluar, de forma masoquista, la materia prima de la que depende tanto el Estado saudita.

Si está nervioso, Naimi lo oculta muy bien. A finales de febrero llevó su mensaje a miles de ejecutivos de la industria de energía de EU que se reunieron en Houston, donde habló con franqueza y su habitual pizca de humor.

“Es genial estar de regreso en Texas”, dice Naimi, “aunque solamente me invitan cuando hay crisis”. Pero su mensaje de fondo fue: “Los productores ineficientes y no rentables se tendrán que ir, es duro, pero es un hecho”.

Que la apuesta de Naimi tenga resultado en el largo plazo es algo que dista mucho de ser seguro. El desplome del precio del petróleo -cayó dos tercios desde noviembre de 2014- se pronunció más de lo que el Ministerio anticipó; el regreso de los productores de esquisto puede ser más rápido de lo esperado cuando se recuperen los precios.

A pesar de toda la especulación previa sobre los motivos detrás de la política petrolera de Arabia Saudita, la forma de pensar de Naimi se basa en factores económicos, no políticos. Quienes lo conocen dicen que su cambio de mentalidad a finales de 2014 tiene un fundamento histórico. En la década de 1980 ocurrió un colapso de precios y los sauditas implementaron fuertes recortes de producción; sin embargo, no lograron frenar la caída. Naimi describió ese episodio como una “amarga lección”

Nacido en 1935 en una provincia rica en petróleo en el este de Arabia Saudita, Naimi solía pastorear antes de entrar en contacto por primera vez con el sector de energía. Se unió a la compañía petrolera estatal Saudi Aramco como un mensajero a los 12 años de edad, para llenar el puesto que quedó vacante por la muerte de su hermano mayor.

Los ejecutivos estadounidenses detectaron su talento, lo enviaron a la versión libanesa del Eton College y después a EU para obtener una licenciatura y una maestría en geología en la Universidad de Lehigh y la Universidad de Stanford, respectivamente.

Se volvió a unir a la compañía después de su paso por la universidad, y rápidamente labró su ascenso en la escalera corporativa. Se convirtió en presidente de lo que era Saudi Aramco, cuando el país con la mayor riqueza petrolera asumió el control de sus propios recursos, y posteriormente en director ejecutivo.

Asumió el cargo de ministro del petróleo en 1995. Naimi personifica el profesionalismo de Saudi Aramco, un oasis de meritocracia dentro de una sociedad tribal estratificada en una monarquía absoluta.

A pesar de que Naimi conocía la compañía estatal íntimamente, tenía poca experiencia en las políticas internacionales.

Los delegados de la OPEP familiarizados con sus primeros días como ministro del petróleo dicen que las decisiones políticas no eran fáciles para él. “En los primeros días, a menudo se le tuvo que obligar a tomar una decisión”, dice Abdul Samad al-Awadi, quien fue el gobernador de la OPEP de Kuwait de 1980 a 2001. Reservado y contemplativo, Naimi puede ser terco cuando se irrita y su dogmática confianza en sí mismo puede frustrar a sus colegas de la OPEP. “Una vez que se le mete algo a la cabeza, no hay forma de persuadirlo”, dice un ex funcionario del cartel petrolero.

Dada su capacidad para mover a los mercados petroleros, Naimi recibe un trato de celebridad durante las reuniones de la OPEP. Sus salidas a correr en la mañana -últimamente una caminataen el Ringstrasse de Viena, atraen a los periodistas. Los miembros de la prensa, con menos condición física, alquilan bicicletas para seguir su paso. Las pláticas sobre sus intereses, como la pesca en hielo, preceden a las preguntas sobre el petróleo.

La influencia de Naimi en Arabia Saudita estaba en su punto máximo durante el reinado del rey Abdullah, quien murió el año pasado, poco después de la decisión histórica de mantener abierta la producción. Las especulaciones de que Naimi podía salir se cayeron cuando resultó ser uno de los pocos miembros del gabinete que mantiene su cargo después de la reestructuración del nuevo monarca, el rey Salman. Sin embargo, el ministro de salud, Khalid al-Falih, lo sustituyó como presidente de Saudi Aramco. Se especula que será su sucesor como ministro del petróleo.

Naimi le dijo a sus amigos que “20 años es demasiado tiempo” y que desea pasar más tiempo con sus hijos y sus nietos. Pero atiende a la discreción del rey, y hay un negocio pendiente: asegurar la longevidad de Arabia Saudita como potencia petrolera.