¿Qué habrá después de la votación para la vía rápida?

En julio próximo, los ministros de economía de los países que integran el TPP tendrán una reunión secreta para hablar sobre los aranceles y las industrias políticamente sensibles
El Acuerdo Estratégico Transpacífico de Asociación Económica   fortalecerá los lazos económicos entre EU y sus aliados.
El Acuerdo Estratégico Transpacífico de Asociación Económica fortalecerá los lazos económicos entre EU y sus aliados. (Foto: Shutterstock)

En el Acuerdo Estratégico Trans-Pacífico de Asociación Económica (TPP, por sus siglas en inglés) participarán dos de las tres economías más grandes del mundo -Estados Unidos y Japón- y junto con otros 10 países participantes cubrirá alrededor de 40 por ciento de la economía mundial.

Eso lo puede convertir en el mayor acuerdo comercial que se complete desde la Ronda de Uruguay en los años 90, creado por la Organización Mundial del Comercio.

El TPP busca ser el primero de una serie de acuerdos comerciales “mega regionales” para actualizar las reglas del comercio para el siglo 21.

Sus signatarios se comprometen a respetar un conjunto de directrices, sobre todo, desde el flujo libre de datos a través de las fronteras, hasta la forma como las empresas de propiedad estatal compiten con las empresas del sector privado.

El acuerdo busca fortalecer los lazos económicos entre EU y sus aliados del Pacífico y, al mismo tiempo, busca forjar un reglamento económico mundial antes de que lo haga China. Entonces, ¿qué sigue?

Desde hace meses, EU y otros negociadores del TPP están a la espera de que el Congreso de Estados Unidos le dé a Obama lo que formalmente se conoce como Autoridad de Promoción Comercial. Esto limita al poder legislativo de EU a, simplemente, votar por un Sí o un No en los acuerdos comerciales y garantiza que aquellos que surjan en la mesa de negociaciones no se extenderán al Congreso.

Con Obama a punto de obtener esa autoridad, el enfoque para los negociadores será resolver un puñado de temas pendientes. El último plan es que los ministros de comercio se reúnan en un lugar secreto de EU, a mediados de julio, para una reunión de una semana. Los pendientes más grandes tienen que ver con los aranceles y las industrias políticamente sensibles.

Durante 18 meses, EU y Japón, las dos mayores economías que participan, trabajaron sobre qué tantos aranceles se reducirán en productos que van desde partes de motor hasta carne y arroz. Están cerca llegar a un acuerdo en este tema. Pero entonces, para la frustración de algunos países, Canadá todavía tiene que poner su propia oferta sobre la mesa para temas sensibles, como el sector de lácteos.

Otros puntos de fricción incluyen cuestiones sobre la propiedad intelectual y por cuánto tiempo se debe proteger a las farmacéuticas de la competencia de los medicamentos genéricos.

También, a qué tipo de empresas de propiedad estatal deben cubrir las reglas y cuáles son las excepciones que puede haber.

La buena noticia es que los temas difíciles no cambiaron mucho en 18 meses y todo el mundo sabe en dónde es posible que aterricen las concesiones. Por eso Andrew Robb, el ministro de comercio australiano, declaró la semana pasada con plena confianza: “Estamos a una semana de completar este gran acuerdo”. Incluso si los ministros de comercio pueden declarar una victoria, el acuerdo todavía debe ratificarse por los parlamentos de los países miembros.

Bajo la legislación que debe aprobar el Congreso, el gobierno de Obama tendrá que publicar el texto del TPP 60 días antes de que el presidente firme el acuerdo.

El objetivo de la administración es lograr que el TPP regrese al Congreso para su aprobación antes de que termine el año y antes de que se calienten las campañas políticas de 2016. Debido a los posibles retrasos en el Congreso, los funcionarios dicen que este es un objetivo ambicioso.

Mientras tanto, los ambientalistas, los sindicatos y otros grupos de intereses especiales se preparan para pelear desde sus esquinas.