Legislativo, freno a aranceles a México previstos por Trump

La Constitución de Estados Unidos le da autoridad sobre el comercio internacional al Congreso.
El precandidato republicano a la Casa Blanca.
El precandidato republicano a la Casa Blanca. (Jason Szenes/EFE)

Washington

Los planes de Donald Trump para imponer aranceles a las importaciones de China y México y desechar los acuerdos comerciales provocaron la ira de los economistas y opositores políticos, que argumentan que ese tipo de medidas llevará a una guerra comercial y probablemente conduzca a la economía de Estados Unidos y mundial a una recesión.

“No es difícil ver cómo Trump en la presidencia puede llevar a una crisis económica mundial”, dijo la semana pasada Hillary Clinton, su rival demócrata, a sus partidarios en California.

Pero hay algunas buenas noticias para la economía mundial y los socios comerciales de EU que contemplan una posible presidencia de Trump, dicen los expertos. Incluso si el candidato republicano gana las elecciones presidenciales de noviembre, tendrá poderes limitados. La Constitución de EU le da autoridad sobre el comercio internacional al Congreso, y durante décadas la legislatura delegó ese poder a los presidentes con límites estrictos.

En su gobierno, Trump puede bloquear la introducción del enorme acuerdo comercial de la cuenca del Pacífico que negoció la administración Obama. En teoría, dicen los expertos, también puede retirar a EU de pactos como el Tratado de Libre Comercio de América del Norte de 1992, al que calificó de un “desastre”. Hacerlo requeriría solo de un aviso de seis meses bajo los términos del acuerdo, aunque probablemente se encuentre con la oposición del sector industrial estadunidense, que pasó las últimas dos décadas en la construcción de cadenas de suministro que dependen del comercio con Canadá y México.

Sin embargo, Trump sufrirá para realizar otras propuestas radicales, como imponer una tarifa arancelaria de 45 por ciento a China y un impuesto de importación similar de 35 por ciento a los productos procedentes de México.

“No hay una autonomía para que el presidente de EU aumente los aranceles”, dice John Veroneau, quien trabajó como abogado de alto nivel de comercio en el gobierno de George W. Bush y quien preside el equipo de políticas públicas de Covington & Burling en Washington. “Los aranceles son medidas de ingresos y el Congreso tiene competencia sobre el presupuesto”.

Expertos como Veroneau advierten que hay otras formas y precedentes presidenciales que la administración Trump puede usar para aumentar las tensiones comerciales con China. Pero para hacerlo, el republicano tendrá que limitar sus ambiciones.

Los presidentes de Estados Unidos pueden autorizar investigaciones más limitadas sobre un sector en específico y sanciones contra prácticas desleales de comercio, y la elección de Trump puede abrir la puerta para hacer un uso más agresivo de los casos antidumping y de otro tipo, dice Veroneau. Por ejemplo, US Steel, en las últimas semanas puso en marcha un caso que busca la prohibición total sobre las importaciones de acero chino en represalia de presuntos hackeos por parte de Pekín que probablemente lleve a una decisión el próximo año, lo que puede ser una oportunidad para que Trump se vea duro con China.

Gary Hufbauer, experto de comercio del Instituto Peterson de Economía Internacional, afirma que hay una serie de leyes “en vigor” que le dan poder a Trump para imponer algunos aranceles. Entre éstas se encuentra la legislación que proviene de la medida de 1971 de Richard Nixon para imponer un arancel de 10 por ciento a todas las importaciones a Estados Unidos para obligar a Japón y otras grandes economías a revaluar sus monedas.

El cargo adicional, que fue parte del paquete económico de choque de Nixon que llevó a EU a abandonar el patrón del oro, solo duró de agosto a diciembre de ese año. Sin embargo, también llevó al Congreso a incluir una sección en la ley de comercio de 1974 que otorga a los presidentes poderes comerciales especiales para responder a “grandes y graves déficits del balance de pagos de EU”.

Esa disposición, señala Hufbauer, “parece hecha a la medida para lo que Trump quiere hacer” respecto a China. Calificó el déficit comercial como una señal de que EU “pierde” económicamente. Sin embargo, solo le permite introducir una arancel hasta de 15 por ciento durante 150 días antes de buscar la aprobación del Congreso.

Douglas Irwin, economista y experto en proteccionismo de EU en Dartmouth College, dice que incluso en ese corto plazo el golpe puede perjudicar económicamente a EU y será difícil de desenmarañar. “Abres la caja de Pandora y es muy difícil volver a meter esas barreras comerciales”.

Trump no sería el primer presidente desde Nixon que coquetee con el proteccionismo. Pero nuevamente, dice Irwin, esas medidas fueron más específicas de lo que el republicano propone.

En 1987, Ronald Reagan respondió a las restricciones de Tokio sobre las importaciones de semiconductores de Estados Unidos al introducir un arancel de ciento por ciento sobre los televisores a color, las computadoras y las herramientas eléctricas japonesas. En 2009, el presidente Obama impuso tarifas a las importaciones de neumáticos chinos, aunque los economistas ahora consideran que hizo más daño que bien a la economía de EU.

La mayor esperanza para los que se encuentran en el lado a favor del comercio es que el presidente Trump siga la tradición estadunidense y modere sus opiniones sobre el comercio. Obama, durante la campaña de 2008, llamó a la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, pero desde entonces se convirtió sin duda en la voz más a favor del comercio que queda en la política presidencial estadunidense. “No importa con cuántos aranceles amenacemos... no van a ayudar a las familias de la clase media”, dijo recientemente.