Por qué la gente exitosa dice que no

Hoy se le da el mismo estatus a negarse que a una actividad como el fracaso. Decir “NO” permite que otros de menor rango puedan iniciar su ascenso.
“Si un número suficiente de personas dijera que no a cosas sin sentido, tendría como resultado una asignación de recursos más eficiente”.
“Si un número suficiente de personas dijera que no a cosas sin sentido, tendría como resultado una asignación de recursos más eficiente”. (Shutterstock)

Hoy no me levanté a las 6:30 am para flagelarme con una reunión de desayuno en Knightsbridge. Mañana no voy a tener un almuerzo de un sándwich para discutir un proyecto en el que apenas tengo participación.

El jueves no voy a ir a la fiesta de redes de contactos de verano. Tampoco voy a escribir un artículo para un sitio web que se niega a pagar a los colaboradores. Tampoco voy a dar una entrevista a una estación de radio australiana. Podría estar haciendo todas estas cosas, pero les dije que no. 

Además de que decir no me hace mucho más feliz, me hace subir a la tendencia. El no es el nuevo sí. Es la respuesta que está más de moda entre la gente exitosa. 

Hace diez años era lo contrario. Había una selección uniforme y positiva de libros en Amazon que estaban rabiosamente a favor del sí. Ahora, los hicieron a un lado con libros nuevos como The life-changing Power of No! (¡El poder del no que cambia la vida!), y How To Say No Without Feeling Guilty (Cómo decir no sin sentirse culpable).  Incluso hay un libro para colorear, que es para adultos y que se llama How to Say No (Cómo decir no). No se quedan atrás una serie también de libros con intereses más de nicho como: Say No to Arthritis (Diga no a la artritis). 

Sin embargo, la semana pasada “no” alcanzó el estatus de culto. En una publicación en el blog de Harvard Business Review, un instructor de administración sugirió que no es suficiente con simplemente decir no, debemos comenzar a celebrar cuando lo hacemos. 

Al no se le otorga el mismo estatus frívolo que al fracaso, que todo el mundo hemos celebrado, por lo menos durante una década. Un ejemplo es el El Museo del Fracaso, que se abrió la semana pasada en Suecia. Me parece que en un año o dos vamos a tener el Museo del No. 

Sin embargo, celebrar el no, no es tan tonto. Desde que leí el blog, comienzo el día acostada en la cama dando gracias de manera silenciosa a las cosas que tuve éxito en negarme a hacer. No tengo que escribir un artículo hoy (¡viva!), tampoco tengo que tomar un café con esa persona (¡fiu!), tampoco tengo que ir a ese almuerzo. 

Con cada actividad que marco mentalmente como algo que no haré, el día parece mejor. Salgo de la cama dispuesta a hacer cosas que se resbalaron a través de mi red de negatividad. 

Podrías decir que todo es muy egoísta, y que cada vez que decimos no, decepcionamos a la persona que lo pide. Cada trabajo que rechazamos crea algo para que algún pobre tonto lo haga en tu lugar.

Sin embargo, hay otra forma de verlo, los aficionados al no le dan el nuevo nombre de una opción altruista. 

En el sitio Entrepreneur hay una publicación que afirma que decir no es bueno, ya que crea espacio para que gente con menor jerarquía pueda participar. Negarse a hacer cosas en el trabajo te permite pasar más tiempo en casa atendiendo a tu familia. 

Puedo pensar en algo aún mejor. Si un número suficiente de personas dijera que no a cosas sin sentido tendría como resultado una asignación de recursos más eficiente. Si todos nos negamos a asistir a reuniones y eventos aburridos, con el tiempo “caerá el veinte” y la gente dejará de organizarlos.

Soy aficionada a decir no en el trabajo, pero admito que a veces es la respuesta equivocada. El reto es detectar cuándo debes dejar de decir no y comenzar a decir sí. 

El HBR recomienda clasificar todas las oportunidades de 1 a 10, pero mi sistema es más sencillo. Digo sí a cosas que a) tengo que hacer; b) quiero hacer o c) debo hacer. Aunque algunas veces ignoro las c) si puedo convencerme de cualquier cosa sin sentir que ofendo a alguien.

El problema con mi sistema es que a menudo no está claro si realmente tengo que hacer algo, o, incluso, si quiero hacerlo. Pero en ese caso hay una regla: si tienes dudas, lo mejor es decir no. Al margen, tener menos trabajo siempre es mejor que trabajar más. 

La principal diferencia entre decir sí y no es que una es fácil y la otra es difícil. Cualquier tonto puede decir que sí, mientras que decir no requiere de carácter, compromiso y valentía. Decir no se vuelve más fácil cuando te haces más grande. 

Aprendí rápido la importancia de decir no. Si procrastinas ya estás a la defensiva y tal vez te engañen para decir sí.

También aprendí a nunca dar razones, ya que las pueden impugnar, lo que da como resultado echarse para atrás y terminar diciendo sí. Al escribir esto aprendí una tercera cosa: nunca digas que no puedes  hacer algo porque estás muy ocupado. 

Nadie se va a impresionar: decir que estás demasiado ocupado solo demuestra que no eres suficientemente bueno para decir no.