Firmas de EU en China temen llegada de Trump

Empresas evalúan las consecuencias de que el magnate cumpla con imponer altos aranceles a los productos del país asiático.
Muchos productos se fabrican en China para exportar o a nombre de marcas estadunidenses.
Muchos productos se fabrican en China para exportar o a nombre de marcas estadunidenses. (Jason Lee/Reuters)

Pekín y Washington

Las empresas estadunidenses que invierten en China van a cabildear con la administración de Donald Trump para que suavice su retórica mientras se preparan para las dolorosas repercusiones si el presidente electo cumple con sus amenazas sobre el comercio.

“China amenaza y se prepara para tomar medidas en represalia”, advirtió el miércoles Lester Ross, abogado y presidente de la Cámara de Comercio de Estados Unidos (Amcham) en el comité de políticas de Pekín.

Las compañías de Estados Unidos buscan desde hace mucho tiempo la ayuda de Washington para negociar con el gobierno chino y con sus quejas sobre el acceso comercial y de inversión, protección de propiedad intelectual y otras disputas que se incrementaron en los últimos años. Pero ahora las empresas en Pekín evalúan las posibles consecuencias si Donald Trump impone altos aranceles a los productos que se fabrican en China.

Muchos productos que se fabrican en China y se exportan a EU los hacen o se producen a nombre de empresas estadunidenses, las cuales también se vuelven más dependientes de las ventas en el mercado chino. Ahora temen un doble golpe si a los impuestos de EU le siguen represalias por parte de Pekín.

Las multinacionales estadunidenses “claman por ayuda desde hace años”, dijo Scott Kennedy, experto en empresas y política china en el Centro de Estudios Internacionales y Estratégicos. “Pero ahora les preocupa que la ayuda que se les ofrezca haga más difícil su vida”. Tradicionalmente, la cámara realiza reuniones “directas” sobre la política y comercio en China con el Congreso a finales de abril o mayo.

Este año se apresura a enviar una delegación a principios de febrero para asegurar que reciba información antes de que actúe la nueva administración sobre sus promesas de campaña. “La comunidad empresarial estadunidense en China está confundida y preocupada en este momento”, dijo James McGregor, presidente para la Gran China (China continental, Hong Kong, Macao y Taiwán) de Apco Worldwide, una consultora de negocios, y ex director de Amcham Pekín. Si bien las empresas “le dan la bienvenida a que haya un retroceso”, a la “reducción de oportunidades” en el país, agregó, “la grandilocuencia y los berrinches en Twitter no son una forma inteligente de tratar con China”.

William Zarit, presidente de la Amcham, dijo el miércoles que “sin duda no vemos que una guerra comercial pueda beneficiar a alguien”, un eco de los comentarios que realizó el presidente chino, Xi Jinping, el martes en el Foro Económico Mundial de Davos.

En Estados Unidos, las empresas adoptaron una actitud de esperar y observar el gobierno de Trump, mientras que luchan por adaptarse a su estilo impredecible. En gran medida ocultan sus ansiedades sobre la agenda proteccionista de Trump y una posible guerra comercial con China, y mejor eligen centrarse en las promesas de impuestos más bajos y menos regulaciones.

“Creo que Trump hace un gran trabajo al involucrar a la comunidad empresarial. Todos estamos en la misma página aquí”, dijo Dennis Muilenburg, director ejecutivo de Boeing y reciente blanco de la ira del presidente entrante, después de una reunión con él el martes. Boeing es particularmente vulnerable a las represalias de Pekín, que históricamente se pone en contra de Airbus, su rival europeo. “Creo que el compromiso de Trump con la industria nos va a ayudar a que crezcan los empleos de manufactura en este país”.

Trump no suaviza su mensaje sobre China desde la campaña. Las personas que eligió como equipo de comercio son totalmente de línea dura con el país asiático y esto opacó las garantías de que no va a comenzar una guerra comercial con China. El presidente entrante declaró que la política de mucho tiempo de Una China que acordaron Pekín y Washington hace décadas “es negociable”. También repitió las afirmaciones de que China manipula su moneda, aunque dio marcha atrás a su promesa de declararlo como un manipulador de la moneda en el primer día de su presidencia.

Sin embargo, eso aún deja a la nueva administración desfasada con la comunidad empresarial estadunidense en Pekín, para quienes la preocupación de una valoración artificial para el yuan chino redujo su importancia. En todo caso, China mantiene su moneda sobrevaluada, señaló Zarig. “Si hubiera un problema en Washington, probablemente no se basaría en los hechos como los vemos”, dijo.

Una postura más fuerte sobre China, algo que la Amcham recomienda, se habría tomado incluso con una nueva administración demócrata, agregó. “Pero queremos asegurarnos de que no hagamos cosas que sean contraproducentes para los dos países”.

Encontrar ese equilibrio será difícil, al tener en cuenta al equipo de comercio que armó Trump. El economista Peter Navarro, autor del libro Death by China (Muerte por China), se prepara para dirigir un nuevo Consejo Nacional de Comercio dentro de la Casa Blanca. Robert Lighthizer, la elección de Trump como representante de Comercio de Estados Unidos, también es un crítico desde hace mucho tiempo de China. Wilbur Ross, nominado como secretario de Comercio, ganó una fortuna dándole un giro a las plantas de acero y es un crítico de las políticas industriales de China.

Twitter: @HornbyLucy.