Con inusual unidad, economistas van contra el ‘Brexit’

El crecimiento del ingreso nacional per cápita de Reino Unido es el más rápido en el grupo del G7 desde que se unió en 1973, después de ser el más bajo entre 1950 y 1973.
El  Banco Central Europeos,  cuya nueva sede está en  Frankfurt, Alemania, trabajó  por regular para lograr un  sistema bancario robusto.  En la “unión bancaria”  es  tambien un encargado de  supervisar a los bancos
Banco Central Europeo. (Foto: Shutterstock)

Gran Bretaña está a una semana de tomar una decisión económica histórica sobre la pertenencia a la Unión Europea. Los economistas nunca estuvieron tan unidos en apoyar el voto por permanecer, pero esa profesión parece cada vez más incapaz de convencer al público del interés nacional de Gran Bretaña.

La historia económica es clara. El crecimiento del ingreso nacional per cápita de Reino Unido es el más rápido en el grupo del G7 desde que se unió en 1973, después de ser el más bajo entre 1950 y 1973. La pertenencia a la Unión Europea funcionó bien para Gran Bretaña y no impidió una renovación económica interna.

Un montón de pruebas muestran que la Unión Europea crea comercio en lugar de desviarlo. Todas las demás relaciones con la Unión Europea y otros países arrojarán mayores barreras arancelarias y no arancelarias. El comercio fomenta la competencia y el crecimiento de la productividad, el elixir de la prosperidad. Gran Bretaña no está sumergida en la burocracia de la Unión Europea; son más perjudiciales las regulaciones que se hicieron internamente. Aunque es poco probable que la inmigración de la Unión Europea logre que a una persona que nació en Gran Bretaña le vaya mucho mejor, no existe evidencia de que los inmigrantes les quitan los empleos y hay muy poca que demuestre que perjudican los salarios o los servicios públicos.

Aunque los economistas pueden beneficiarse con el Brexit —a la economía le va bien en una crisis— sus vidas no serán agradables después de un voto por Leave (Salir), por tres razones:

En primer lugar, lo buenos economistas conocen la diferencia entre grande y pequeño; saben lo que es verdadero y justo, y pueden hacer afirmaciones económicas en el contexto correcto. Ese conocimiento se debe de celebrar, pero Michael Gove, el principal brexiter (partidario del Brexit), desprecia las investigaciones económicas serias porque “la gente en este país ya se cansó de los expertos”.

En segundo lugar, a los funcionarios de economía se les concedieron poderes restringidos para tomar decisiones por el bien común. El Banco de Inglaterra controla las tasas de interés. La Oficina para la Responsabilidad del Presupuesto realiza el pronóstico oficial en el que se sustentan las decisiones de impuestos y de gasto. Las autoridades de competencia ayudan a equilibrar el campo de juego donde compiten las empresas. La máxima soberanía del Parlamento tiene la capacidad de eliminar esos poderes. Pero eso no es suficiente para muchos partidarios de Salir, como el diputado Jacob Rees-Mogg, quien quiso silenciar al Banco de Inglaterra y pidió la cabeza de Carney. Esas amenazas van a impedir que se diga la verdad económica después del referendo.

En tercer lugar, la misma economía está en línea. Si salir de la  Unión Europea resulta ser algo benéfico, esa profesión tendrá una crisis que hará más pequeña su incapacidad de ver la crisis financiera mundial que se avecina. Lo más probable es que si los economistas están en lo correcto, pero no logran tener suficiente influencia, pocos tendrán la satisfacción de decir: “Se los dijimos”.