El Donald Trump imprevisible desestabiliza al mundo

Los vaivenes políticos del presidente de EU minan la confianza en su país, los aliados deben pensar dos veces los compromisos que hagan y, mientras tanto, China y Rusia avanzan hacia sus intereses.
"La visión a largo plazo y la confianza de China afianzan la idea de que es el 'siglo de Asia'. En cambio, Trump amenaza con convertirse en un símbolo del declive de Occidente".
"La visión a largo plazo y la confianza de China afianzan la idea de que es el 'siglo de Asia'. En cambio, Trump amenaza con convertirse en un símbolo del declive de Occidente". (Shutterstock)

Donald Trump está muy orgulloso de su carácter imprevisible. Al presidente de Estados Unidos (EU) le gusta alardear de que, a diferencia de Barack Obama, no tiene la intención de informar por adelantado sus planes.

Pero, con su primera visita presidencial al extranjero, los costos por su falta de previsión son claros. Muchos de los aliados de EU se encuentran en un estado de confusión y desconcierto. Y sus adversarios, sobre todo China y Rusia, aprovechan el desorden para avanzar sus intereses.

Todo apunta a que Trump es propenso a tratar a los otros países como empresas rivales -a las que puede cortejar y desestabilizar- ya que practica el “arte de la negociación”. Sin embargo, en la diplomacia la imprevisibilidad puede ser peligrosa, sobre todo cuando tratas con aliados que necesitan garantías. Estos países desarrollaron sus propias estrategias globales en torno a la idea de estabilidad y firmeza de EU.

Cuando Trump sugiere que los compromisos clave de EU -desde la OTAN hasta el Tratado de Libre Comercio de América del Norte- tal vez ya no son confiables, mina la creencia de que EU es un país en el que se puede confiar. Y, dado que las alianzas lideradas por EU sustentan el sistema de seguridad a nivel internacional, es probable que el resultado sea la inestabilidad global.

La semana pasada Trump hizo declaraciones reconfortantes a sus aliados en Arabia Saudita e Israel, y podría hacer lo mismo en Bruselas, pero esto no servirá para disipar la incertidumbre creada.

De hecho, el mundo tiene que lidiar con tres niveles de incertidumbre de Trump. El primero tiene que ver con sus políticas. El segundo se relaciona con su temperamento. Y el tercero, con su durabilidad. Con los escándalos que llegan desde Washington, ahora hay cuestionamientos legítimos sobre si Trump seguirá en la presidencia en un año.

A nivel político, Trump protagoniza vertiginosos vaivenes políticos. En Arabia Saudita, aseguró que el islam es una de las “fes más grandes del mundo”, cuando hace meses prohibió la entrada a EU a todos los musulmanes. Trump también declaró “obsoleta” a la OTAN para luego decir que ya no lo era. Llamó a China un manipulador de divisas, hasta que cambió de opinión.

También condenó las intervenciones humanitarias en Medio Oriente, hasta que un día decidió lanzar misiles contra Siria para castigar el uso de armamento químico. Trump elogió el Brexit por un lado, y a la Unión Europea, por otro. Sus relaciones con Rusia se mantienen como una incógnita.

Es cierto que al expresidente Barack Obama también se le acusó de falta de coherencia con sus aliados. Al comenzar su gira en el extranjero en Arabia Saudita e Israel, Trump se acerca a dos países molestos con la administración Obama.

Pero, aunque saudíes e israelíes forman parte del pequeño grupo de aliados de EU contentos con la victoria de Trump, incluso ellos tienen motivos para quejarse sobre las señales confusas de la Casa Blanca. En la campaña electoral, Trump prometió aniquilar el acuerdo nuclear con Irán, un pacto al que se oponen los saudíes. Sin embargo, hasta la fecha, Trump cumple con las condiciones del acuerdo nuclear. También prometió trasladar la embajada de EU en Israel a Jerusalén, aunque al parecer en este asunto también cambió de idea.

El presidente de EU decidió bien al dar marcha atrás a sus imprudentes declaraciones de campaña, pero eso no cambia la impresión de que no cumple con su palabra, dentro o fuera de EU.

Las preocupaciones que despiertan la personalidad y el temperamento de Trump aumentan cada vez que envía un tuit desmedido. Los aliados de EU tendrán que pensarlo dos veces antes de confiar en un compromiso de su administración. ¿Qué ocurriría si el presidente cambia de parecer? ¿Y si su presidencia se desmorona, habrá un costo por entablar relaciones estrechas con la Casa Blanca de Trump?

A medida que aumentan las dudas sobre el papel internacional de EU en la era Trump, las superpotencias internacionales rivales sacan (como es lógico) ventaja. Sergei Lavrov, el ministro de Asuntos Exteriores de Rusia, apenas pudo reprimir su alegría cuando Trump lo recibió en la Oficina Oval (esta fue la ocasión en la que al parecer Trump informó a sus invitados que acababa de despedir al director del FBI porque “estaba totalmente loco”).

Rusia también saca ventaja de la falta de atención de Occidente para avanzar su posición en los Balcanes y en Medio Oriente.

El contraste entre el caos que reina en Washington y la confianza de Beijing también resulta revelador. En la semana en la que la administración Trump quedó sacudida por las consecuencias de la destitución de James Comey, el presidente Xi Jinping era el anfitrión de la mayor cumbre de líderes internacionales que visitaban China desde los Juegos Olímpicos de Beijing de 2008. La iniciativa One Belt, One Road (Una franja, un camino), para invertir miles de millones de dólares en infraestructuras en Euroasia, ha captado la atención.

La riqueza de China, su visión a largo plazo y su confianza en el futuro contribuirán a afianzar la idea de que este es el “siglo de Asia”. En cambio, la presidencia de Trump amenaza con convertirse en un símbolo del declive de Occidente.