Las relaciones frágiles de EU con el mundo

La política exterior del presidente Donald Trump gira en un eje de agitación y los líderes mundiales esperan que las voces más pragmáticas dominen al gabinete de Estados Unidos. 
Los analistas coinciden en que el  secretario de Estado, Rex Tillerson (abajo), y James Mattis (arriba), secretario de Defensa, probablemente negociarán la política exterior de EU para el presidente Trump.
Los analistas coinciden en que el secretario de Estado, Rex Tillerson (abajo), y James Mattis (arriba), secretario de Defensa, probablemente negociarán la política exterior de EU para el presidente Trump. (Reuters, AP, AFP)

Cuando Donald Trump reafirmó su mantra de “Estados Unidos Primero” el día de su investidura, el mundo se dio cuenta de que el nuevo presidente de Estados Unidos (EU) buscaría una política exterior muy diferente a la de sus recientes predecesores en la Oficina Oval.

Si bien se esperaba un poco de turbulencia, el trato que ha dado Trump a algunos de sus homólogos desde el 20 de enero dejó perplejos a todas las capitales, desde Tokio hasta Berlín. ¿Cómo manejar al líder de piel sensible dispuesto a antagonizar a sus aliados mientras baña de elogios al presidente ruso, Vladimir Putin?

Trump empujó a que el presidente de México, Enrique Peña Nieto, cancelara su visita a la Casa Blanca, y desató la ira de líderes mundiales con su intento de prohibir que los ciudadanos de siete países musulmanes entren a EU. También discutió, durante una llamada telefónica con Malcolm Turnbull, primer ministro de Australia, que llevó a que un grupo de demócratas y republicanos, entre ellos Bob Croker, presidente del comité de relaciones exteriores del Senado, le asegurara al embajador australiano que apoyan totalmente al vital aliado de EU.

“Los diplomáticos están más alarmados que nunca”, dice Thomas Wright, experto en política exterior del Brookings Institution. “Por primera vez desde la segunda guerra mundial, los principios fundamentales de la política exterior de EU -alianzas, la economía mundial abierta y liderazgo- están en peligro”.

Trump también calificó a la OTAN como “obsoleta” y critica a Angela Merkel, la canciller alemana y seguramente la figura política más poderosa de Europa.

Los diplomáticos que tratan con la nueva administración se enfrentan a dos grandes retos: distinguir la retórica de la política y entender quién ejerce el poder. Luchan por fijar reuniones con quien puedan, desde el vicepresidente, Mike Pence, hasta Jared Kushner, el influyente yerno de Trump y uno de sus principales asesores. Algunos están nerviosos por el papel que Stephen Bannon, el poderoso asesor de la Casa Blanca y cuya ideología está muy alineada a la del presidente, desempeñará después de su inusual promoción a un asiento en el Consejo de Seguridad Nacional.

Los pocos optimistas ven en la elección de James Mattis como secretario de Defensa y de Rex Tillerson como secretario de Estado, evidencia de que Trump confía sus relaciones exteriores a manos pragmáticas con una visión menos insular del mundo.

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Los presidentes de EU siempre se preparan para crisis no anticipadas -desde la invasión de Irak a Kuwait en 1990 y los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001, hasta los levantamientos árabes de 2011- que tienen importantes implicaciones de política exterior. Eso puede ser difícil para una Casa Blanca que comenzó de manera caótica.

Además de Rusia, las áreas donde Trump tendrá que enfrentar serios desafíos son China, Corea del Norte e Irán. “Hay señales verdaderamente preocupantes, pero de vez en cuando hay una especie de regreso a la normalidad”, dice Wright. ¿Cuál de esas dos fuerzas va a dominar, la convencional o la radical?


Rusia: pausar la nueva música

Trump se ha mostrado tan renuente a criticar a Putin que su relación se ha tildado de bromance (una relación cercana entre dos hombres). Pero incluso a los republicanos les sorprendió cuando un presentador de Fox News afirmó que “Putin es un asesino” y el presidente de EU respondió: “Tenemos muchos asesinos”.

John McCain, el senador republicano por Arizona, criticó a Trump por poner a Putin “en el mismo plano moral” que EU, y lo llamó “una traición a todo lo representamos”. Incluso Mitch McConnell, el líder de la mayoría republicana del Senado, quien rara vez critica a Trump, reprendió al presidente.

Trump dice que quiere mejorar la relación con Moscú. Pero a los críticos les preocupa que eso ponga en riesgo alianzas que han sido vitales para mantener la estabilidad desde la segunda guerra mundial, mientras que alienta una agresión rusa.

Desde las elecciones en EU, el Kremlin mantiene un tono optimista con la esperanza de terminar el punto muerto que tiene con Washington en los temas de Siria, Ucrania y las sanciones económicas.

Los críticos de la postura de Trump sobre Rusia se consolaron con el hecho de que algunos miembros del gabinete, entre ellos Nikki Kelly, la embajadora de EU ante las Naciones Unidas, fueron más críticos con Rusia. Mike Pence, el vicepresidente, también asumió una línea más dura con Rusia durante la campaña, pero al igual que otros miembros del gabinete, en ocasiones defendió declaraciones de Trump en las que probablemente no está de acuerdo.

Si bien se espera que Trump asista a la cumbre del G7 en Italia en mayo, uno de los puntos clave es cómo describirá Pence la relación EU-Rusia en la conferencia de seguridad en Munich.

“¿Simplemente va a reflejar lo que dice su presidente? Eso es muy importante de observar. ¿Vamos a tratar a nuestros aliados con rudeza o son importantes para nosotros? ¿Y cómo van a cuadrar esta diferencia los secretarios del gabinete?”, dice Heather Conley, experta en Rusia del Centro para Estudios Estratégicos e Internacionales, el grupo de expertos en Washington.


China: interferir con las líneas rojas de Beijing

Durante la campaña electoral, Trump argumentó que asumiría la postura más dura con China, a la que acusó de participar en prácticas comerciales desleales. Sin embargo, desde su victoria, sus acciones abrieron camino para la turbulencia mucho más allá del ámbito del comercio y la economía.

En diciembre, Trump hizo enfurecer a China al hablar con Tsai Ing-wen, la presidenta de Taiwán, que Beijing considera una provincia renegada. La conversación -la primera entre un presidente electo de EU desde que Washington y Beijing establecieron relaciones diplomáticas en 1979- sugirió que Trump podría no respetar la fórmula diplomática de “Una China” que guía las relaciones desde 1992.

Más tarde, Trump aumentó las críticas al preguntar “por qué tenemos que estar obligados por la política de Una China”, a menos de que China esté dispuesta a hacer un acuerdo de comercio. A finales de la semana pasada Trump sostuvo una llamada con el presidente chino Xi Jinping y dijo que respetaría la política de “Una China”. “Fue un movimiento inteligente que da señales a China que Trump está dispuesto a aprender”, dijo Evan Medeiros, exasesor de Barack Obama sobre Asia y quien ahora trabaja en Eurasia Group.


Corea del Norte: una postura robusta y regional

Uno de los desafíos más críticos que enfrenta Washington es cómo lidiar con la amenaza que plantea Corea del Norte. EU trató diferentes enfoques -desde conversaciones de seis partes que se convocaron en la época de George W. Bush hasta la política de “paciencia estratégica” que siguió la administración Obama-. Pero Pyongyang aún tiene avances constantes con sus programas de armamento nuclear y de misiles.

Obama advirtió a Trump que Corea del Norte será su problema de seguridad nacional más urgente. La mayoría de los expertos está de acuerdo en que Pyongyang se acerca peligrosamente a ser capaz de montar un arma nuclear en misiles de largo alcance con la capacidad de llegar a EU. El Consejo de Seguridad Nacional recientemente comenzó a revisar su política para Corea del Norte, la cual, dice Dennis Wilder, un ex asesor de la Casa Blanca sobre Asia, “analiza todas las opciones, desde intervención hasta prevención”.

Durante su campaña electoral, Trump dijo que “no tendría problema” en hablar con Kim Jong Un, el líder de Corea del Norte, pero en Washington también hay más debates sobre la eventual necesidad de un posible ataque preventivo contra Corea del Norte.


Irán: Del alojamiento a la política arriesgada

La semana pasada, cuando el gobierno de Trump impuso nuevas sanciones a Irán después de que hizo pruebas de un misil balístico, la medida dio señales de que el presidente planea cumplir con su compromiso de tener una postura más dura con Teherán.

Suzanne Maloney, experta en Irán del Brookings Institution, dice que el equipo de Trump actuó más rápido de lo que muchos anticiparon. “El plan de juego es aumentar la presión. Existe la percepción de que el gobierno de Obama se centró en acomodar a Irán”, dice. “En esta administración, hay un hilo claro de que el equipo de seguridad nacional tiene una postura opuesta”.

Michael Flynn, asesor de seguridad nacional, dijo la semana pasada que Estados Unidos puso sobre “aviso” a la república islámica. Más tarde, Trump tuiteó que Irán “juega con fuego” con la prueba de misiles.

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El ayatola Ali Khamenei, el líder supremo de Irán, criticó a Trump y dijo que el presidente de EU mostró “la verdadera cara de Estados Unidos” y señaló que “ningún enemigo puede paralizar a Irán”.

Las nuevas sanciones también reflejan el hecho de que Trump se enfrenta a una interrogante sobre el acuerdo nuclear de Irán de 2015, al que describe de manera rutinaria como “el peor acuerdo jamás negociado”. Tillerson dijo que el departamento de Estado lo va a revisar.

La acción más drástica sería romper el acuerdo. Sin embargo, muchos republicanos que se oponen a este creen que sería contraproducente, porque Washington recibiría la culpa del colapso de los esfuerzos diplomáticos internacionales y la probable reanudación del programa nuclear de Teherán.

Información adicional de Max Seddon, Geoff Dyer.