La lógica Trump no funciona

Medir el desempeño de Estados Unidos sólo por su déficit comercial es una de las grandes obsesiones y uno de los errores de la administración Trump.
El anuncio por parte de la administración estadounidense sobre la posible apertura de una productora de acero en el país, generó un mayor número de importaciones del metal, afectando al sector acerero de EU.
El anuncio por parte de la administración estadounidense sobre la posible apertura de una productora de acero en el país, generó un mayor número de importaciones del metal, afectando al sector acerero de EU. (Cortesía)

Cuando Donald Trump dio inicio a una investigación de seguridad nacional sobre las importaciones de acero, Dan Simmons fue uno de los que más se alegró. 

Simmons, presidente de US Steelworkers Local 1899, durante años vio a los miembros del sindicato soportar tiempos difíciles, ya que gran parte de la planta Granite City de US Steel, en Illinois, se encuentra inactiva.

Pero después de que el gobierno de Trump profundizó en los estatutos comerciales, y en abril inició una investigación de la “Sección 232”, que podría conducir al acto más audaz de proteccionismo en apoyo a la industria siderúrgica estadounidense en 15 años, el líder tuvo razones para tener esperanzas. 

En cuestión de semanas, US Steel prometió volver a encender los altos hornos de Granite City al otro lado del río Mississippi, desde San Luis, y volver a contratar a cientos de trabajadores. Todo fue parte de una ola de optimismo impulsada por Trump que se extendió en toda la industria que, durante años, cabildeó por medidas más duras para combatir el dumping chino del acero barato, que dejó a muchas fundiciones estadounidenses incapaces de competir.

Sin embargo, cinco meses después, Simmons se encuentra entre los que se rascan la cabeza con la política del presidente de Estados Unidos (EU). En lugar de actuar rápidamente, como prometió, para imponer aranceles a las importaciones de acero, los planes de la actual administración se atascaron en medio de luchas internas, así como en la oposición de la comunidad empresarial y de los republicanos en el Congreso. 

Aún peor fue el anuncio de Trump que provocó un alza en las importaciones de acero, ya que los fabricantes nacionales buscaron anticipar cualquier aumento en los aranceles y enfrentar precios más altos. “En realidad tuvo un impacto negativo”, se quejó Simmons con el Financial Times cuando se preparaba para volar a casa, el mes pasado, después de una rápida ronda de cabildeo en Washington. “Un poco menos de palabras y mucho más acciones es lo que necesitamos”.

A Trump le gusta presumir la gran cantidad de empleos que la economía estadounidense creó desde que asumió la presidencia y sobre cómo los mercados de valores de EU se dispararon a niveles récord. Pero para alguien que convirtió el equilibrio comercial en la máxima medición del desempeño de un país —para disgusto de los economistas— se muestra renuente a mencionar otro hecho de su presidencia.


Cuando se publiquen las últimas cifras de los datos de comercio de EU, probablemente se confirme una tendencia sorprendente: en los primeros siete meses del año el déficit comercial de bienes y servicios con el mundo subió a 320,000 millones de dólares (mdd), 10% más, o 27,900 mdd, en comparación con el mismo periodo de 2016. Y no es difícil presentar un argumento de que Trump, al menos en parte, tiene la culpa.

El acero y el aluminio son los ejemplos más claros. Desde abril, cuando Trump anunció investigaciones paralelas de seguridad nacional a las importaciones de los dos metales y proclamó que vendrían medidas duras, las importaciones aumentaron.

De acuerdo con los datos recopilados por el grupo de análisis Panjiva para los meses de enero a julio, las importaciones de acero en EU subieron en 7,300 mdd, o 24%, mientras que las importaciones de aluminio fueron 2,800 mdd más altas, o un incremento de 28% en comparación con el mismo periodo de 2016.

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En los tres meses posteriores a las investigaciones, EU importó casi 4,000 mdd de acero más que en los mismos meses de 2016. Las dos industrias atribuyen gran parte del aumento tanto a las amenazas de campaña de Trump de ser más duro con las importaciones, como al estancamiento de las investigaciones, que la administración frenó por el momento con el fin de no hacer enojar a los republicanos, ya que busca que se apruebe la reforma fiscal.

Pero no cuesta trabajo encontrar otras señales del posible efecto Trump en el déficit comercial. El dólar tuvo un fuerte aumento de valor inmediatamente después de la elección de Trump en noviembre. Sin embargo, gracias en parte al creciente escepticismo sobre la capacidad de Trump de poder cumplir con su agenda económica general, el dólar cayó 9% desde que alcanzó su máximo a finales de diciembre de 2016.

Si bien al final esto debe ser bueno para los exportadores estadounidenses y el balance comercial, en el corto plazo contribuyó a un mayor costo de las importaciones, sobre todo de materias primas que se cotizan en dólares como el petróleo, uno de los que más contribuye a la ampliación del déficit de productos este año.

Si bien algunos economistas con tendencia a la izquierda culpan al déficit comercial de la pérdida de empleos en la manufactura estadounidense, la mayoría señala el avance de la automatización y las tendencias empresariales, como la subcontratación de servicios, como los mayores responsables del impacto. 

Pero el punto de vista de Trump de suma cero, en el que las economías con superávit son los cazadores carnívoros ganadores y las economías con déficits son las presas, se mantiene como el principio económico rector de su administración. Y eso convierte al déficit comercial en el máximo indicador del éxito.

Para la administración, la creencia principal es que el déficit comercial provocó pérdidas generalizadas de empleos de manufactura en EU y estancó los salarios, y que se podrá revertir al reducir el déficit. 

La administración busca la reducción del déficit comercial anual de 64,000 mdd, con México en particular como el primer objetivo de la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) que en este momento está en marcha.


Anne Krueger, quien trabajó como la principal funcionaria de EU en el FMI y como jefe economista en el Banco Mundial, argumenta que la condición del dólar como la moneda de reserva mundial tiene más responsabilidad del actual déficit contable que cualquier acuerdo comercial. También son responsables, dice, la baja tasa de ahorros de EU y su persistente déficit presupuestario de gobierno.

64,000 mdd es el déficit comercial de EU con México.

La situación se complicó más por la globalización de las cadenas de suministro, que ayudaron a reducir los costos de complejos productos manufacturados como los automóviles. Más de la mitad de las importaciones de EU son partes o materias primas, lo que las vuelve esenciales para las exportaciones. Esto significa que emprender una ofensiva en contra de las importaciones —como las del acero o las autopartes— puede perjudicar a los fabricantes estadounidenses y a los exportadores más allá de la cadena de valor. 

“Si eliminamos nuestro déficit con México al reducir las importaciones de autopartes, entonces vamos a disminuir nuestras propias exportaciones”, dice Krueger. 

Si la principal preocupación del gobierno de Trump es el déficit comercial, una mejor opción, argumenta, sería que Trump y su administración hagan lo opuesto a lo que planean hacer y se enfoquen en incentivos para que los consumidores ahorren o mejoren la posición fiscal de EU, ya sea mediante el aumento de impuestos, la reducción de gastos o una combinación de ambas. En su lugar, la semana pasada la administración dio a conocer un plan para reducir los impuestos, que la mayoría de los economistas espera que debilite la posición fiscal de EU. 

A nueve meses de que llegó a la presidencia, los intentos de Trump por replantear las reglas del comercio global han hecho más para aumentar el déficit comercial de EU que para reducirlo. Y eso bien podría tener un costo político.