La insensatez del bilateralismo de Donald Trump

En el comercio global unos manejan superávits y otros déficits, y EU considera esto un desequilibrio. ¿No es ridículo siendo que EU liberalizó el comercio?
“El paso que se dio del equilibrio bilateral a multilateral hace 70 años fue el punto de partida para el estallido en el comercio que impulsó el crecimiento mundial”.
“El paso que se dio del equilibrio bilateral a multilateral hace 70 años fue el punto de partida para el estallido en el comercio que impulsó el crecimiento mundial”. (Shutterstock)

El Plan Marshall es una de las piezas más exitosas de la diplomacia económica de la historia. Sin embargo, el dinero no era lo más importante. Más bien, permitió que Europa Occidental, asolada por la guerra, se alejara del bilateralismo empobrecido del comercio al eliminar la escasez de dólares que impulsó el énfasis de la compensación bilateral. De manera institucional, lo hizo al crear la unión europea de pagos dentro de la Organización para la Cooperación Económica Europea. Esto llevó a una convertibilidad en la cuenta corriente y por tanto al mundo del comercio multilateral liberal de hoy.

Los nacionalistas económicos que tienen influencia en la administración de Donald Trump condenan este logro. Prefieren el equilibrio bilateral al equilibrio multilateral en el comercio; el bilateralismo al multilateralismo en la política, y el ejercicio del poder unilateral de Estados Unidos (EU) a la cooperación institucionalmente arraigada.

Debemos estar agradecidos de que las catástrofes de la década de 1930 desacreditaron a los que tenían opiniones estrechas nacionalistas y proteccionistas estrechas en ese entonces. Es horrible imaginar lo que habría ocurrido si estas personas se hubieran salido con la suya. Habrían estado equivocados entonces. Ahora están equivocados. Deben perder. Nuestro destino depende de eso.

En 1945, Howard Ellis, profesor de Berkeley, publicó un ensayo sobre los peligros del bilateralismo. Su conclusión fue: “el bilateralismo es, en muchos aspectos, la forma más objetable de restricción impuesta en el comercio internacional”.

¿Por qué? Consideren cómo se verían nuestras economías nacionales si cada compañía tuviera que equilibrar su ventas y compras con las de todos los demás. Eso sería costoso y una locura. 

El paso que se dio del equilibrio bilateral al multilateral hace 70 años fue el punto de partida para el estallido en el comercio que impulsó el crecimiento mundial.

En la economía multilateral, los equilibrios bilaterales no importan. Por supuesto, las restricciones generales del presupuesto aún lo hacen. Pero el hecho de que maneje un déficit consistente con mi supermercado no debe ser motivo para que me preocupe, siempre y cuando no agote mis recursos generales.

Fue por esa misma razón por la que el marco global de la diplomacia comercial ha sido tanto multilateral como no discriminatoria. También buscó unir la liberalización del comercio con la convertibilidad de la moneda, inicialmente en la cuenta corriente. Sin embargo, en la construcción de este régimen global, también se entendió que existe una importante diferencia política entre el comercio dentro de los países y entre las fronteras: este último implica desconfianza en los extranjeros. Por lo tanto, la mejor forma de reglamentar los compromisos comerciales fue a través de la reciprocidad.

Todo eso está muy bien, dicen los nacionalistas de la actualidad, pero el comercio no se equilibra. Algunos países manejan enormes superávits y otros enormes déficits. Esto, argumentan, debe terminar. El bilateralismo, insisten, es la forma de hacerlo.

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Esto es un error. En primer lugar, no hay manera de asegurar un comercio bilateralmente equilibrado. Es ridículo que una administración que ideológicamente se dedicó a la liberalización económica haga esta propuesta.

En segundo lugar, esto debe ser un juego de “coscorrones” cada vez que EU trate de reducir el déficit con un país A, el cual aumentaría con los países B o C, ya que se desvían las importaciones.

En tercer lugar, el resultado sería complejo e inmanejable con reglas comerciales inciertas: si todos los miembros de la Organización Mundial de Comercio regularan su comercio con otros países de manera bilateral, existirían más de 13,000 acuerdos de ese tipo. Eso sería una locura. Este enfoque haría trizas los acuerdos existentes, lo que crearía un caos de políticas comerciales.

Como señala Stephen Roach, los déficits de cuenta corriente y los superávits son un fenómeno macroeconómico, un punto que se les escapa a los asesores proteccionistas de Trump. Los equilibrios son la diferencia entre el ingreso que se suma al país y el gasto o su ahorro e inversión. Los chinos y los alemanes gastan menos que sus ingresos y los estadounidenses más. Estos últimos, argumenta, deben ser más prudentes, no culpar a los extranjeros.

Roach tiene algo de razón. Si una economía como la de Estados Unidos elevara los ahorros internos, cuando las tasas reales de interés en el mundo son tan bajas y la demanda tan débil, podría llevar al mundo a una recesión. En este contexto, el exceso de ahorros de China, Alemania y otros son una preocupación mundial, porque carecemos de maneras para absorberlos en inversiones productivas y sustentables en otras partes.

Por lo tanto, los desequilibrios generales son un problema legítimo de políticas públicas, como argumentó John Maynard Keynes. Pero no se puede lidiar con ellas a través de acuerdos bilaterales. De esa forma habrá un fracaso de políticas y mala voluntad. Se tiene que lidiar con ellos de manera multilateral, porque es un fenómeno multilateral. También sería mucho más productivo abordarlos a través de una política macroeconómica y cuenta de capital que a través del comercio.

El bilateralismo que promociona tanto el gobierno de Trump es una ilusión. No va a funcionar. Pero hará un gran daño. Se debe enterrar.