El largo y doloroso camino hacia el desorden mundial

Estamos al final de un periodo económico de globalización y de otro geopolítico. ¿Lo que sigue es el desmoronamiento hacia una “desglobalización” o un nuevo periodo de orden mundial de cooperación?
El muro fronterizo que divide México de EU comenzó a construirse en los 90 y cubre ya tramos en Sonora, Baja California y Tamaulipas. En la foto, el extremo que separa Tijuana de San Diego, que incluso divide al mar.
El muro fronterizo que divide México de EU comenzó a construirse en los 90 y cubre ya tramos en Sonora, Baja California y Tamaulipas. En la foto, el extremo que separa Tijuana de San Diego, que incluso divide al mar. (EFE)

Vivimos, una vez más, en una era de nacionalismo estridente y xenofobia. Las esperanzas de un nuevo mundo de progreso, armonía y democracia se volvieron cenizas.

¿Qué le espera en el futuro a EU, creador y garante del orden liberal de la posguerra, al que pronto gobernará un presidente que repudia las alianzas permanentes, abraza el proteccionismo y admira a los déspotas? ¿Qué le espera a la Unión Europea, una zona maltratada que contempla el surgimiento de la “democracia no liberal” en el este, el Brexit y la posibilidad de la elección de Marine Le Pen para la presidencia de Francia?

¿Qué esperar ahora que la Rusia irredentista de Vladimir Putin ejerce una creciente influencia en el mundo y China anunció que Xi Jinping no es el primero entre iguales, sino un “líder central”?


De la euforia al descontento

Al contemplar las ruinas de la civilización europea y la amenaza del totalitarismo comunista, después de la Segunda Guerra Mundial, EU, la economía más poderosa del mundo y el país con mayor poder militar, utilizó su riqueza. Fue un ejemplo de autogobierno democrático para crear, inspirar y sostener el occidente transatlántico. Al hacerlo, sus líderes aprendieron de los errores políticos y económicos que cometieron sus predecesores después de la guerra de 1917.

Internamente, los países de este Nuevo Occidente surgieron con el compromiso de empleo pleno y algún tipo de bienestar social por parte del Estado. A nivel internacional, una nueva serie de instituciones, como el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM), supervisaron la reconstrucción de Europa y promovieron el desarrollo económico global.

Desde el punto de vista económico, la era de la posguerra se puede dividir en dos periodos: el keynesiano de recuperación económica en Europa y Japón, y luego el de la globalización orientado al libre mercado, que comenzó con las reformas de Deng Xiaoping en la República Popular China en 1978 y las elecciones en el Reino Unido y EU con Margaret Thatcher y Ronald Reagan en 1979 y 1980,respectivamente.

Este segundo periodo se caracterizó por la conclusión de la Ronda de Uruguay de negociaciones comerciales en 1994, la creación de la OMC en 1995, la entrada de China a la OMC en 2001 y la ampliación de la Unión Europea, para incluir a los antiguos miembros del Pacto de Varsovia, en 2004.

El primer periodo económico terminó con la inflación de la década 1970. El segundo con la crisis financiera de Occidente de 2007-2009. Entre los dos hay un momento de agitación económica e incertidumbre, como el que vivimos ahora. 

En Medio Oriente abundan los conflictos. La migración masiva se convirtió en una amenaza para la estabilidad europea. La Rusia de Putin está en marcha. La China de Xi es cada vez más asertiva. 

Estos cambios geopolíticos son, en parte, el resultado de procesos deseables en la propagación de un rápido desarrollo económico más allá de Occidente, sobre todo en los gigantes asiáticos, como son China e India.

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Algunos también son el resultado de las decisiones que se tomaron en otras partes, y no menos importante la de Rusia de rechazar la democracia liberal a favor del nacionalismo y la autocracia como el núcleo de su identidad poscomunista y la combinación en China de economía de mercado y control comunista.


El incremento del enojo

Occidente cometió grandes errores en la última década y media, sobre todo la decisión de derrocar a Saddam Hussein en Irak y difundir la democracia en Medio Oriente a punta de pistola. Tanto en Estados Unidos como en Reino Unido se piensa que la guerra de Irak tuvo orígenes ilegítimos, gestión incompetente y resultados desastrosos.

También se afectó a las economías occidentales, en diversos grados, al desacelerar el crecimiento, aumentar la desigualdad, elevar el desempleo, la disminución de la participación de la fuerza laboral y la desindustrialización. Estos cambios tuvieron efectos adversos en los hombres poco capacitados y aumentó la ira por la migración masiva.

Algunos de estos cambios fueron resultado de sucesos económicos que, o fueron inevitables o el lado malo de los desarrollos deseables. Sin embargo, en política económica también se cometieron grandes errores, sobre todo no asegurar que las ganancias del crecimiento económico se distribuyeran de manera más generalizada. La crisis financiera de 2007-09, y posteriormente la crisis en la zona euro, fueron acontecimientos decisivos.

La respuesta a la crisis también socavó la creencia en la justicia del sistema. Mientras que la gente común perdió sus empleos o sus casas, el gobierno rescató al sistema financiero. En EU, donde el libre mercado es una fe secular, esto se consideró inmoral.

Todo esto en conjunto destruyó el acuerdo sobre el que se apoyan las democracias complejas, que sostiene que las élites pueden ganar enormes sumas de dinero y disfrutar de una gran influencia y poder siempre y cuando cumplan. El golpe dio a lugar al temor y la rabia.

La sucesión de equivocaciones también minó la reputación de los estados occidentales en cuestión de competencia, mientras que aumenta la de Rusia, y aún más, la de China. También, con la elección de Donald Trump, se hizo un agujero en las afirmaciones desgastadas del liderazgo moral de EU.

La pregunta es si lo que sigue será el desmoronamiento de la era posterior a la Segunda Guerra Mundial hacia una desglobalización y conflicto o un nuevo periodo, en el que las potencias no occidentales, sobre todo China e India, desempeñan un papel más importante para mantener el orden mundial de cooperación.


Libre comercio y prosperidad

Gran parte de la respuesta tendrá que llegar por fuerza desde los países occidentales. Incluso ahora, después del relativo declive económicoEU, la Unión Europea y Japón representan más de la mitad de la producción mundial medida a precios de mercado y 36% de ella medida con una paridad del poder adquisitivo.

También se mantienen como el hogar de las compañías más importantes e innovadoras del mundo, dominan los mercados financieros, lideran las instituciones de educación superior y las culturas con más influencia. 

EU también seguirá como el país más poderoso del mundo, sobre todo en el aspecto militar, por décadas. Pero su capacidad para influir en el mundo mejora enormemente por su red de alianzas, el producto de su arte de gobernar creativo durante los primeros años de la era de la posguerra.

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Al evaluar las respuestas, se deben recordar dos factores. El primero, la era posterior a la Segunda Guerra Mundial de la hegemonía de EU fue un enorme éxito generalizado. El promedio de ingresos reales per cápita a nivel mundial subió 460% entre 1950 y 2015. La proporción de la población en extrema pobreza del mundo cayó de 72% en 1950 a 10% en 2015.

El segundo, el comercio dista mucho de ser la causa principal del declive a largo plazo en la proporción de empleos en EU en el sector de manufactura, aunque el aumento en el déficit comercial tuvo un efecto significativo en el empleo de fabricación después del año 2000. El crecimiento productivo impulsado por la tecnología ha sido mucho más poderoso.

De igual manera, el comercio global no es la causa principal del aumento de la desigualdad: después de todo, las economías de altos ingresos también fueron golpeadas por los grandes cambios en la competitividad internacional, pero las consecuencias de esos cambios para la distribución del ingreso tienen una enorme variación.

Al parecer, el Reino Unido no tiene una idea clara de cómo va a funcionar después del Brexit; la Zona Euro permanece frágil, y algunas personas que Trump planea nombrar, al igual que los republicanos en el Congreso, parecen estár determinados a cortar los frágiles cuerdas de la red de seguridad social de EU.

Un Occidente dividido, ensimismado y mal manejado probablemente se vuelva en algo muy desestabilizador. China podría encontrar la grandeza que tanto busca. Que logre ascender a un nuevo papel global, dados sus enormes retos internos, es una interrogante. Parece poco probable. 

Al sucumbir al atractivo de las soluciones falsas, Occidente podría incluso destruir los pilares intelectuales e institucionales en los que se apoyó el orden mundial de la posguerra. Es fácil entender esas emociones, mientras al mismo tiempo se rechazan las respuestas tan simplistas. 

Occidente no se sanará al ignorar las lecciones de la historia. Pero bien puede crear un caos en el intento.