Los riesgos de negar el cambio climático

Este fue un tema que los candidatos presidenciales de EU apenas tocaron en los debates, aun cuando está presente en la agenda mundial.
“La forma más importante cómo afectamos a la naturaleza es a través del clima. Sin embargo, nuestra respuesta es una tonta negación y una ingenua esperanza”.
“La forma más importante cómo afectamos a la naturaleza es a través del clima. Sin embargo, nuestra respuesta es una tonta negación y una ingenua esperanza”. (Ilustración: Shutterstock)

A la naturaleza no le importa lo que pensamos de ella. De hecho, a la naturaleza no le importamos en lo absoluto. Pero debemos de cuidarla. Sobre todo, nos debe preocupar si nuestras acciones la afectan adversamente. Probablemente, la forma más importante cómo afectamos a la naturaleza es a través del clima. Sin embargo, nuestra respuesta es una tonta negación y una ingenua esperanza. La naturaleza no se va a impresionar.

Lo que la naturaleza hace en este momento es calentar el planeta. De esto no queda ninguna duda. La “pausa” del calentamiento global de 1998-2013 definitivamente terminó. Incluso, antes de que los recientes incrementos de temperatura la llevaran a alcanzar su mayor nivel en la historia, la idea de una pausa era absurda. 

En 1998 hubo un fuerte fenómeno de El Niño, una característica de las altas temperaturas a nivel mundial. Lo que es notable es que los años posteriores a 1998 se mantuvieran tan calientes. 

Tanto el año pasado como este, con otro fuerte fenómeno de El Niño, las temperaturas alcanzaron niveles históricos. Una línea recta entre los picos de enero de 1958 y febrero de 2016 se encuentra por encima de la temperatura de todos los meses intermedios. Lo mismo ocurre con una línea que se trazó entre marzo de 1990 y febrero de 2016. Los promedios móviles de 12 y 60 meses presentaron una imagen similar.

No hay una desaceleración en las tasas subyacentes de los incrementos de temperatura. Después de este fenómeno de El Niño podría ocurrir otra pausa, pero probablemente a un nivel promedio más alto que el anterior. 

Justo cuando el mundo alcanza los picos de temperatura (en relación con el promedio de 1951-1980 y los niveles preindustriales), también alcanza concentraciones máximas de dióxido de carbono en la atmósfera. Este año, el promedio global casi sin duda superará las 400 partes por millón, que es más de 40% por encima de los niveles de la era preindustrial. 

Dada la conocida física del efecto invernadero, la relación causal entre el aumento de las concentraciones de los gases de efecto invernadero y el aumento consistente de las temperaturas es, al menos, abrumadoramente plausible. 

Un hecho notable es que, a pesar de estas simples verdades, la cuestión del cambio climático apenas se tocó en los debates presidenciales de las elecciones de EU. Esto no se debe a que no tiene importancia. La razón tampoco es porque los candidatos no están de acuerdo. Se debe a que pocos quieren pensar acerca de las implicaciones que tienen estas realidades. 

Una de las dos respuestas dominantes para la evidente realidad de los riesgos climáticos es la negación. Pero hay formas muy diferentes de negación. Pienso en ellas como una “negación mayor” y una “menor”.

“La negación mayor” llega desde la derecha. Comienza a partir de dos hechos y una sospecha. El hecho uno es que muchas de las personas que toman en serio el cambio climático en verdad tienen sospechas de -si no es que son realmente hostiles hacia- la economía de mercado. 

El hecho dos es que el cambio climático implica un costoso derrame global de actividad económica impulsada por el mercado. El supuesto es que hacer cualquier cosa para mitigar el cambio climático debe implicar una enorme interferencia en la economía de mercado e imponer enormes costos económicos.

La conclusión natural es que la idea de un cambio climático a causa del hombre tiene que ser algo fraudulento, debido a que existe la posibilidad de que esto es muy doloroso para contemplar.

“La negación menor” proviene de quienes reconocen los peligros evidentes, pero argumentan que enfrentar el cambio climático de forma efectiva es un reto sencillo y con un costo relativamente bajo. Esto tampoco es posible. Incluso si, como algunos argumentan, la tecnología necesaria para mantener el crecimiento económico mientras se eliminan progresivamente las emisiones de carbono está aquí o está a punto de llegar a un costo cada vez menor, el reto político, social y económico de lograr una ruptura decisiva en estas tendencias es desalentador.

Es demasiado fácil aplaudir lo que, de hecho, son poco más que simples gestos hacia la dirección de abordar los riesgos del clima como algo real. Al tan elogiado acuerdo de París de diciembre de 2015 no solo le faltan dientes, sino que se queda corto, incluso para evitar el aumento de la temperatura por debajo de 2 grados centígrados, mucho menos por debajo de 1.5 que se piensa es lo más deseable. Esto tiene que ser un esfuerzo global con un tamaño y una urgencia adecuada. 

“La negación mayor” garantiza el fracaso. Eso es lo que Donald Trump llevará con él a la Casa Blanca. Bajo su mandato, lo más seguro es que EU abandone las modestas medidas que se tomaron durante el gobierno del presidente Barack Obama. Pero EU no solo es el segundo mayor emisor: es uno de los mayores emisores por cabeza. Sin EU, los esfuerzos para reducir los riesgos climáticos van a estar muertos. Es sorprendente que esto no haya sido digno de tan siquiera considerarlo durante los debates. 

Como presidenta, no se podría culpar a Hillary Clinton de ser parte de “una negación mayor”, pero es probable que caiga en una “negación menor”: va a sustituir los gestos modestos por políticas capaces de llevar a un cambio creíble. 

De hecho, sin al menos un comienzo con el precio del carbono y la determinación para desarrollar tecnologías de una manera mucho más rápida, el cambio que se necesita en las tendencias no va a ocurrir a tiempo. Entonces, el mundo tendrá que adaptarse a las consecuencias de los cambios climáticos que no tuvo la capacidad de mitigar.