Mis amigos Bernie Madoff y Allen Stanford

Un profesor de Harvard intercambia cartas y entrevistas con delincuentes de cuello blanco famosos, para entender por qué cometieron fraudes multimillonarios.
Madoff al profesor Soltes: ”Es como una comedia de errores. Para cubrir las pérdidas tuve que tomar dinero de fondos de cobertura…”
Madoff al profesor Soltes: ”Es como una comedia de errores. Para cubrir las pérdidas tuve que tomar dinero de fondos de cobertura…” (AFP)

Escribir cartas es una buena disciplina para Eugene Soltes, profesor de la Escuela de Negocios de Harvard. Lo que preocupa son sus amigos por correspondencia.

Hace ocho años, “por un capricho” mientras estudiaba para una maestría en la Escuela de Negocios Booth en Chicago, el profesor Soltes decidió ver si podría sostener correspondencia con algunos de los criminales de cuello blanco más conocidos de Estados Unidos (EU).

“Soy una de las últimas personas de mi edad que aún disfruta escribir cartas”, admite el profesor de 35 años, y agrega que parecía una gran manera de lograr la atención de esas personas que podrían descartar un mensaje de texto o un correo electrónico.

Con una lista de 20 preguntas acerca de lo que forma a una mente criminal, el profesor Soltes escribió cartas a ejecutivos en la cárcel que consideraba interesantes.

Entre estas personas se encuentran Jeffrey Skilling, ex director ejecutivo de Enron, 14 años de cárcel por su papel en el colapso del grupo de energía; y Allen Stanford, quien cumple una sentencia de 110 años por un fraude de 7,000 millones de dólares (mdd) y manejar una firma de inversión que era un esquema Ponzi.

El único guiño a la comunicación digital de Soltes fue una búsqueda en Google para encontrar las direcciones, algo que resultó ser “sorprendentemente sencillo” gracias a una herramienta de localización de internos en el sitio web de la Oficina Federal de Prisiones de EU.

El profesor Soltes no creyó que recibiría respuestas. “Regresé a mi otra investigación y pronto me olvidé de las cartas”

Las primeras respuestas llegaron un mes más tarde. Entre ellas se encontraba una sombría pero educada carta escrita a mano de Stephen Richards, ex alto ejecutivo de Computer Associates, a quien procesaron por acusaciones de fraude en 2004, junto con su director ejecutivo Sanjay Kumar, y cumple una sentencia de 7 años.

“Por favor perdone la demora en responder a su solicitud”, escribió Richards. “A pesar de la percepción de que tengo mucho tiempo libre, parece que últimamente eso dista mucho de ser cierto”.

Hubo más, y a varias le siguieron conversaciones telefónicas. En algunos casos la relación fue más allá, con encuentros frente a frente.

El profesor Soltes visitó la prisión para hablar con Bernie Madoff, un excorredor de bolsa quien en 2009 admitió que convirtió su negocio de gestión patrimonial en un esquema Ponzi de 65,000 mdd.

“Francamente, aún estoy muy sorprendido con lo que ocurrió”, dice Soltes. “Todavía me considero un investigador empírico que se queda despierto a altas horas de la noche, corriendo regresiones y buscando datos muy poco emotivos. Esto fue muy diferente”.

Soltes transformó en un libro los resultados de su correspondencia, su nombre es Why The Do It: Inside the Mind of the White-Collar Criminal (Por qué lo hacen: dentro de la mente de los criminales de cuello blanco). Una de las teorías es que el cambio hacia la comunicación electrónica puede, al menos en parte, ser responsable del aumento de malas prácticas corporativas.

“En realidad creo que la desaparición de la intimidad en nuestras relaciones por medio de cartas, y los mensajes de texto, aún más etéreos, afecta nuestras relaciones para empeorarlas”, dice.

Uno de los principales retos para que la gente se haga responsable es la distancia, no solamente física, sino psicológica, entre la gente que maneja las empresas y a los que afectan sus decisiones. “Si nos remontamos un par de cientos de años, la mayoría de las personas dentro de las firmas se conocían, a menudo estaban conectadas a las comunidades, la amistad, la familia, y tenían relaciones de verdad”

Las respuestas francas en algunas cartas que recibió el profesor Soltes parecen confirmar esto, cuando las personas que las escribieron parece que muestran poco remordimiento por sus acciones.

“Estoy seguro que tu opinión ‘real’ de mí, al igual que la de 99% del mundo, es que soy un asqueroso imbécil que le robó a viudas y huérfanos, y recibió su merecido”, escribió Stanford, en una de sus primeras cartas. “Sin embargo, realmente hay otro lado en la historia, y es 180 grados diferente a lo que es del dominio público”.

Lograr que estos delincuentes contestaran sus cartas fue una tarea grande, dice Soltes, pero extraer la verdad de lo que hicieron implicó una habilidad mucho mayor, y es algo que no está totalmente seguro que pudo lograr.

Incluso cuando la gente trata de recordar lo que sucedió, a menudo lo recuerdan de una forma distorsionada por su memoria selectiva, señala el profesor. Como resultado, pasó mucho tiempo hablando con sus amigos por correspondencia en prisión sobre historias en las noticias.

“Es ver su reacción a otro tipo de información y circunstancias lo que de muchas maneras es más revelador en comparación a lo que en realidad discuten de sus propios casos”, dice Soltes.

Las cartas fueron un gran nivelador, agrega. “Que respondan la carta y ver el sello de la prisión, y después recibir una llamada telefó- nica, hace que pueda ver en realidad, de una manera muy humilde, la caída que tuvieron estas personas, que en muchos casos son bastante brillantes y muy notables”.