López Obrador capitaliza problemas económicos

Con la estrategia de decir “a la gente lo que quiere escuchar”, el político opositor de izquierda buscará por tercera vez llegar a la Presidencia en 2018.
El líder de Morena.
El líder de Morena. (Octavio Hoyos)

Ciudad de México

Decirles a los votantes lo que quieren escuchar funcionó muy bien para Donald Trump. Mientras México avanza hacia el proceso de elección en 2017, otra figura populista antisistema espera seguir los pasos del presidente electo de Estados Unidos.

Como Trump, Andrés Manuel López Obrador es una figura amada o detestada, con un mensaje que resuena con los menos privilegiados y los ciudadanos enojados.

En el caso de AMLO, conocido como el izquierdista rebelde, su mensaje incluye promesas para acabar con la corrupción, barrer a “la mafia del poder”, mejorar las pensiones, recortar los gruesos salarios gubernamentales, crear empleos e implementar un enorme programa de infraestructura. Se compromete a traer un “cambio real” a México.

Muchos votantes han escuchado todo esto antes. Este será el tercer intento de López Obrador por alcanzar la Presidencia. Después de perder por poco en 2006 frente a Felipe Calderón, AMLO dijo que la elección fue robada. En 2012 fue un contendiente fuerte para el presidente Enrique Peña Nieto.

Ahora con 63 años, López Obrador ha transitado un largo camino desde los meses de ocupación de las vías públicas de la Ciudad de México en protesta por los resultados de la elección de 2006. Los bajos índices de aprobación de Peña Nieto, aunados a los escándalos de corrupción, una economía que empeora y la escalada en la inseguridad han jugado a favor de López Obrador.

Peña Nieto comenzó su mandato en 2012 como una bocanada de aire fresco, un reformista capaz con una visión audaz para poner a México en un nuevo camino. Pero la desaparición de 43 estudiantes, aún sin resolver, a manos de la policía corrupta, el trato real que le dio a Trump tan criticado en México, la desaceleración económica y la creciente inflación convencieron a muchos de que ahora es poco más que un cero a la izquierda justo cuando México enfrenta una crisis.

La incertidumbre sobre los planes de Trump para el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, sus políticas migratorias y su compromiso de alzar un muro fronterizo han generado confusión entre los inversionistas, pero López Obrador predica calma diciendo que México es una nación soberana y no hay nada que temer, “estamos avanzando”.

Para la cúpula empresarial y política de México, López Obrador, quien comparó a Fidel Castro con Nelson Mandela, es un prospecto terrorífico por su oposición a las reformas estructurales que Peña Nieto ha implementado, especialmente la apertura del sector energético a la inversión privada.

Pero justo como Trump logró desafiar las probabilidades políticas en Estados Unidos, las perspectivas de López Obrador ya no son impensables, en parte porque se ha posicionado a sí mismo como el abanderado para luchar contra el engranaje de corrupción de México. “AMLO es la opción por default” para la presidencia en 2018, dice al FT el presidente de una de las empresas más importantes de México.

El año que recién inicia será fundamental en la carrera electoral. Es probable que el Partido Revolucionario Institucional, al que pertenece Peña Nieto, espere hasta junio para elegir un candidato, luego de que pase la elección del Estado de México, entidad clave por ser el lugar de origen del presidente y bastión priista. Una vez que se elija al abanderado de la contienda, la carrera comenzará y Peña Nieto se verá reducido a una figura decorativa en su último año en el cargo.

Acción Nacional, el partido de oposición, tampoco ha decidido entre su líder, Ricardo Anaya Cortés, o Margarita Zavala, esposa de Calderón, para ser su candidato. Mientras los dos principales partidos de México vacilan, López Obrador, quien sufrió un ataque al corazón unos años atrás, ha estado de gira por todo el país.

Una encuesta publicada en diciembre por el periódico Reforma reveló que 29 por ciento de la población votaría por López Obrador y 26 por ciento por la ex primera dama. Jorge Castañeda, ex secretario de Relaciones Exteriores, dice que “todo parece indicar” una victoria de AMLO.

Pero aún queda un largo camino para las elecciones de junio de 2018 y López Obrador no puede confiar únicamente en el “voto de castigo” para empujarlo al poder como lo hizo Trump, dice la analista política Denise Dresser. “Entiendo por qué la gente dice que perderá la elección... pero en 2006 él desperdició 30 por ciento del voto” con su mensaje radical y no logró aprovechar el voto centrista, dice.

Para ganar, necesita “recorrer el camino de otros izquierdistas que han ganado”, dejar de lado su retórica radical y atraer a más centristas, dice Dresser.

López Obrador ya comenzó a hacerlo. Recientemente aseguró que respetaría la independencia del Banco de México y que llamará a referendo el futuro de las reformas energética, fiscal, educativa y laboral. Pero muchos aún no están convencidos. “Él promete más de lo que puede dar. Es un poco falso”, dice Ángel Bates, un reparador de relojes.

A diferencia de Trump, López Obrador ha ocupado un cargo público entre 2000 y 2005 y es reconocido como un jefe de Gobierno de la Ciudad de México exitoso. Valeria Moy, directora del think-tank México ¿Cómo Vamos?’, dice que López Obrador apela a “decirle a la gente lo que quiere escuchar y la gente está harta, creo que tiene una oportunidad”.

Maripaz Sánchez Colín, una trabajadora doméstica, dice que sus vecinos en una colonia pobre de la Ciudad de México siempre han votado por AMLO, y ella misma planea hacerlo de nuevo, pues apoya a los menos privilegiados y a los ancianos.

“Siempre ha perdido”, dice, “pero creo que esta vez lo logrará”.