Debe Peña reforzar el estado de derecho

El país está pasmado; la corrupción y la inseguridad han reventado la paciencia.
El Presidente en Reino Unido.
El Presidente en Reino Unido. (Especial)

México está en crisis. México no está en crisis. Ambas expresiones son correctas.

A pesar del colapso en el precio del crudo, la economía es estable y crece, acaso con lentitud. El presidente Enrique Peña Nieto, quien visitó esta semana Reino Unido, ha impulsado reformas relevantes que deberían detonar el crecimiento.

Sin embargo, México también está pasmado. La corrupción y la ausencia de estado de derecho han reventado la paciencia del país. La presunta muerte de 43 estudiantes a manos de una banda ligada a policías locales, así como diversos escándalos, como una casa propiedad de la primera dama que fue construida por un contratista favorecido por el gobierno, le han echado sal a la herida. Estos incidentes son síntomas de un malestar que antecede a la actual administración, no la causa. Sin embargo, se han manejado pobremente.

En una entrevista con FT, Peña Nieto admitió, por primera vez, que reconoce el desencanto popular. A México le afligen la "incredulidad y la desconfianza", dijo. El gobierno necesita "reconsiderar adónde nos dirigimos". Ojalá que esto represente un punto de quiebre. De otra manera, el subirse a una carroza dorada con la reina Isabel II solo podría aumentar las críticas de quienes ven su aparente preferencia por la pompa y el protocolo como prueba de su desprecio por las preocupaciones de los mexicanos comunes.

Pero no se trata de soslayar los logros de Peña Nieto. Su gobierno ha impulsado reformas revolucionarias que podrían conseguir que México se separe del grupo de países similares. Los oligopolios de las telecomunicaciones se han reventado y se cerraron huecos en imposiciones corporativas. El monopolio estatal en energía permite la inversión privada por primera vez en casi 80 años. Este cambio histórico, eventualmente, impulsará la decadente producción actual y rebajará el costo energético para los negocios y los hogares. Con eso, más su compromiso con el libre comercio, así como su economía diversificada —más integrada a las cadenas de abastecimiento global—, México luce mejor ubicado estratégicamente para el siglo 21. Esta es la lógica tras la visita de Estado a Reino Unido, un país que comparte dichos valores.

Sin embargo, las reformas económicas son apenas la mitad de lo que México necesita. Si ha de prosperar, es más urgente reconstruir el estado de derecho. Cada negocio mexicano, y muchos extranjeros, a menudo sufren por "la mordida". La corrupción y la extorsión que tiñen la vida diaria son el problema real de México, no tanto el crimen organizado (aunque capturar cabecillas como La Tuta ayuda), sino el crimen desorganizado que se ceba en las podridas instituciones.

Como dijo Luis Videgaray, el secretario de Hacienda: resolver esos problemas equivale a "10 reformas energéticas". Pero, ¿cómo? Y, ¿es el Presidente, cuyo Partido Revolucionario Institucional fue una vez sinónimo de corrupción, un encargado creíble?

Peña Nieto ha lanzado varias iniciativas que aumentan los poderes auditores del Estado y creó un zar antisobornos. El tiempo dirá qué tan efectivos son. Mientras tanto, la mayor tarea es enorme. Reentrenar los cuerpos policiales para que sean agentes del Estado en que los ciudadanos puedan confiar, más que temer es una labor que tomará generaciones. Pero dicho trabajo debe comenzar ahora si se quieren éxitos en las otras reformas. La alternativa sería un país azotado por la violencia, por los grupos políticos facciosos y por el capitalismo amafiado. Eso es relevante para México y para el resto del mundo, en especial Estados Unidos.

México tiene el potencial de acceder a un futuro brillante, pero la tendrá difícil mientras sus reformas económicas no se completen. Sin estado de derecho y un gobierno limpio poco cambiará. Tal debe ser el enfoque de Peña Nieto durante los cuatro años que le quedan como presidente si es que quiere portar el manto del reformador modernista que reclama para sí.