Río ya siente la presión política por Olímpicos

El alcalde niega que la justa deportiva promueva la segregación urbana y dice que una factura “modesta” asegurará un legado.
La construcción del Parque Olímpico.
La construcción del Parque Olímpico. (Christophe Simon/AFP)

Río de Janeiro

En un enorme sitio de construcción en Barra de Tijuca, un suburbio alejado de Río de Janeiro, enormes estructuras en forma de rombo se levantan desde el polvo.

Dentro de nueve meses, durante los Juegos Olímpicos 2016, las tres arenas, conocidas como Carioca 1, 2 y 3, serán sedes de competencias que van del basquetbol a la lucha.

A diferencia de los frenéticos preparativos de último minuto para la Copa del Mundo 2014, el ambiente en el Parque Olímpico, que también incluye un estadio acuático, una arena de tenis, un velódromo y otras instalaciones, se siente casi relajado.

No solo los proyectos van en tiempo, dice el hombre responsable de que la ciudad sea sede de los juegos, el alcalde de Río, Eduardo Paes, sino que están dentro del presupuesto, a diferencia de la Copa del Mundo, cuando los enormes costos generaron protestas masivas en 2013 contra la justa futbolística.

El secreto, dice, es una fuerte participación privada en el financiamiento de los Juegos Olímpicos y el uso de una serie de técnicas innovadoras que incluyen estadios temporales, que después de los juegos se pueden desmantelar y convertir en instalaciones públicas, como escuelas.

“Considero a los Juegos Olímpicos un evento político”, dice Paes, un hombre vigoroso de 45 años al que algunos analistas ven como un posible candidato para la presidencia de Brasil, si los juegos salen bien. “Para mí, el evento es para mostrar que aquí también podemos hacer las cosas a tiempo y dejar un legado”.

Con Brasil cada vez más cerca de lo que se espera sea la peor recesión desde la década de 1930, la presión política es mucho mayor. A medida que el desempleo se dispara, los votantes se muestran cada vez más intolerantes a cualquier gasto público que se consideren frívolo.

Realizar los juegos nunca iba a ser una tarea fácil en una ciudad como Río, cuya belleza natural contrasta con una marcada desigualdad social. Cerca de 22 por ciento de los más de 6 millones de habitantes vive en las favelas, o barrios pobres, muchas de ellas controladas por las pandillas de narcotraficantes.

Críticos como Orlando Alves dos Santos Júnior, profesor del Instituto de Investigación y Planeación Urbana y Regional de la Universidad Federal de Río de Janeiro, afirma que los Juegos Olímpicos se construyen de una forma que promueve “la segregación urbana”. Dice: “Se trata de exclusión, no de inclusión”.

COSTO DE 10 MIL MDD

La cuenta total asociada a los juegos es de 38 mil 200 millones de reales (10 mil millones de dólares), de los cuales 24 mil 600 millones de reales son para proyectos de “legado”, trabajos públicos independientes que se inspiraron en los juegos, como carriles exclusivos para el tránsito rápido de autobuses, una línea del metro y la renovación del abandonado distrito del puerto. Otros 7 mil millones de reales son para los sueldos del comité organizador de los juegos, y 6 mil 600 millones de reales son para los recintos.

El alcalde dice que el sector privado financia dos terceras partes de los costos de esas sedes. Por su parte, el gobierno ofrece terrenos públicos para la Villa y el Parque Olímpicos y otras instalaciones. Estas las construyen empresas del sector privado, que a cambio después las venderán como bienes raíces. Paes argumenta que el gobierno de la ciudad gasta menos en los recintos de lo que gastó Londres en 2012 y Tokio 2020, y que esos recintos que se construyen tienen usos previstos para cuando se terminen los juegos.

Por ejemplo, parte de la zona de asientos en el interior de una de las arenas cariocas se convertirá en salones de clases para jóvenes atletas de élite. Otra sede, la Arena del Futuro, donde se realizarán las competencias de handball, se hizo con partes prefabricadas que después se convertirán en cuatro escuelas, en una práctica que se conoce como “arquitectura nómada”.

“¿Por qué los juegos no son impopulares? Pregunta el alcalde, y cita encuestas que muestran el apoyo público para el evento. “Porque no hay un escándalo... todo se hace de una forma modesta”.

Los críticos, como el profesor Santos, argumentan que los verdaderos costos para el gobierno, como la transferencia de bienes raíces de primer nivel a los desarrolladores, no son transparentes.

Afirma que hubo desalojos masivos de personas pobres en Barra, que se considera una zona rica, para dar paso a los juegos.

“Hay comunidades de Barra da Tijuca que ya no existen... las borraron del mapa”, dice.

Sin embargo, según Paes, a la única comunidad que se desalojó para los juegos, llamada Vila Autódromo, en el sitio del Parque Olímpico, se le ofrecieron nuevos apartamentos a 800 metros del lugar. “Esta es una cuestión de ideología por parte de actores políticos en Brasil, quienes piensan que las alianzas público-privadas son malas. Hay personas que prefieren que gastemos el dinero público en apartamentos donde los atletas se van a hospedar durante 15 días.

Otra preocupación que se expresa regularmente es la inseguridad. Los esfuerzos de Río para instalar puestos de policías de la comunidad en las favelas se encuentran con problemas, en medio del resurgimiento de enfrentamientos con los narcotraficantes.

Pero Paes dice: “El problema no será durante el evento, habrá policías, soldados, fuerzas armadas, etcétera. El problema es antes y después. El reto de Río es lograr que la seguridad sea permanente”.  

EL DATO

22%

Población de Río de Janeiro que vive en las favelas, muchas controladas por el narco; en la ciudad residen 6 millones de personas.

1,800 mdd

Presupuesto para los sueldos del comité organizador de los Juegos Olímpicos Río 2016.