Reunión de la OPEP, entre incertidumbre y crudo a 50 dólares

El mercado está a la expectativa por la política que impulsará el nuevo presidente de la petrolera estatal de Arabia Saudita.
Khalid al-Falih, jefe de la petrolera saudita.
Khalid al-Falih, jefe de la petrolera saudita. (Ruben Sprich/Reuters)

Como ex director ejecutivo y posteriormente presidente de la petrolera estatal Saudi Aramco, Khalid al-Falih, es, desde hace mucho tiempo, uno de los hombres más poderosos en la industria petrolera. Sin embargo, el nivel de escrutinio que le espera en Viena esta semana no se parecerá en nada a lo que el nuevo ministro del petróleo de Arabia Saudita haya enfrentado.

Si bien no se espera que se llegue a algún acuerdo para congelar o reducir la producción en la reunión ministerial de medio año de la OPEP, se analizará el significado de cada una de sus palabras. La política energética saudita entró a un nuevo e incierto capítulo bajo Mohammed bin Salman, el poderoso príncipe heredero sustituto del reino, quien lo nombró como el máximo jefe de los asuntos petroleros.

Desde el momento en que aterrice en la capital austriaca, a Falih le seguirá la prensa, ansiosa por conocer su opinión sobre el mercado petrolero, ya que el crudo Brent opera a casi 50 dólares el barril después de un repunte de su valor desde enero.

“El escenario base es que no habrá recortes”, dice David Hufton, de PVM, un corretaje petrolero con sede en Londres. “Las incertidumbres se deben más a si la reunión será agria y si los sauditas hablarán sobre aumentar la producción”.

El petróleo tuvo un repunte de más de 80 por ciento desde su desplome a cerca de 30 dólares por barril en enero, en lo que algunos consideran como una validación para la negativa de Arabia Saudita de hacer frente al exceso de oferta al reducir unilateralmente la producción.

Mientras que la política de dos años de antigüedad empieza a tener efecto, y la producción fuera de la OPEP se dirige a su mayor caída anual en más de una década, la industria quiere saber los planes del recién nombrado Falih para utilizar el petróleo del reino, ya que Arabia Saudita se embarca hacia un programa de reformas radicales.

El príncipe Mohammed impulsa los planes para vender una pequeña participación de Saudi Aramco, algo que ayuda a apoyar un plan de 15 años para cambiar radicalmente la economía del reino. Eso, a su vez, aumenta las especulaciones de que con el tiempo la producción se puede elevar sustancialmente por encima del récord de 10.2 millones de barriles que produjo el año pasado.

“El petróleo se convirtió tanto en un instrumento político internacional como nacional”, dice Ed Morse, director global de investigación de materias primas de Citi.

Como presidente de Saudi Aramco —la mayor compañía petrolera del mundo por producción—, Falih defendió la decisión del reino de no recortar la producción. Al hacerlo, a menudo demostró ser más expresivo que Ali al-Naimi, su predecesor como ministro del Petróleo, donde se tenía que conocer de las políticas a través de sus declaraciones místicas o de mensajes de personas a las que normalmente se refería como fuentes de “altos delegados del golfo y la OPEP” en los informes de prensa.

Su enfoque en Saudi Aramco es un guiño de un posible cambio en la forma en que el reino se comunicará con el mercado petrolero, y esta semana en Viena se dará la primera prueba. También tendrá que navegar por un periodo de 15 caóticos minutos de preguntas cuando se les permita a los miembros de la prensa internacional entrar al salón principal de la reunión de la OPEP antes de que los ministro empiecen a hablar.

“Falih parece que ya muestra una mayor transparencia y disposición para comunicar lo que hace”, dice Jaime Webster, consultor independiente de petróleo. “Ahora todos vamos a observar cómo actúa en Viena con otros delegados”.

En el Foro Económico Mundial de Davos, en enero, Falih dijo que Arabia Saudita “nunca defendió que tomaría el papel de equilibrar los mercados contra el desequilibrio estructural que surgía”.

“Si se necesita hacer ajustes a corto plazo y si otros productores se coordinan, entonces estaremos encantados de cooperar”, añadió. “Arabia Saudita no va a equilibrar por sí mismo el mercado”.

Algunos analistas de la industria cuestionan si la postura inflexible del reino al final podría llevarlo a aumentar la producción. El príncipe Mohammed amenazó veladamente el mes pasado que la producción puede incrementarse fácilmente a 11 millones de barriles al día. Cualquier aumento sostenido requerirá de más perforación e inversión, dicen los analistas.

“Naimi pasó muchos años trabajando en colaboración con la OPEP”, dice Gary Ross, presidente ejecutivo de la consultora de Nueva York PIRA Energy. “La nueva política es que Arabia Saudita es primero. Vamos a ver más de esto”.

La forma como interactúe su sucesor con los otros miembros del cártel, en especial con Irán, su fiero rival regional, que aumenta su nivel de producción y de exportaciones después de años de sanciones, también será muy observada en Viena.

La incapacidad de la OPEP para llegar a un acuerdo de política de producción a pesar de que la caída del precio del petróleo a su nivel más bajo en más de una década provocó las críticas de otras naciones productoras, incluidas la de los miembros de la OPEP, Venezuela y Nigeria, que enfrentan crisis económicas y políticas.

Sin embargo, Falih habló en apoyo del grupo, y dijo en Davos que la  OPEP “todavía es útil” como una “agencia de coordinación”.

“El papel tradicional de la OPEP de equilibrar el mercado y cuidar los intereses de sus miembros y los de la comunidad mundial es muy importante”, insistió Falih. “No diría que está muerto”.

En la última reunión en diciembre la OPEP descartó su objetivo de producir 30 millones de barriles. En abril, un intento por llegar a un acuerdo de congelar la extracción con los países que no pertenecen al cártel se vino abajo después de que el príncipe Mohammed dictaminó que Arabia Saudita no participaría mientras Irán insistiera en mantener el incremento de su producción a los niveles previos a las sanciones.

Ahora la producción de Tehrán aumentó a cerca de esa marca, pero la posibilidad de llegar a algún acuerdo en Viena se mantiene débil. Incluso sin un convenio, la reciente alza de los precios del petróleo puede hacer que la reunión sea más tersa que las recientes reuniones, que terminaron con amargura.