Pactos comerciales, las nuevas fronteras de América Latina

La Alianza del Pacífico, “el acuerdo del siglo 21”, fue modelada conforme a los lineamientos de la UE; el Mercosur sigue un esquema más tradicional.
El bloque que conforman Perú, Chile, Colombia y México lidera en exportaciones.
El bloque que conforman Perú, Chile, Colombia y México lidera en exportaciones. (Héctor Téllez)

Cinco siglos después de que el papa Alejandro VI dictaminó cómo España y Portugal deberían dividir el Nuevo Mundo, surge otra división entre los países comerciales que enfrentan a las costas del Pacífico y del Atlántico de América Latina.

Al igual que el Tratado de Tordesillas de 1494 determinó siglos de historia colonial, la línea divisoria de los acuerdos comerciales de hoy representan a dos grupos de naciones cultural y políticamente diversas, que pueden determinar la forma de América Latina en el próximo siglo.

Si bien la recién llegada Alianza del Pacífico —integrada por Perú, Chile, Colombia y México— se presenta como “el pacto comercial del siglo 21”, que se modelo conforme a los lineamientos de la Unión Europea y se comprometió a la libre circulación de personas, bienes y servicios, el más antiguo y grande Mercosur sigue un modelo más tradicional de comercio que negocian los Estados.

El Mercosur, cuyos miembros son Argentina, Brasil, Paraguay, Uruguay y Venezuela, trastabilló desde su creación en 1991, en parte gracias a la rivalidad tradicional entre los miembros fundadores, Brasil y Argentina.

“La dinámica entre los líderes de los países del Mercosur importa. Es un bloque político”, dijo una fuente diplomática con conocimiento de primera mano. Por el contrario, este observador agregó: “La Alianza del Pacífico se inventó con un propósito distinto y se comercializa como algo muy diferente al Mercosur”.

También hay diferencias importantes entre las tasas de crecimiento de los dos grupos. Mientras que los países miembros de la Alianza del Pacífico disfrutaron en 2014 de un crecimiento del producto interno bruto de 2.4 por ciento, sus contrapartes del Mercosur sufrieron para alcanzar un crecimiento apenas de 0.3 por ciento, lo que arrastró el promedio regional a 1.3 por ciento.

En este momento la Alianza del Pacífico supera a su rival más antiguo en términos comerciales. Las exportaciones de ésta sumaron 570 mil millones de dólares (mdd), en comparación con las del Mercosur, de 321 mil mdd. Esto representa más de la mitad del total de exportaciones de la región, de 1.07 billones de dólares.

El presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, en un viaje reciente a Londres, llamó a la alianza “el proceso de integración más exitoso en toda la historia de América Latina”.

Si bien los dos grupos pueden circulan entre sí con cautela, todavía no existe una rivalidad abierta. Michelle Bachelet, la presidenta chilena, utilizó recientemente la Conferencia en la Canning House de 2016, con los diplomáticos y políticos en Londres, para posicionar a Chile como un “puente para la integración este-oeste”.

Agregó: “Las personas ven a la Alianza del Pacífico como un grupo de élite que hace a un lado a las demás naciones, pero no le daremos la espalda a los países del Atlántico”.

Bachelet dijo a la audiencia de Reino Unido que los dos grupos siguen un camino de “convergencia con la diversidad” mientras avanzan las negociaciones entre ellos. Dijo que la Alianza del Pacífico identificó áreas de interés común y propuso una alineación.

“Hay algunas cosas en las que estamos de acuerdo, otras donde estamos de acuerdo en que no estamos de acuerdo, y algunas en las que simplemente no estamos de acuerdo”, dijo.

El Mercosur, sin duda, no hace que las cosas sean fáciles para el tratado. Al órgano le persiguen amargas disputas políticas entre los países políticamente moderados y el grupo de socialistas bolivarianos. Primero llegó la expulsión como miembro asociado de Paraguay después del proceso de juicio político de 2012 de su presidente Fernando Lugo. A esto le siguió la inquietud por la decisión del presidente Nicolás Maduro en 2015 de encarcelar a Antonio Ledezma, el alcalde opositor de Caracas.

Finalmente, la reciente negativa de los miembros del Mercosur para oponerse al proceso de juicio político a la presidenta brasileña Dilma Rousseff puso de manifiesto las divisiones en el grupo. José Serra, el nuevo ministro de Relaciones Exteriores de Brasil, dejó en claro que no es un admirador del Mercosur y posiblemente proponga cambios pronto.

Últimamente el presidente de Argentina, Mauricio Macri, también expresó su creciente impaciencia con el Mercosur, ya que busca reinsertar a su país en la comunidad económica internacional.

Seguro, las actividades principales como administrar las cuotas comerciales de cereales, vehículos, bienes blancos o materias primas entre Brasil y Argentina parecen anacrónicas en comparación con el objetivo general de Macri. (Los cereales representan 20.1 por ciento de las exportaciones del Mercosur, mientras que los vehículos representan 6.2 por ciento.)

Susan Malcorra, ministra de relaciones exteriores de Argentina, dijo a FT este mes que el Mercosur “tiene bajos resultados”. Merece otra oportunidad, dijo, pero “si no funciona, nos vamos a reagrupar y a pensarlo de nuevo”.

Desde la perspectiva de inversión extranjera directa, los socios internacionales tienen una visión clara del futuro. Si bien la inversión extranjera directa del Mercosur como porcentaje del producto interno bruto se mantuvo básicamente sin cambios en 2.6 por ciento desde 2011, la inversión en la Alianza del Pacífico aumentó de 1.4 por ciento del PIB en 2011 a 2.2 por ciento en 2014.

Además, la capitalización de mercado de 1.25 billones de dólares de las empresas que cotizan en el Mila —la bolsa de valores integrada de los miembros de la alianza— ahora supera la capitalización del Bovespa de Brasil, de 1.22 billones de dólares, alguna vez el mercado bursátil más grande de la región.

Fiel a su nombre, la Alianza del Pacífico no representa un “pivote hacia Asia” regional. Sin embargo, en términos de bienes con valor agregado, los resultados hasta el momento son modestos, los minerales representaron 34.7 por ciento de las exportaciones, el cobre 20.4 por ciento y el petróleo 9.7 por ciento. La promesa de un comercio de propiedad intelectual con mayor valor todavía no se hace realidad.